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Salud en el trabajo, una pequeña gran victoria de la lucha obrera en Colombia

Su nombre es Edna Guzmán, una mujer a quien su carácter fuerte y dedicado la consolidó como la actual presidenta de la Fundación Manos Muertas en Cartagena, que agrupa especialmente a mujeres trabajadoras del sector camaronero y del atún.


Como muchas mujeres en el país, Edna comenzó a trabajar desde muy joven. En 1991 ingresó a la empresa Syntech International, a través de la empresa terciaria A Tiempo Servicios S.A.S. en Cartagena de Indias, donde se desempeñaba como operaria de producción trabajando con el atún como materia prima. En su momento, la multinacional requería que todo el proceso se hiciera de forma manual.


“Era un trabajo rápido y angustiante, en el que se tenía que entregar una producción por hora y había que cumplir a cabalidad; y aunque el salario no dependía de la producción, sí del puesto de trabajo, por lo que teníamos que estar al día en los encargos”, describe Edna.

A principios de 2000 muchas de las trabajadoras ya tenían más de 10 años de laborar allí, y debido al trabajo repetitivo se generaron algunas enfermedades físicas osteomusculares y mentales como estrés y depresión. “Empezamos a tener artrosis en las manos y problemas de columna, entre otras dolencias, pero veíamos que la empresa no decía nada, por el contrario, con el pasar de los años la carga se hacía más grande. En 2002 y 2003 nuestros horarios de salida llegaron hasta las 2 o 3 de la mañana”, cuenta.


Con impotencia en su voz, Edna relata las difíciles condiciones que en aquel entonces les impedían tanto a ella como a sus compañeras alejarse de ese entorno tóxico de trabajo, pues muchas eran madres cabeza de hogar que requerían suplir las necesidades básicas de su familia.


La historia de esta lideresa y sus compañeras es uno de los tres casos de estudio recogidos en la investigación del doctor en Salud Pública Mauricio Torres Tovar, director del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en la cual articula la acción colectiva de extrabajadores enfermos por causas laborales, con el derecho a la salud en el trabajo.


Su estudio también incluye la historia de personas que trabajaron en General Motors Colmotores en Bogotá, y otro grupo en Manizales, pensionados de la empresa de construcción Colombi, la cual usó por muchos años el asbesto como materia prima, un material altamente peligroso por su capacidad de generar enfermedades respiratorias y cáncer porque está compuesto por un grupo de minerales que se da naturalmente en forma de conjunto de fibras.


Además revisó documentos producidos por las asociaciones de trabajadores, sus archivos, los boletines, las declaraciones que hicieron y las asesorías brindadas. También buscó documentación de cada empresa para conocer su origen y el tipo de actividad productiva que desarrolla.


El investigador Torres realizó entrevistas individuales que involucraron a las asociaciones y otros entes, como los miembros de las juntas de calificación regional y nacional, directores territoriales del Ministerio de Trabajo, personal de empresas prestadoras de servicio de salud (EPS) y de fondos de pensiones, y a representantes de las empresas.
 

Múltiples afectaciones a la salud física y mental

 

En ese momento en la empresa Syntech Internacional trabajaban más de 360 mujeres que figuraban como enfermas ante las aseguradoras de riesgos laborales (ARL). Sin embargo, la respuesta de la multinacional fue ofrecerles dinero a cambio de que salieran de la empresa, argumentando que en esa condición “no les servían”. Ante la imposibilidad de trabajar en otras ocupaciones, y motivadas por la necesidad en sus hogares, muchas de ellas aceptaron el trato.
 

“Nuestras enfermedades son adictas al movimiento, es decir que cuando algunas compañeras nos quedamos en casa, estas enfermedades se agudizaban”.


En Bogotá, los extrabajadores de Colmotores notaron que, a raíz de un proceso de reorganización y reconfiguración de la técnica de la empresa para acelerar el ritmo de producción, comenzaron a aparecer patologías de tipo osteomuscular.


“Ellos pasaron de producir 90 automóviles a una producción de casi el doble con el mismo personal y en el mismo periodo, algo que incrementó no solo el ritmo de trabajo sino también las horas laborales, y con esa idea de poder ganar más, los trabajadores aceptaron esa dinámica”, señala el profesor Torres.


Generalmente presentaban problemas de miembro superior, daños del hombro con patologías de daño del mango rotador o a nivel del codo y de la muñeca, con síndrome de túnel del carpo, problemas y lesiones cervicales y lumbares.


En Manizales, los trabajadores de la constructora tuvieron problemas de salud por la inhalación de material particulado, especialmente asbesto, que los llevó a sufrir de asbestosis, una patología que se produce al inhalar la fibra de asbesto, la cual va hacia las partes más reducidas del pulmón y termina produciendo una inflamación crónica que acartona el tejido pulmonar llevando a la persona a tener problemas de intercambio de oxígeno.


El otro problema era el desencadenamiento de un cáncer llamado mesotelioma de pleura que es muy agresivo y tiene muy baja probabilidad de sobrevida. “Ellos también tuvieron problemas osteomusculares a causa del sobreesfuerzo al momento de levantar cargas muy pesadas, pero fueron las patologías pulmonares las de mayor complicación”.
 

Empresas esquivas de responsabilidad

 

Edna recuerda que ni siquiera en estado de embarazo se libraban de las largas jornadas, que las obligaban a estar de pie hasta altas horas de la noche: “muchas de nuestras compañeras nos orinábamos dentro de la planta por el mismo peso del embarazo, juntas llorábamos y terminábamos arrodilladas debajo de las mesas para poder hacer llevadera la carga”.

Aunque los miembros de General Motors en Bogotá tenían servicio médico y de fisioterapia dentro de la empresa, este se limitaba al manejo paliativo del dolor, sin hacer estudios a fondo sobre lo que ocurría. En Manizales la situación era igual, pues pese a tener un puesto de salud adscrito a su seguro social, ignoraban incluso las primeras manifestaciones de asbestosis.


Una lucha que continúa

 

Edna relata que con la creación de la fundación nacieron sindicatos y las personas se fueron llenando cada vez de más valor. “Las mujeres dejaron ese temor por hablar, la empresa empezó a meterse en el tema de la seguridad en el trabajo, y se vio obligada a acatar las normas del Ministerio”.


Según el investigador, una de las cosas que más se resaltó en el estudio fue la capacidad y experiencia que obtuvieron los trabajadores y trabajadoras de estas empresas en el campo de la medicina del trabajo y la norma laboral, y que se convirtió en su mejor arma para poder ganar los casos de reconocimiento de sus patologías de origen laboral.
 

“Todas esas asociaciones se han fortalecido mucho porque han venido avanzando y logrando tener el reconocimiento a muchos trabajadores en el origen laboral de sus patologías”.

 

Según el docente, cuando una persona le reconocen su patología de origen laboral, por un lado, quedan protegidos sus derechos laborales, quiere decir que este trabajador no puede ser retirado de su trabajo, y por otro, ese reconocimiento implica que los derechos de salud y seguridad social están protegidos por la ARL. Por ejemplo, las indemnizaciones médicas son del 100 % del salario que devenga el trabajador y no como ocurre cuando es de origen común, que es del 75 %.


Esos triunfos les ha dado a las diferentes asociaciones y sindicatos reconocimientos ante otros trabajadores y trabajadoras que acuden a ellos buscando asesorías y respaldo, haciendo un trabajo importante en la defensa de sus derechos laborales y de salud en Colombia.

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