Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
Periódico UNAL

Resultados de Búsqueda:

Periódico UNAL
Salario mínimo en pandemia electoral

Esta idea es útil para analizar el incremento del salario mínimo en este 2021, que bien podría bautizarse como el año de la pandemia electoral.

Un año doblemente excepcional

Según la agenda de la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales (CPCPSL), en los próximos días se considerarán los informes de varias entidades públicas y las recomendaciones de analistas sobre la situación laboral en el país. Así, el 14 de diciembre se conocerán las propuestas salariales de sindicatos y empresarios, desatando la inevitable negociación. Sin embargo, nunca en su historia republicana Colombia había tenido que afrontar simultáneamente las consecuencias de una pandemia y los desvaríos de una campaña presidencial.

Cuatro candidaturas presidenciales, más o menos sintonizadas en la misma banda política, han hecho propuestas sobre el incremento del salario mínimo. Óscar Iván Zuluaga, candidato por el partido Centro Democrático, ha hablado de un “aumento generoso en el salario mínimo”, mientras que el candidato del partido Conservador, David Barguil, ha sugerido un aumento del salario por encima de la inflación causada. Es decir, propone que se siga cumpliendo la Sentencia C-815/99 de la Corte Constitucional (gráfico 1). Federico Gutiérrez, candidato por firmas, propone lo mismo pero en otros términos: un salario mínimo de 1 millón de pesos para 2022, lo que equivale a un incremento de casi el 6 %, menos de 1 % por encima de la inflación para este año. Por su parte, Juan Carlos Echeverry, quien también se lanza por firmas, enumera 10 razones para optar por un incremento del 11 % del salario mínimo para 2022.

Nota: la línea negra indica la diferencia entre la variación del salario mínimo y la inflación anual. La línea roja punteada muestra el hito que representó en la serie la Sentencia C-815/99 y las líneas rojas se muestran en cada año de elecciones presidenciales.

Hace un año debatimos su incremento en un contexto de pandemia. En esta oportunidad reflexionaremos sobre los efectos de la campaña presidencial en la fijación del salario mínimo.

Puedes escuchar: Salario mínimo, un rito anual que requiere de un cambio.

Quiero, puedo y me da miedo

Hay al menos tres razones de economía política por las que el incremento de los salarios puede verse afectado por la campaña presidencial. La primera es porque el Gobierno quiere, o más bien le conviene, incidir en los salarios. Aumentarlos por encima del incremento promedio en el último decenio, +2pp, puede mejorar la favorabilidad en la recta final de una administración, al mismo tiempo que puede inclinar la balanza electoral a favor de las candidaturas que prometen continuidad y en contra de los que anuncian cambios.

Esta opción es particularmente atractiva si se considera que el electorado tiene una memoria de corto plazo y vota en consecuencia. No obstante, si un Gobierno cree que los efectos sobre la favorabilidad son escasos, o si no le interesa favorecer una candidatura en particular, puede optar por incrementos muy cercanos a la inflación y a favor del bolsillo del sector privado, quien siempre financia las campañas.

La segunda razón es porque el Gobierno de turno puede hacerlo. No solo puede, sino que suele hacerlo: en 16 de 24 negociaciones el Gobierno nacional ha definido por decreto el incremento salarial. Sin embargo, hay que decir que si se enfrenta a un escenario fiscal muy deteriorado, como es el caso –las finanzas del Gobierno Nacional Central han tenido un persistente déficit estructural, que se ha acentuado por la pandemia–, o institucionalmente muy restrictivo –que no es la circunstancia actual pues la regla fiscal ha sido suspendida para mitigar los efectos de la pandemia–, el margen de decisión del Gobierno en materia salarial se reduce.

La tercera razón es porque al Gobierno también le da miedo. Durante el periodo de campaña, las candidaturas presidenciales, aún las más afines al gobierno de turno, tratarán de ilusionarnos diciendo que lo harán mejor. Es casi inevitable que las candidaturas no insistan en las promesas (incumplidas) y la ejecución (insuficiente) del gobierno saliente.

La campaña presidencial exacerba la inconformidad social, la cual ya es alta: la desaprobación del gobierno actual llegó en noviembre al 69,8 %, posicionando a Duque como el presidente con la desaprobación más alta desde Ernesto Samper. Esto afecta la gobernabilidad de algunas administraciones, que se quedan sin gasolina (o mermelada) para seguir. En un país en el que el desempleo es una preocupación central, parece sensato transar algo de gobernabilidad a costa de reconocer unos mayores salarios. Ahora bien, si la gobernabilidad se ancla más en acuerdos con las élites socioeconómicas que con la ciudadanía, el gobernante preferirá enfrentar la protesta social (así sea violentamente) que arriesgarse al desaire de las élites con las que gobierna y para las que gobierna. Ya nos lo decía John A. Lincoln “Un dilema es un político tratando de salvar sus dos caras a la vez”.

Nota: los promedios se calculan para el periodo 1994-2021. Fuente: elaboración propia con datos del Banco de la República.

El Banco de la República es consciente de este riesgo y busca reducir los efectos económicos de la incertidumbre electoral, redoblando los esfuerzos para que la inflación se ubique muy cerca, o incluso por debajo de la meta. La tabla 1 y el gráfico 2 muestran que la brecha de inflación suele ser negativa durante las elecciones presidenciales, lo cual podría sugerir que el oportunismo en la política monetaria que el profesor Álvaro Moreno identificó para el periodo 1930-1995 habría sido contrarrestado por la independencia del Banco de la República.

Nota: la línea negra indica la brecha de inflación. La línea roja punteada muestra el hito de la Sentencia C-815/99 y las líneas rojas se muestran en cada año de elecciones presidenciales.

Puedes leer: Falta de adaptabilidad, un factor representativo del desempleo.

¿Y entonces?

La matriz de argumentos y propuestas del debate público sobre el salario mínimo se sigue expandiendo. Hoy se habla de incrementos salariales distributivamente progresivos, salarios mínimos diferenciados territorialmente, participación de trabajadores informales en los espacios de concertación salarial, e incluso de una renta básica. A esta matriz conviene sumarle los incentivos de economía política que hemos mencionado.

Este año nos lo permite, pues la discusión salarial de 2021 pasará a la historia por el contexto excepcional en el que ocurre. Estamos seguros de que los tres elementos de economía política mencionados afectarán la decisión del salario mínimo, aunque todavía es muy difícil anticipar en qué sentido. Como reza el refrán: “el día de la quema se verá el humo”, y en sus cenizas encontraremos las pistas de los incentivos de economía política que efectivamente operaron en la decisión salarial.

 

Relacionados

170,3048,3977,3171,1057,9

Después de 396 años, el reinado de la monarquía británica sobre la isla caribeña terminó. El cambio político ayudará a reparar ese yugo colonial de...

La virtualidad o educación híbrida, el acceso y la gratuidad de la conectividad a internet y una reformulación del papel de los egresados ante los...

Los incendios forestales, la fragmentación de bosques y las alteraciones climáticas estarían poniendo en peligro de extinción a especies en el corto...

Con el confinamiento durante la pandemia los niveles de desigualdad del ingreso laboral aumentaron. En diciembre de 2019 el 50 % de las personas más...

La transformación digital es una apuesta por el cambio organizacional enfocado fundamentalmente en los procesos, las personas y los datos que hay...

Consejo Editorial