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Río Putumayo, un corredor cultural y ambiental vivo

Solo en mamíferos se registraron 80 especies, 39 de las cuales corresponden a grandes y medianos, y los demás a murciélagos. Así se corroboró el buen estado de la vida silvestre en la parte baja de esta cuenca del suroeste del país, compartida con Perú.
 

El paso preliminar para esta expedición binacional consistió en instalar cámaras trampa a lo largo del bajo Putumayo, adecuar campamentos para el trabajo de campo y senderos para los recorridos, entre otros aspectos. En la tarea se embarcaron biólogos, herpetólogos, ictiólogos, ornitólogos y representantes de las comunidades indígenas que habitan una de las zonas limítrofes mejor conservadas de la selva amazónica que comparten los dos países.

La cuenca del bajo Putumayo –desde Iquitos (Perú) hasta el norte del Parque Nacional Natural Amacayacu (Colombia)– es tal vez uno de los pocos territorios donde las comunidades que la habitan conviven con sus recursos naturales de una manera sostenible; prueba de ello es que la cobertura de bosques maduros es casi del 100 %.
 

Precisamente por iniciativa de sus pobladores –indígenas y colonos–, poco antes de iniciar la pandemia el Museo Field decidió hacer esta expedición que partió de Iquitos con 4 geólogos y 17 biólogos de 12 instituciones colombianas, peruanas y extranjeras a bordo, apoyados por más de 20 científicos locales. Todo un equipo interdisciplinar con la misión de estudiar tanto aguas y suelos como bosques y fauna (peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos grandes y medianos, y murciélagos).
 

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Este primer “inventario rápido”, como el Museo denominó la actividad, es el primer estudio en el bajo Putumayo-Yaguas-Cotuhé que recoge observaciones en geología, plantas y vertebrados terrestres y acuáticos en ambos lados de la frontera.
 

El grupo de trabajo se concentró en cuatro lugares también escogidos por la comunidad: Quebrada Federico, del lado peruano; Caño Pexiboy, en la Unidad de Ordenación Forestal de Tarapacá; el resguardo indígena de los ríos Cotuhé y Putumayo, y Quebrada Lorena, en jurisdicción de Colombia. Parte del equipo para acampar en zonas inhabitadas fueron carpas, hamacas y menaje para alimentación.
 

En ese amplio territorio, compartido por comunidades indígenas y colonos, las familias viven de la caza y la pesca, pero con prácticas estrictas que no atentan contra la rica biodiversidad de la zona, que abarca desde la extensa variedad de aves, peces, reptiles y anfibios hasta mamíferos medianos y pequeños –como primates y murciélagos– y  grandes como felinos.
 

Estos últimos fueron el foco de estudio de la bióloga Olga Montenegro, del ICN de la UNAL, y de la mastozoóloga peruana Farah Carrasco, quien forma parte del equipo del Museo Field. A ellas se sumaron, en la etapa de avanzada, los biólogos William Bonell y Cyntia Díaz, de Colombia y Perú respectivamente, encargados de instalar las cámaras trampa.

Ellas emprendieron su recorrido científico ataviadas de cámaras fotográficas, redes, la infaltable libreta de campo y otros elementos de trabajo como unas grabadoras de ultrasonido, con las cuales pudieron hacer el registro acústico de algunas especies de murciélagos que generalmente son difíciles de registrar con redes y cuyos sonidos son imperceptibles por el oído humano.
 

Día tras día, en largas jornadas que comenzaban cerca de las 6 de la mañana y que en ocasiones podían prolongarse hasta la media noche o la una de la madrugada –especialmente para el registro de murciélagos y reptiles– fueron levantando el inventario con interesantes hallazgos de especies que se encuentran en peligro de extinción –como el ocarro– o al borde de ser declaradas en ese estado, como el jaguar (Panthera onca).
 

Como ellas, al final de la visita a los sitios inicialmente definidos, cada equipo de trabajo hacía su presentación de los hallazgos, y sobre mapas de la región se revisaban los tipos de bosques y suelos para hacer comparaciones y avanzar en la tarea de registro.
 

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“Encontramos comunidades completas, desde grandes felinos, pasando por las presas de estos como venados, pecarís y dantas, hasta medianos como borugos y primates”, destaca la profesora Montenegro.
 

Se trata de animales utilizados por las comunidades y de otras especies consideradas en condición de amenaza como el huangana o puerco (Tayassu pecari), el choro o churuco (Lagothrix lagotricha), el primate más grande entre las especies registradas; el carachupa mama, ocarro o armadillo trueno (Priodontes maximus), la especie de mayor tamaño entre los armadillos; el lobo de río (Pteronura brasiliensis), la sachavaca o danta (Tapirus terrestris), el oso hormiguero o palmero (Myrmecophaga tridactyla), y la vaca marina (Trichechus inunguis), mamífero acuático que está bajo presión de cacería a lo largo del río Putumayo.
 

En cuanto a suelos, el inventario advierte que todos padecen de escasez de nutrientes, por lo cual, que si se remueve la cobertura boscosa, el proceso de recuperación sería muy lento y los procesos de erosión y pérdida del suelo se acelerarían, de ahí que todo el paisaje es altamente vulnerable a los impactos de la deforestación y a usos indebidos del terreno.
 

Colaboración binacional


Para la bióloga Montenegro, quien ya había participado con la misma organización en dos inventarios de fauna en zonas del Perú y uno en La Lindosa (Guaviare), también fue muy satisfactorio registrar 10 de las 11 especies de primates que se esperaba encontrar en esa zona amazónica, lo que da cuenta del buen estado de conservación en que se hallan estos bosques que siguen albergando una enorme y variada riqueza tanto de fauna como de flora.
 

“Vemos una gran oportunidad de trabajar en ese gran corredor con la colaboración binacional, para mantener el buen estado de vida silvestre existente y que esto se revierta en bienestar para las comunidades humanas”, mencionó y agregó que este inventario es muy útil para las dinámicas de la región y “para mantener ese sueño de tener esa zona en buen estado ojalá a perpetuidad, o al menos en el largo plazo”.
 

Es tal vez la misma inquietud de todo el equipo interdisciplinar que se adentró durante un mes por este corredor biológico, para entregarle a la ciencia, a los investigadores y a la comunidad de la zona un inventario general de la geología, los suelos, la fauna y la flora, con el fin de mostrar la riqueza que habita en esta zona, las amenazas que se ciernen sobre ella frente a actividades extractivas no sostenibles y de comercio ilegal de madera, y algunas recomendaciones para mantener la conectividad de los ecosistemas y de la comunidad, además de preservar un paisaje megadiverso en el corazón de la Amazonia.
 

Otras especies en buen estado


En el caso de los peces, en las colectas realizadas se registraron 150 de las 600 especies de peces estimadas para el área de muestreo, en las que sobresalen especies ornamentales como la arawana, y de consumo como el pirarucú, bagres, palometas y lisas, entre otros.

Al respecto, la recomendación para mantener una ictiofauna saludable a largo plazo es armonizar las regulaciones de pesca peruanas y colombianas –por ejemplo las vedas– además de adelantar una estrategia binacional para evitar la sobreexplotación de la arawana y otras especies importantes para la población local.
 

En cuanto a herpetofauna, se registraron 133 especies (85 anfibios y 48 reptiles) de las 300 estimadas. En este grupo se colectó una lagartija del género Anolis y una rana del género Synapturanus, al parecer nuevas para la ciencia, y se reportaron por primera vez para Colombia las ranas Boana ventrimaculata, Osteocephalus subtilis, Pristimantis academicus y P. orcus, entre otros hallazgos.
 

Un reporte muy positivo también correspondió al de las aves con el registro de 346 especies de las 500 estimadas para toda la región.
 

“El buen estado de la avifauna observada en el Resguardo Indígena Ríos Cotuhé y Putumayo, donde sí es permitida la caza, podría servir como un modelo formal de gestión para el área sin designación que visitamos en el Perú”, anotan los investigadores, quienes además destacaron la avifauna saludable avistada en el sector norte del PNN Amacayacu. En su criterio, esto sugiere que la fauna de esa parte del parque “se ha recuperado en gran medida de una larga historia de tala y caza”.
 

Para los expedicionarios, el buen estado del área recorrida podría estar asociada con la baja población asentada allí, pues la densidad poblacional es de una persona por kilómetro cuadrado, en contraste con ciudades como Medellín, donde la relación es de más de 5.000 personas por kilómetro cuadrado, según la administración municipal.


Con las comunidades visitadas como Remannso y Huapapa, en Perú, y Puerto Ezequiel, Tarapacá, Pexiboy - Concesión Asopromata, Puerto Huila y Maloca Cabildo Centro Tarapacá Cinceta, del lado colombiano, el equipo social de la expedición reconstruyó su historia, cultura, poblamiento, manejo de los recursos naturales y gobernanza.
 

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A los ojos del mundo


Tanto el inventario de mamíferos como el de peces, anfibios, reptiles y vegetación serán recopilados en un libro que se publicará en inglés y español, en el que cada capítulo se dedicará a cada uno de los grupos registrados para el inventario y al trabajo realizado desde el enfoque social.
 

Además, el equipo está elaborando guías rápidas de identificación de los mamíferos y demás fauna hallada, desde el punto de vista taxonómico y del aprovechamiento por parte de las comunidades.
 

Cuando las publicaciones estén listas, el Museo irá a la zona para entregarlas a las comunidades, a las instituciones que participaron en la expedición, y por último subirá la información a su sitio web, de manera que la información será de libre consulta.

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