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Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación: una apuesta para reevaluar

La Corte Constitucional declaró como inexequible la Ley 1951 de 2019 –mediante la cual se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación–, ya que se cometieron errores por no fijar la estructura global del Ministerio; esta medida afecta tanto la educación como la movilidad social y la investigación del país.
 

La investigación también configura oportunidades de movilidad social, no solo en el plano individual sino también de las comunidades y organizaciones de la sociedad civil. Tanto la generación de conocimiento como su gestión hacia la sociedad se constituyen en elementos que podríamos asociar con el bienestar individual y colectivo, de modo que este es un factor que incide en la calidad de vida de las personas.
 

En ese proceso de movilizar conocimiento hacia la sociedad para generar bienestar está latente la tercera misión de la educación, la extensión, entendida como la proyección social de la gestión del conocimiento.
 

La extensión se soporta en procesos de innovación social que siguen modelos pedagógicos, como por ejemplo como el propuesto por el profesor Orlando Fals Borda –que denominó Investigación Acción Participación (IAP)–, pero también en procesos de innovación en tecnologías (duras y blandas).
 

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Otro de los medios para movilizar el conocimiento es el emprendimiento, otra forma de generar beneficios sociales, incluido el de ofrecer nuevos productos o servicios surgidos del conocimiento. En el caso de las instituciones de educación superior (IES), esas iniciativas de emprendimiento se configuran a partir de la gestión de conocimiento de base tecnológica, humanística, cultural o artística.
 

La investigación y la extensión, integradas con la formación (funciones misionales de las IES), configuran diversos escenarios para la movilización de conocimiento dirigido a proveer bienestar y calidad de vida. Y es en estos escenarios en los que las comunidades académicas se proyectan a la sociedad, en los que surgen y se evidencian los beneficios hacia ella, gracias a las investigaciones que realizan las universidades.
 

A partir de las funciones misionales de las IES cabe preguntarnos sobre la necesidad de elevar la gestión del conocimiento al más alto nivel de la sociedad y del Estado, y organizar esos entornos o ecosistemas que propician condiciones para la gestión del conocimiento, incluida la generación de este.
 

En otras palabras, que esos ecosistemas de ciencia, tecnología e innovación configuren las mejores condiciones para que la gestión del conocimiento se proyecte en beneficios para las personas, las comunidades y la sociedad en general.
 

Integrar la investigación con la formación y la extensión es un ejercicio de la academia que evidentemente genera muchos beneficios para la sociedad.


Un ejemplo de ello es el trabajo que comunidades académicas de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) realizan sobre el cultivo y la cadena de valor de la papa en Colombia; para eso estructuran agendas de conocimiento en todos los campos relacionados con este importante cultivo para los colombianos, con su gran valor tanto en la seguridad como en la soberanía alimentaria y nutricional de nuestra sociedad.

Incluso otros resultados se pueden focalizar en variedades con mejores cualidades nutricionales.


Si los resultados de la investigación se llevan a la sociedad, ¿cuánto se beneficiará nuestra sociedad, además de otros países? Las variedades generadas por las comunidades académicas, cuyo atributo es la resistencia a enfermedades causadas por hongos, ¿en cuánto beneficiarán a los agricultores por mejoras tanto en índices de producción como en la calidad del producto agrícola? Y así mismo, ¿cómo incidirán en la salud de los campesinos, quienes podrán prescindir o reducir el uso de fungicidas o pesticidas en los cultivos? Y el consumidor, ¿cuánto se beneficia con un producto de mejor calidad y que reduce la demanda de insumos químicos y por lo tanto mitiga riesgos de enfermedades para él?
 

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Con este ejemplo podemos vislumbrar el largo camino que queda por delante para estos grupos académicos y sus agendas de conocimiento.
 

Como estas comunidades académicas podemos identificar muchos otros casos en los que otras comunidades gestionan conocimiento y se proyectan a la sociedad.
 

Por ejemplo, el rol en general de las IES en la construcción de paz, el cual, en el caso de la UNAL, también presenta diversas aristas desde la perspectiva de la gestión de conocimiento, todas ellas necesariamente interdisciplinarias y complementarias, como el acompañamiento y apoyo a las gestiones del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, siempre a partir de la gestión del conocimiento.
 

Muchos ejemplos como los que hemos resumido aquí y que se presentan en muchas IES en nuestro país, se dan porque existe un ecosistema de ciencia tecnología e innovación, y esos escenarios cuentan con un ente rector, en este caso el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación (MinCiencias).
 

Ante una noticia del alcance de la inexequibilidad, las comunidades académicas mostraron su preocupación y surgieron preguntas sobre la puesta en vilo de la existencia del MinCiencias, que aunque se creó sin los suficientes recursos que demandan la ciencia, la tecnología y la innovación en nuestro país, sí se constituye como el órgano rector para el sector.
 

Por eso surgieron reflexiones como las que planteamos en esta nota. Aunque nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación está mermado por la falta de recursos, la situación podría ser aún más alarmante para las comunidades académicas y para el sector productivo al no contar con el ente rector.
 

Un reto para los actores del sistema y para el Gobierno nacional será que ese sistema se fortalezca a instancias de los necesarios ajustes que la Ley 1951 requiere para que sea constitucionalmente apta. Harán falta al menos dos legislaturas para adecuar la Ley, contadas a partir del 20 de julio de 2021, por lo que se abren espacios para el debate constructivo hacia el fortalecimiento del sistema y de su órgano rector.

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