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Marginalidad y crisis en el desarrollo rural de La Macarena

Incluso lo más preocupante es la bonanza de una economía ilícita, que evoca un llamado de acción pública contra la criminalidad organizada, o directamente contra el narcotráfico.
 

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Esta marginalidad y los fallidos proyectos de desarrollo rural común a los contextos locales donde se cultiva coca apenas son reconocidos en políticas y programas estatales, en los que el municipio de La Macarena (Meta) se vuelve un ejemplo paradigmático de esta situación.

Según la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), que investiga y promueve los derechos humanos en las Américas, la coca se ha fortalecido como el cultivo más extendido en el territorio colombiano; los campesinos que la siembran son el primer eslabón en la cadena productiva de la cocaína como economía ilícita, el mismo que se ha adaptado forzadamente a las condiciones geográficas, económicas y sociales de su territorio.
 

Los cinco departamentos más densamente cultivados –Nariño, Cauca, Putumayo Norte de Santander y Antioquia– tienen una cobertura de salud por debajo del 25 % mientras la educación media no alcanza el 50 % (figura 1), dos indicadores básicos de desarrollo humano que evidencian su déficit.

¿Cómo entender la crisis del desarrollo rural?


En La Macarena la desarticulación a los mercados regionales, los altos costos de vida y la estigmatización a campesinos como aliados de la guerrilla han configurado un desarrollo rural fallido, en el que la colonización ha sido la tendencia (Molano, 1989) [1]. En efecto, a finales del siglo XX en este municipio eran cultivos promisorios el plátano, la yuca y el maíz, este último con más de 5.000 toneladas cosechadas, cuando el Estado, a través del desaparecido Instituto de Mercadeo Agropecuario (Idema), garantizó un mercado estable para los campesinos. Hoy el cultivo de estos tres alimentos es especialmente para consumo propio, y de han dado varios procesos para que el sector rural de La Macarena y otras regiones marginales del país estén en crisis.


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Primero, los márgenes del territorio nacional –en esencia rurales– han recibido de forma diferencial la implementación de diversas políticas para el campo. Con el modelo de agricultura industrial, la transferencia tecnológica creció de manera asimétrica: algunos agricultores asimilaron todo el modelo, mientras otros, en especial los campesinos, apenas introdujeron algún tipo de mecanización [2].


Segundo, desechado el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (definido como el modelo Cepalino), en los años setenta se introdujo el modelo neoliberal fundamentado en el libre mercado, que profundizaría el deterioro del campo con la reducción de aranceles para la importación de productos agrícolas, todo lo cual sucedió en seis intentos fallidos de reglamentación agraria para el país en el siglo XX [3].
 


[1]http://scholar.google.com/scholar?hl=en&btnG=Search&q=intitle:Aproximación+al+proceso+de+colonización+de+la+región+del+ariari-güejar-+guayabero#0

[2] León, T. (2007). Medio ambiente, tecnología y modelos de agricultura en Colombia (p. 248). Bogotá: Ecoe Ediciones.

[3] Pérez, E. y Farah, M. (2002). Los modelos de desarrollo y el desarrollo rural en América Latina. II Congreso Mundial: El desarrollo rural en el actual marco de la globalización. 1–19.

Por su puesto estos vacíos en desarrollo rural en áreas marginales del territorio nacional explican en cierta medida la persistencia de cultivos ilícitos como escape a la depresión económica y social. La importancia físico-biótica de La Macarena y de otras áreas del país en las que persisten los cultivos de coca avizora una redefinición del desarrollo rural después de la firma en 2016 del Acuerdo de Paz entre las FARC y el Estado colombiano.
 

La preocupación ambiental con epicentro en el mundo urbano ha marcado una pauta en la transformación territorial del campo, donde existe una urgencia por proteger los “servicios ecosistémicos” que soportan el actual sistema económico, cuyos planes para enfrentar su degradación ambiental se centran, en parte, en los campesinos e indígenas.
 

La deforestación y la coca


En la confluencia Guayabero - Bajo Losada (CGBL) de este municipio, donde comparten frontera los Parques Nacionales Naturales Tinigua y Sierra de La Macarena, se ha evidenciado que durante el periodo 1985-2018 la reducción de la selva húmeda tropical ha sido a expensas del incremento de pastizales para ganadería.
 

Este tipo de perturbaciones (pastos) en esta área registra una magnitud de 8 hectáreas en promedio para 2018 (figura 2), que contrasta con el área de los lotes de coca, que en promedio son de 1 hectárea en Meta y Guaviare (UNODC-SIMCI, 2019). Así, es preciso mencionar que los vínculos entre el acelerado proceso de deforestación en esta región y toda la Amazonia dista de tener como causa principal el cultivo de coca.

Investigaciones exhaustivas sobre la deforestación en Sudamérica plantean que la infraestructura vial es el principal motor de la deforestación en la Amazonia occidental, seguido de la ganadería y el desplazamiento de comunidades asociado con el conflicto armado [4]. La marginalidad –entendida como una crisis del desarrollo rural en las condiciones socioeconómicas y de aislamiento geográfico– se convierte en una problemática de igual magnitud que la lucha contra las drogas, localizada en áreas de importancia ecológica y cultural del país como sus áreas protegidas.
 

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Erradicación y sustitución de cultivos


En Colombia se han implementado varios mecanismos en contra de la droga, como el énfasis del Estado por acabar la oferta y producción de hoja de coca, interpretación poco profunda frente a un contexto global en el que la demanda de cocaína es constante y se paga a cualquier precio.
 

En el país se pueden identificar dos formas de acción concretas: erradicación por vía manual o fumigación aérea (método no selectivo), y desarrollo alternativo (figura 3). El Plan Colombia durante el gobierno de Andrés Pastrana, y Colombia Verde en el de Álvaro Uribe, concentraron los esfuerzos en la fumigación con glifosato y la erradicación forzada, cuya implementación en el territorio se convirtió en un pulso militar entre la guerrilla y el Gobierno.
 

En el marco del posacuerdo de paz se planteó que el problema de las drogas (punto 4 del Acuerdo) debía ser resuelto mediante el Plan Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS). Sin embargo, con el Gobierno de Iván Duque los homicidios de líderes sociales en los municipios donde se implementa este Plan se triplicaron en 2018 con respecto a municipios sin PNIS (FIP, 2018).
 


[4] Dávalos, L. M., Sanchez, K. M. y Armenteras, D. (November, 2016). Deforestation and Coca Cultivation Rooted in Twentieth-Century Development Projects. BioScience, 66(11), 974-982. https://doi.org/10.1093/biosci/biw118

La región de La Macarena se dispone como escenario de varios procesos territoriales que evidencian lo rural en su condición marginal. Esto quiere decir que si bien el aislamiento geográfico, la precariedad en sus condiciones socioeconómicas y el auge de la ilegalidad aparecen de primera mano, en ella recaen diversos dispositivos físicos y discursivos que camuflan su condición. Convertir los cultivos ilícitos y la presencia guerrillera en su única definición, casi mediática, termina haciendo invisibles sus procesos y realidades.
 

Para escuchar:
El programa UN Análisis de UN Radio (98.5 FM) realizó un especial sobre los incendios forestales que se presentaron en la serranía de la Macarena y el Parque Nacional Natural Tinigua.
 

Referencias


Dávalos, L. M., Sanchez, K. M. y Armenteras, D. (Novembrer, 2016). Deforestation and Coca Cultivation Rooted in Twentieth-Century Development Projects. BioScience, 66(11), 974-982. doi.org/10.1093/biosci/biw118

FIP. (2018). ¿En qué va la sustitución de cultivos ilícitos? Desafíos, dilemas actuales y la urgencia de un consenso. Bogotá D. C.

León, T. (2008). Medio ambiente, tecnología y modelos de agricultura en Colombia (p.248). Bogotá: Eco Ediciones.

Molano, A. (1989). Aproximación al proceso de colonización de la región del Ariari-Güejar-Guayabero. La Macarena, reserva biológica de la humanidad (pp.281-304). Recuperado de scholar.google.com/scholar

Pérez, E. y Farah, M. (2002). Los modelos de desarrollo y el desarrollo rural en América Latina. II Congreso Mundial: El desarrollo rural en el actual marco de la globalización., 1-19.

Puentes Casas, E. (2003). Políticas ambientales de conservación y conflictos en áreas protegidas, 655.

UNODC. (2017). Monitoreo de territorios afectados por cultivos ilícitos 2017. Bogotá D.C.

UNODC-SIMCI. (2019). Monitoreo de territorios afectados por cultivos ilícitos 2018. Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

WOLA. (2009). La aspersión de cultivos de uso ilícito en Colombia. Una estrategia fallida. Bogotá D.C.

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