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Los megaproyectos de navegabilidad de los ríos y la naciente de industria de dragado en Colombia

A la fecha, toda incipiente iniciativa de mejoramiento fluvial termina desvanecida, como el plan de dragados de la década pasada, o las nuevas intenciones de inversión en el río Magdalena, precisamente por esta desconexión entre lo importante y lo posible en el país.
 

Si Colombia requiere mejorar su logística nacional e internacional debe desarrollar de forma prioritaria e inmediata la construcción de una flota de dragado propia, dotándola no solo de infraestructura física y tecnológica sino también institucional, e incluso de nuevos emprendimientos de capital mixto, si encontrara eco en los intereses de inversionistas de este sector a nivel mundial.
 

El país no puede pretender priorizar carreteras de concreto y cemento sobre las vías navegables, y mucho menos despreciar la importancia de recuperar los ríos como foco de desarrollo regional, por la ausencia de sensibilización en sus instituciones que no admiten la importancia de la velocidad y conveniencia que las vías fluviales ofrecen en todo el mundo y que son ejemplo de desarrollo sostenido en varias regiones del mundo. De hecho, hoy se ha pasado de megadragados que tomaban hasta 30 años en los proyectos del siglo pasado, a megaproyectos realizados en menos de 7 años.
 

En estos nuevos megaproyectos, los ríos son dotados de infraestructura propia para sostener su funcionamiento, y de esta manera la tasa de retorno de los proyectos aumenta pues elimina riesgos de bloqueos logísticos y tecnológicos; además, dan mejor respuesta a las comunidades ribereñas que son vulnerables a descuidos mayores si las relaciones de estos megaproyectos no se basan en fines compartidos a largo plazo.
 

Un punto común es el manejo de residuos, pues estas infraestructuras con vocación de permanencia pueden incluso ayudar a resolver problemas de tratamiento de residuos de las mismas comunidades durante su ejecución simultánea, entre otras cooperaciones locales.
 

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Si algo debe motivar estos megaproyectos de dragado propio son las economías de escala, pues obviamente se accedería a equipos de mayor capacidad y no equipamiento en desuso como los utilizados habitualmente para estos servicios en el país; no olvidemos que en julio pasado el equipo de dragado que ingresó a Barranquilla tuvo indisponibilidades una semana después de iniciar su servicio, y lo único exigible por el Gobierno fue el contrato, ya que las carencias tecnológicas y de equipos impiden sustituir el servicio con otro de mayores prestaciones en términos de calidad y modernidad tecnológica.

Con fuentes hídricas tan espectaculares como el río Magdalena, no es posible que Colombia priorice las formas contractuales sobre el desarrollo tecnológico de una capacidad de generar flotas de dragado propios.


Una exploración del Grupo de Trabajo de Megaproyectos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) estimó que por cada año de retraso en el dragado su costo se ha aumentado en 1,4 veces; si adicionamos el costo de oportunidad del uso de las vías fluviales respecto a las otras alternativas (carreteras y férrea), resulta que en el país se han mantenido artificialmente altos los costos de transporte de carga en más de un 28 %.


La respuesta contundente a este reto nacional es desarrollar la industria naviera especializada en dragados en el país, para lo cual se requiere migrar de enfoques netamente transaccionales de contratación de servicios de dragado internacionales con firmas “reconocidas” y “experimentadas” cuyas expectativas exceden las capacidades presupuestales y administrativas nacionales –que concluyeron en más de tres licitaciones fracasadas para el mismo servicio por más de 5 años desde que en 2015 se expidió el Plan de Dragados de Ríos Nacionales por parte del Gobierno nacional– hacia enfoques menos convencionales de desarrollo de una industria de dragados estratégica nacional.


Así como en el Túnel de la Línea solo después de soportar desplantes y burlas de muchas firmas privadas nacionales e internacionales el Gobierno nacional optó por emprender directamente el túnel piloto, en esta ocasión nuevamente es el Gobierno el llamado a emprender la regeneración de capacidades de dragados nacionales y fomentar –a través de generación de retos de desarrollo tecnológico– la formación del ecosistema empresarial necesario para superar de una vez por todas semejante carencia y signo de lastre nacional, como es la incapacidad de aprovechar sus recursos hídricos más preciados de forma sostenible.


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Además esta opción brinda garantías para las posibles afectaciones al medioambiente, muy previsibles en estos emprendimientos pues si el dragado es realizado por actores con intereses rentistas de corto plazo, no tendrá mucho sentido para ellos asumir compromisos de mediano y largo plazo con el país en temas como afectación por movimiento de contaminantes subacuáticos o calidad de obras complementarias que enfrenten adecuadamente el tratamiento de residuos recogidos en el subsuelo o, peor aún, garantizar que no serán nuevamente vertidos en otros tramos de las cuencas hídricas.
 

El Gobierno nacional cuenta con las capacidades para emprender de forma urgente este reto, si es necesario para su implementación puede realizar este esfuerzo de forma paralela con sus ya tradicionales y acostumbrados anuncios de inversionistas internacionales que después se diluyen y quedan sedimentados en el fondo de nuestros ríos, como ha sucedido con todos los planteamientos propuestos en la última década para el río Magdalena.

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