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Leyes para crear verdaderos Frankenstein

Esta historia que puede parecer lejana y hasta jocosa está a punto de ser repetida en el Congreso de la República de Colombia, debido a una ley que busca prohibir el ingreso, la producción, comercialización y exportación de semillas genéticamente modificadas.
 

Desde hace más de 25 años la humanidad ha tenido acceso a la denominada “ingeniería genética”, una de las tecnologías más revolucionarias para la especie humana desde el invento de la agricultura hace ya más de 7.000 años. Dicha técnica ha permitido modificar genéticamente alimentos como la soja y el maíz para hacerlos más resistentes o nutritivos, entre otras posibles características, acelerando procesos de selección natural que la misma naturaleza tardaría miles de años en realizar.
 

En la actualidad más de 100 diferentes tipos de cultivos transgénicos han sido aprobados y son consumidos a diario en todo el mundo; solo en los Estados Unidos, más del 80 % del maíz, el algodón y la soja cultivados provienen de las variedades denominadas transgénicas. En medio del cambio climático, la seguridad alimentaria de los países dependerá en buena medida de dominar este tipo de tecnologías. Darle la espalda a este presente es poner en riesgo el futuro mismo de nuestra sociedad.
 

Desde la llegada de la agricultura el ser humano ha seleccionado especies más resistentes y atractivas para el paladar, y los campesinos utilizan la “selección artificial” buscando mejores tipos de plantas productoras de alimentos. Sin embargo, desde su nacimiento, la ingeniería genética ha sufrido de forma inclemente el descrédito y la mala fama, llegando a compararla con una nueva forma de producir “Frankensteins” que acabarán con el mundo tal y como lo conocemos (vale la pena mencionar que a la fecha no hemos logrado crear algo remotamente parecido a Frankenstein).
 

Las semillas genéticamente modificadas han traído progreso a millones de campesinos en el mundo, muchos de ellos pequeños agricultores, y han ayudado a combatir problemas crónicos de nuestra sociedad como la malnutrición infantil.
 

Los estudios de los últimos 25 años han mostrado –más allá de cualquier duda razonable, y de forma reiterada– los enormes beneficios que el uso de las semillas genéticamente modificadas ha traído al mundo. En Colombia, la investigación local ha permitido crear un tipo especial de soja que ya ha recibido el permiso para ser utilizada en el país; sin embargo, la ley que cursa en el Congreso simplemente envía la señal equivocada a los investigadores, quienes trabajan con los más altos estándares éticos y científicos. Estamos repitiendo la historia del estado de Indiana, pero esta vez lo estamos haciendo en una época en la cual no podemos darnos el lujo de repetir la historia.
 

La Misión Internacional de Sabios 2019 propone la construcción de una sociedad basada en el conocimiento, para que Colombia contribuya no solo a su progreso, sino también el del mundo por medio de los retos “Colombia biodiversa”, “Colombia productiva y sostenible” y “Colombia equitativa”, en los cuales el reconocimiento de nuestra biodiversidad y el uso de ciencia y tecnologías de punta crean nuevas oportunidades para tener un país menos dependiente del petróleo y los minerales en general.
 

Esta hoja de ruta muestra el camino para que pasemos de sentirnos orgullosos de nuestra biodiversidad –la cual no conocemos– a hacer algo con ella para contribuir con el bienestar de la humanidad. De nada nos sirve esta maravillosa biodiversidad si no hacemos algo con ella, y es aún más lamentable si una ley es la responsable de impedir este progreso.
 

Colombia tiene un grupo de expertos y profesionales capaces de mostrarle al país, y al Congreso, los riesgos que se tienen al aprobar el acto legislativo que está en curso. La misma Misión de Sabios recomendó que el Congreso de la República tuviera un comité científico que apoyara a esta institución en estos casos. Es tiempo de conformar este comité, y de preguntarle a los expertos por encima de los entusiastas, ya que esta vez corremos el terrible destino de que el día que se dé el voto de aprobación a esta cuestionable propuesta, no tengamos la suerte de tener un experto que levante la voz en el Congreso, y terminemos aprobando una ley que será un verdadero Frankenstein que se opone al desarrollo de la misma humanidad.
 

Como decía el científico inglés Charles Darwin, “la ignorancia engendra confianza con más frecuencia que el conocimiento: son los que saben poco, no los que saben mucho, los que afirman tan positivamente que tal o cual problema nunca será resuelto por la ciencia”.

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