Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
Las ideologías y movilizaciones políticas del uribismo y petrismo: dos Colombias distintas

Parte del problema reside en el uso y abuso del concepto de “populismo”, tanto en los medios de comunicación como en la academia. Bajo pretensiones analíticas, el rótulo “populista” se utiliza para descartar todo proyecto, discurso, política o político que a uno no les gusta. El populismo se reduce a mentiras, demagogia, promesas que no se pueden cumplir, caudillismo y autoritarismo. No es ninguna coincidencia que la izquierda denuncie a Uribe como populista, mientras la derecha utiliza el mismo concepto para descalificar a Petro.
 

La reducción del populismo a demagogia es un problema por dos razones: primero porque es históricamente incorrecto, pues los proyectos populistas que posibilitaron la integración de grupos marginalizados, como el peronismo en Argentina o el gaitanismo en Colombia, no se pueden descartar simplemente como demagogias caudillistas y manipuladoras. Segundo, porque la demagogia y autoritarismo no son atributos exclusivos de la ideología populista. Es posible manipular y dominar a la gente utilizando cualquier ideología política. Es decir, en la historia existe una larga lista de demagogos y dictadores, conservadores, liberales, neoliberales y comunistas que no eran populistas (piensen en los dictadores Francisco Franco, Augusto Pinochet o Iósif Stalin).
 

Puedes leer: Ante la concentración de poder, la democracia está en peligro.
 

Nuestra primera tarea, por lo tanto, es ofrecer una definición del populismo que nos permita identificarlo en su especificidad y no confundirlo con sus consecuencias. El populismo articula dos conceptos centrales: la confrontación entre una élite corrupta y un pueblo honesto, y la idea de que la voluntad popular es la única fuente de legitimidad política, por encima de limitaciones constitucionales. Cualquier discurso político que carece de estos dos conceptos no se puede calificar como populista.


Visto de esa manera, no hay nada de populismo en el discurso uribista, lo cual no implica que sea un discurso libre de demagogia, manipulación o autoritarismo. Simplemente quiere decir que no articula ninguna oposición fundamental entre el pueblo y las élites. Es decir, la dimensión antielitista o antiestablecimiento, típico de los discursos populistas es casi inexistente dentro del discurso uribista.


Al mismo tiempo, el uribismo no identifica al pueblo como la única fuente de legitimidad política. Aunque al final de su segundo mandato, el expresidente Uribe empezó hablar del estado de opinión, nunca lo identificó con la voluntad popular, sino con un balance entre la opinión pública y el proceso legislativo. De hecho, cuando en 2010 la Corte Constitucional le cerró la vía a un referéndum que a todas luces iba a regalarle un tercer mandato presidencial, el político aceptó el fallo argumentando que la participación ciudadana no podría ir en contra de la ley y la Constitución.
 

Te puede interesar: ¿Nueva oleada de violencia o crisis de la implementación del Acuerdo de Paz?.
 

Por todas estas razones, identificar el uribismo como un proyecto populista o neopopulista es una caracterización errónea no solamente de su legitimación ideológica sino también de la movilización social que produce. Lejos de manejar un discurso antielitista o antiestablicimiento, el uribismo se fundamenta en un discurso conservador que valora y quiere proteger el statu quo colombiano. Su legitimidad deriva de conceptos como orden, seguridad, legalidad, emprendimiento e institucionalidad que implica defender y no reformar las estructuras tanto económicas como sociales y políticas vigentes en Colombia.


La popularidad de Uribe no resulta de su habla sencilla, su traje de campesino, su cercanía con el pueblo o su antielitismo, sino del hecho que se percibe como alguien que puede establecer orden y seguridad en un país tan fragmentado e inseguro. Es una legitimación neoconservadora, que combina valores conservativos y neoliberales, no populista.


Esto también se refleja en el apoyo electoral desproporcional que el uribismo recibe entre los estratos altos (aunque los bajos también voten por su partido). La seguridad y el orden son promesas tan atractivas para ambos estratos, sin embargo, proporcionalmente hablando, los ricos apoyan el uribismo mucho más que los pobres. Esto fue evidente en las últimas elecciones presidenciales de 2018; en Medellín donde el uribismo ganó en todos los estratos sociales su apoyo entre los estratos altos era significativamente más alto que en zonas populares.
 

En este aspecto el proyecto Uribista es muy distinto del proyecto Petrista donde se articula un populismo socialdemócrata que moviliza principalmente los estratos bajos. El petrismo se legitima como un movimiento político que representa la voluntad popular en contra de una élite corrupta. Por lo tanto, a diferencia del uribismo, se puede categorizar como un proyecto político populista. Esto podría explicar su apoyo más grande entre los estratos bajos que entre los altos.


La dimensión populista en el discurso Petrista se combina con conceptos centrales de la socialdemocracia que, mientras reconoce y acepta el mercado como fuente de desarrollo, resalta la importancia de la justicia social, la igualdad y el trabajo como valores sociales fundamentales. Es un discurso izquierdista que no ofrece una crítica del capitalismo per se, sino de su mala implementación en Colombia, por lo tanto, no pertenece a la izquierda extrema.

A diferencia del uribismo, el petrismo representa un ataque frontal en contra del status quo colombiano. Si para el uribismo Colombia es una “democracia profunda” y la “más antigua en América Latina”, en el discurso petrista en Colombia no hay democracia, sino una “dictadura mafiosa corrupta”. Son dos discursos mutuamente excluyentes que se niegan entre sí. El petrismo no reconoce ningún rasgo democrático del sistema político colombiano, mientras el uribismo es incapaz de aceptar cualquier cambio a las estructuras tan profundamente desiguales de la economía y la sociedad colombiana.
 

La polarización
 

En gran parte, estas dos Colombias distintas reflejan la polarización social del país. Al lado de la Colombia de estratos altos donde hay democracia, desarrollo económico, educación de alta calidad y ciudadanía existe otra, que habitan los estratos bajos, donde predomina la marginalización y la pobreza. La polarización política entre el uribismo y el petrismo no es simplemente un producto de líderes autoritarios o populistas sino el resultado de un país profundamente desigual.


Por lo tanto, es importante resistir la tentación de rechazar estos dos discursos como extremistas desde una perspectiva centrista. Este rechazo supone una falsa equivalencia entre las dos corrientes, aunque la primera es un discurso dominante que recibe el apoyo de medios de comunicación y grupos poderosos, mientras que la segunda es un discurso mucho más marginalizado y estigmatizado en la esfera pública colombiana.
 

Puedes escuchar: “El crimen de Javier Ordóñez no es un hecho desafortunado”.
 

La perspectiva centrista también supone erróneamente que la polarización política entre el uribismo y petrismo es la que produce la polarización social en Colombia, y no viceversa.


De hecho, lo sorprendente en el caso colombiano ha sido la falta de polarización política en un país con tan profunda polarización social. El conflicto armado y el clientelismo político explican en parte esta paradoja. La preocupación con los grupos armados, la marginalización política de la izquierda como subversión, combinado con la compra de votos y el clientelismo, generaron un proceso político que no reflejaba sino escondía la realidad social del país. Las dos Colombias distintas desaparecen, y siguen desapareciendo, bajo la amenaza de la violencia y del crimen organizado.


Una vez que el conflicto armado pierde centralidad en la contienda política, como pasó en las elecciones presidenciales de 2018, el proceso político empieza reflejar mejor las distintas realidades sociales del país. Es decir, la polarización política entre el uribismo y el petrismo es producto de la normalización del proceso político colombiano, no una aberración de lo mismo. Esto implica que en lugar de denunciar deberíamos protegerla y garantizar que siga desarrollándose de manera pacífica y transparente.

Relacionados

4011,1385,4012,823,1696,38,2602

En el país los procesos de memoria cumplen un rol fundamental en la sociedad, ya que la memoria no habita per se en los objetos sino en las personas,...

Although the Uribismo (followers of Álvaro Uribe) and the Petrismo (followers of Gustavo Petro) represent two politically opposed visions, for...

El 13 de mayo de 2008 se ordenó que 14 jefes paramilitares fueran trasladados desde diferentes cárceles hasta el Comando Aéreo de Transporte Militar ...

Dos estudiantes del semillero interdisciplinario de investigación Seguimiento a los Acuerdos de Paz en la Amazonia, del cual forma parte la...

Los candidatos Donald Trump y Joe Biden se enfrentarán en las urnas el primer fin de semana de noviembre, días en los cuales los estadounidenses...

Consejo Editorial