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La percepción de los colombianos en el exterior sobre la democracia en su país

Uno de los aspectos que he analizado es la percepción que los colombianos tienen de la democracia colombiana, y cómo ha evolucionado desde las primeras observaciones hasta el más reciente capítulo de la investigación que estoy adelantando con motivo de mi año sabático.
 

A finales de los años 80 –cuando me trasladé a vivir a Madrid para hacer mi doctorado y trabajar como abogado de Migraciones– los pocos colombianos que había en España tenían en general un nivel cultural que les permitía captar las sutilezas de la terrible coyuntura en la que se encontraba la democracia colombiana, en un contexto de amenaza simultánea por parte del narcotráfico y las guerrillas, fortalecidos ambos por el alto precio mundial de la cocaína.
 

Además de los estudiantes de posgrado, que se volvieron inmigrantes en algún momento por prolongar su estancia, estaban allí un número importante de exiliados políticos, sobre todo del perseguido partido político Unión Patriótica, e incluso periodistas de alto calibre como Daniel Samper Pizano y Antonio Caballero.
 

Recuerdo haber firmado una carta escrita por Catalina Botero, titulada “Colombianos de ultramar”, en la cual apoyamos a la Asamblea Nacional Constituyente, pues la mayoría de este grupo estábamos haciendo tesis doctorales sobre la crisis institucional colombiana justamente, o cosas parecidas.
 

Entre 1997 y 2007 hubo un desplazamiento masivo de migrantes económicos a España desde Latinoamérica, un buen número de ellos colombianos, fenómeno que analicé en varias publicaciones, pero sobre todo en mi libro: La diáspora latinoamericana a España, 1997-2007: Incógnitas y realidades, publicado por la Universidad del Rosario.
 

Para esta época ya era posible comunicarse con Colombia desde otros países y sobre todo desde España a través de locutorios o servicios telefónicos de cabina muy baratos. Esto hizo que estos emigrantes tuvieran una idea de lo que pasaba en el país a través de sus familiares, a diferencia de lo que sucedía en la década anterior en la que no había internet de manera amplia y las llamadas eran impagables.
 

Estas personas, que habían salido a partir de la crisis de 1999, tenían una visión menos optimista de la democracia colombiana que quienes les precedimos. Dicha crisis era alimentada por sus familiares, interesados además en pintar una situación difícil para recibir más remesas y desalentar el retorno que en muchos casos les hubiera supuesto no tener para el sustento cotidiano. Por supuesto, el fracaso del proceso de paz del presidente Andrés Pastrana y el comienzo del desencanto frente al sueño de la constituyente influyeron en esa percepción.
 

A partir de 2007 –cuando llegó la crisis económica mundial y muchos retornaron– comencé a hacer entrevistas sistemáticas a los que se habían quedado o incluso habían regresado de su retorno a Colombia, y encontré una nueva percepción de la democracia, muy bien sustentada en el acceso a medios de comunicación y a las primeras plataformas de internet.
 

La mayoría en España, y en menor porcentaje de otros países en los que estuve entrevistando, estos nuevos emigrantes, que ya tenían capacidad de retornar a su hogar en vacaciones y estar virtualmente en contacto con Colombia, eran bastante optimistas incluso frente a los que se habían quedado o habían retornado definitivamente. La mayoría de los que abordé eran abiertamente partidarios de los gobiernos del presidente Álvaro Uribe, especialmente los de Estados Unidos.
 

Diez años después y hasta hoy la situación se invirtió totalmente, pues el grueso de la migración a la que he tenido acceso en estos dos países –y en otros 25–, a pesar de ser muy variada, se ve inmersa en un pesimismo aún más profundo que el de los colombianos en casa, y con tendencia ideológica más de centro izquierda.
 

Por supuesto esto se debe a hechos concretos como la polarización que generó el proceso de paz, paradójicamente, y de manera más reciente la pandemia y los paros, pero sobre todo por el acceso a las nuevas redes masivas. En ellas el fatalismo es muy intenso y hay mucha desinformación, que no se puede disolver desde afuera. Esto porque si hasta a los propios locales les cuesta distinguir entre la ficción y la realidad, mucho peor es la situación de quienes no pueden salir a la calle para comparar lo que ven con lo que leen.
 

En esta nueva etapa de la investigación, que comenzó este 4 de octubre y terminará dentro de un año, he comenzado a percibir unos nuevos factores, que se investigarán a medida que transcurran las entrevistas de este año, las que haré también en nuevos destinos de migración colombiana relativamente masiva como Turquía y Emiratos Árabes.
 

Mi hipótesis a comprobar es que los emigrantes colombianos actuales, tanto los recién llegados como los de larga data, se están planteando seriamente no considerar el retorno como una opción. Creen que las crisis económicas o políticas de los países desarrollados pueden ser superadas por ellos como lo hicieron con la de 2007 y otras, mientras que no ven en Colombia señales de mejoría ni en lo institucional ni en lo económico. Por ejemplo, en Turquía se planteó regresar a raíz del golpe de Estado o de los atentados que hubo. Ni siquiera durante la pandemia ni cuando perdieron temporalmente sus trabajos, sobre todo en el mundo de la aviación.
 

La buena noticia –pero también es un tema a comprobar con las entrevistas– es que, aunque digan que no quiren retornar, muchos de ellos lo harán y ya son mejores ciudadanos que antes. Tanto por esto, como por la influencia que tienen a través de internet en familiares y amigos, y en colombianos en general, considero que esta nueva generación de inmigrantes muy internacionalizados aumentarán el capital social de Colombia en términos de desarrollo democrático.
 

Lo que quiero significar es que en las entrevistas he notado cómo estos colombianos en el extranjero aprecian los valores democráticos de una manera más significativa que aquellos que no salieron hacia otras latitudes. Tiene sentido pensar, y en esto confluyen mis investigaciones sobre migraciones con la cultura política en Colombia, que estos colombianos pueden aportar.
 

Al regreso de esta investigación de campo publicaré en este mismo medio las conclusiones respecto de estas hipótesis y otras cuestiones que surjan de ese proceso de indagación persona a persona.
 

Consulta aquí los resultados de las etapas anteriores de la investigación:
https://www.youtube.com/watch?v=4d9vcPSxSEs&feature=youtu.be

https://www.youtube.com/watch?v=zEdO2H6021A 

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