resume writing services hagerstown md dissertation experts pldt dsl business plans phd thesis biofilm writing and research professional essay writing service phd papers thesis quotes in research papers
Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
Homenaje a Jitoma Zafiama (José Octavio García)

Horas después conocí a José Octavio García ‒Jitoma Zafiama‒ y tuve los cuadernos en mis manos. Fue la continuación de una amistad y el comienzo de otras dos que también resultaron entrañables: la de Garavito, el poeta, abogado, gestor cultural y sobre todo valiente periodista que tuvo la osadía de cantarle la cartilla a cierto personaje a quien recientemente han comparado con Jesucristo… sin cruz pero con latifundio. Como consecuencia fue amenazado de muerte, por lo que se exilió en Estados Unidos, donde murió en “extrañas circunstancias” en un “accidente automovilístico”. En solitario.
 

José Octavio se alojó en mi casa y empezamos a trabajar en los cuadernos, previa su narración a viva voz. De inmediato supe que no podía hacer preguntas medianamente inteligentes si no visitaba la comunidad a la que pertenecía el autor. En las siguientes vacaciones me fui a Puerto Leguízamo y de ahí a La Samaritana donde residía su familia: su compañera doña Rosita, sus hijos propios y ajenos, sus numerosos hermanos y su madre Miguelina, de la etnia murui-muina (uitoto), quien hacía mucho tiempo se había separado de su esposo, el abuelo José García, de la etnia féénemïnaa (muinane). Fue una deliciosa estadía de aproximadamente un mes, en la cual compartí cacerías y pescas y logré entrever la maravilla de esa cultura al sentarme en los mambeaderos ‒respaldado por Octavio‒, a oír las charlas de los sabedores cuando condescendían a hablar en castellano.
 

Meses después, concluida la tarea, vino la lucha por publicar la obra de José Octavio. Ya Garavito había dejado su cargo en Colcultura, donde nos dijo que esa obra no tenía cabida en la colección de Cultura Popular en la que estaban empeñados.
 

En 1974 nos vimos nuevamente en Bogotá. Esta vez vino a acompañar a su padre, el Abuelo José, quien llegaba en calidad de informante a trabajar unos días con los lingüistas del Instituto Caro y Cuervo, interesados en el uso del castellano entre las comunidades indígenas amazónicas. Fue mi primer contacto con este gran sabedor que, dos años después, me invitó a “sentarme con él” en su casa del quebradón Takana, cerca de Leticia, donde vivía con su nueva compañera, doña Josefina.
 

En 1978 planeamos El Viaje. El Abuelo José quería ir con su hijo y conmigo a la Sabana del Cauinarí, lugar donde estuvo sembrada la maloca y el cuerpo de Kïma-Baijï –abuelo materno de don José– y lugar del nacimiento de mi maestro. Hacía muchos años ya habían estado los tres: don José, Octavio y Rosita, y fue la ocasión en que El Guardián ‒el espíritu de Kïma-Baijï vuelto jaguar‒ asustó a la pareja, al no reconocerlos. Solo cuando don José invocó a su antepasado y le explicó que ellos eran sangre de su sangre y que por terror cauchero no habían podido regresar, la pareja pudo deambular por ahí cosechando frutos en los antiguos rastrojos de su gente. Pero nunca pude llegar con ellos a ese Ixtlán (Castaneda).
 

Salimos de Bogotá hasta Florencia y de ahí a Araracuara, donde conocimos a don Noé Rodríguez, otro abuelo féénemïnaa. Buscando la mejor trocha para llegar a la Sabana del Cauinarí, llegamos a Guaimaraya donde estaba la maloca de don Noé, quien por esos días hospedaba a un grupo de duros Sabedores; lo asesoraban en su lucha ritual contras los evangélicos que tenían invadidas sus tierras. Resolvimos quedarnos pues era de primer orden lo que ocurría allí, además de que el lugar estaba colmado de petroglifos; reseñarlos fue tarea a la que nos dedicamos con don José y Octavio hasta que se nos acabó el tiempo. En eso duré 20 años.
 

Al año siguiente estábamos con Octavio y Rosa en El Encanto, en el río Caraparaná, viaje al que se nos unió Eudocio Becerra desde que nos embarcamos en Puerto Leguízamo.
 

En 1981 Octavio entró de lleno a colaborar con el Departamento de Lingüística de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). Ese año acompañó al equipo de estudiosos dirigido por el profesor Carlos Patiño en su trabajo de campo en El Encanto. Gabriele Petersen, Vilma Laverde, Marina Parra, Ignacio Pérez y el afortunado suscrito formamos parte de él. Fue el inicio del estudio de una lengua indígena en la UNAL; poco después Eudocio lo reemplazó, hasta hoy.

Poco después Octavio se trasladó con su familia a Leticia a acompañar al abuelo José. Construyeron su primera maloca, donde casi todos los años ocupé mi hamaca después de oír las enseñanzas del gran maestro, quien murió en 1991. La maloca fue incendiada. Fue necesario esperar a 2012 para que Octavio y Rosa inauguraran su primera maloca. En el Baile de Inauguración se lucieron como Sabedores cuajados. Se preparaban nuevos Bailes que iban a ser los escalones de su carrera ritual. El tiempo no dio para tanto. La noche del 14 de marzo se apagó esa voz.
 

Pero no se apaga del todo. El primer mito que publiqué de Octavio, a cuyo nombre arrimé el mío, apareció en la revista Ideas y Valores de Filosofía (UN) en 1975. Luego se fueron escalonando otros cuatro en diferentes publicaciones; la última en el libro de 2010 Las palabras del origen, volumen 4 de la Biblioteca de los Pueblos Indígenas de Colombia ‒Ministerio de Cultura, accesible en la red.  Hace pocos años me hizo entrega de un largo escrito (fotocopia de 142 páginas), titulado “Kaï Komulla Rafue”, el cual contiene varios mitos y amplios apartes sobre los aspectos fundamentales de su cultura. Tengo entendido que copias del mismo andan por ahí en el mundo buscando editor. Está fechado en 1980 y tiene prólogo del Contralmirante Hernando García Ramírez, quien me honra transcribiendo largos fragmentos de mis escritos, muy posteriores a esa fecha.
 

José Octavio contribuyó con su actuación en documentales y filmes de diferente índole, siempre dando testimonio de la cultura ancestral. El cinematografista Andrés Pineda viene trabajando un largometraje de ficción basado en un relato hecho por el abuelo José García sobre “la coca del blanco” (la cocaína), y la valoración plena del uso de la “hoja sagrada” a la manera indígena.
 

Se filmaron varias escenas en las que el hijo ‒viejo‒ hacía las veces del padre. Antes de la pandemia el guion ganó el primer premio en un concurso internacional de Brasil, y su realización se veía próxima con financiación del Gobierno de Bolivia; la crisis política en dicho país y la peste universal truncaron su realización. Hoy vuelve a vislumbrarse la concreción de ese sueño: él estará presente en este filme y en el libro en gran formato que se prepara con base en una de sus narraciones, y sobre todo continuará en el corazón de quienes compartimos su afecto.
 

Una de las mayores contribuciones de José Octavio García al salvamento de la tradición ancestral lo constituye el haber grabado el mito básico del «Baile del Juego de Pelota» (Uuikï), de labios de su último dueño en Colombia, el abuelo Félix Kuegajima, en 1974, año en que le regalé una grabadora y una caja de casetes. En 1978 él y su padre hicieron la traducción en mi casa, antes de irnos a Araracuara. El casete se perdió, pero quedó la autorizada versión al castellano. Con base en los comentarios de Preuss, del relato de Kuagajima y en otras averiguaciones que viene adelantando la filóloga Laura Areíza, en unión con Sabedores murui-muina, se espera llegar un día a restablecer dicho baile.
 

Toda su vida se destacó Octavio en sus tratos con gente notoria. Esto se volvió rutinario toda vez que a la maloca del Takana iban a parar muchos de esos personajes ilustres que pasaban de turistas algunos días en Leticia, curiosos por tener contacto con Sabedores amazónicos, posar, fotografiarse y alardear de haber “profundizado en las raíces más profundas de Colombia”. Se dieron casos desde lo más auténtico como es el de la mujer más bella de Colombia (y del mundo) ‒Paula Andrea‒, hasta cuanto presidente visitara la región para ser fotografiado abrazando a un “indio”. Jitoma Zafiama se reía, se reía, se reía…

Relacionados

4713,446,1,4714,3133

A lo largo del conflicto interno en Colombia, Bogotá y algunas ciudades principales han sido testigos del masivo desplazamiento forzado que han vivido...

Antonio José Navarro Wolff fue uno de los tres presidentes de la Asamblea Constituyente de 1991 junto con Horacio Serpa y Álvaro Gómez, de allí nació...

Cuando se habla de pulmones verdes y ecosistemas claves para frenar el calentamiento global, casi siempre vienen a la mente espacios como la Amazonia...

Cuando se promulgó la Constitución Política de 1991, se definió por primera vez a Colombia como un país “pluriétnico y multicultural”; en los años...

La Amazonia colombiana ocupa casi el 41 % del territorio nacional, y está formada en gran parte por bosques que brindan servicios ecosistémicos, los...

Consejo Editorial