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Explorar el mar profundo, una oportunidad para la investigación

Cuando los océanos superan los 200 m de profundidad se empieza a hablar de mar profundo, unas zonas con condiciones específicas como que ya no tiene luz solar, es decir que es completamente oscuro o negro, y la temperatura es baja, por lo cual se unen varios factores a la vez: el agua es fría, oscura, no existen plantas ni fotosíntesis, por lo que los procesos para obtener comida, por ejemplo, son completamente distintos. Sin embargo, contrario a lo que se podría pensar no es un ambiente desértico, está lleno de vida, muchas veces inexplorada.
 

En promedio, la profundidad de los océanos del planeta es cerca de los 4500 m, pero los puntos más profundos, como la Fosa de las Marianas, llegan a los 11.000. En contexto, la distancia es mucho mayor que la que hay entre un avión comercial, que suele volar a 11.000 pies de altura, o 3.350 m y el suelo.
 

Debido a su alto costo, la exploración marina de aguas profundas que hace la academia en Colombia es poca. Empezó hace unos 20 años, pero ha sido gracias a alianzas con institutos de investigación, como el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (INVEMAR), que a su vez recibe financiación de entidades como la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH). Esto porque la exploración de aguas profundas ha sido liderada por el interés industrial en esos recursos como el petróleo y el gas, lo interesante es que investigadores han aprovechado ese interés para abrirlo al conocimiento en general.
 

La doctora en ciencias biológicas Luisa Dueñas, profesora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y quien se ha especializado en corales de aguas profundas, explica que las colaboraciones entre entes privados y públicos, como la Armada Nacional, es clave, aunque confiesa que “el reto ha sido que esos actores se abran a compartir la información por razones como el secreto industrial o la seguridad nacional, que incluso limita los permisos a buques internacionales de investigación científica para entrar a aguas colombianas”.
 

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Hallazgos en el Caribe colombiano


Durante una estancia posdoctoral en 2018 que obtuvo la profesora Dueñas en la primera convocatoria que hizo Colciencias, ahora MinCiencias, para fomentar el acercamiento entre la industria y la academia, quien trabajó con la empresa petrolera Anadarko Colombia Company a la que la ANH le otorgó unas zonas o bloques de exploración para ver si había recursos fósiles allí. En ese proceso la compañía obtuvo una serie de imágenes del mar profundo como parte de su exploración de hidrocarburos en el Caribe.
 

La idea era procesar esas imágenes para describir la biodiversidad. Esto lo adelantó durante un año que duraba el posdoctorado, pero al ingresar como profesora a la UNAL lo continuó por los compromisos con la empresa, que actualmente ya no existe, y por el valor investigativo.
 

“Se trabajó una parte biológica, ver qué organismos estaban allí abajo a profundidades entre 300 y 4000 m de profundidad en dos zonas diferentes, una al norte de la Guajira, de aguas profundas de más de 2500 metros de profundidad, y otra zona a unos 50 kilómetros costa-fuera sobre el cinturón de Sinú-San Jacinto, cerca al golfo de Morrosquillo”, cuenta la investigadora, y revela que al procesar las imágenes encontraron no solo nuevas especies, sino también nuevos registros para el país y gran cantidad de basura.
 

¿Qué encontró?


A la fecha, no se ha terminado de procesar todo el material; sin embargo, se tiene información de unas 7 nuevas especies halladas solo en esa zona, algunas que no se podrán describir por ausencia del material, y al menos 40 nuevos reportes, es decir especies que ya se conocían en la ciencia, pero no se habían registrado en aguas colombianas.

La doctora Dueñas se centró en lo que se denomina megafauna, es decir algo que se pudiera ver en las imágenes, por lo que debía ser relativamente grande ya que la cámara no alcanza a captar objetos de menos de un centímetro, y tampoco lo que se enterraba bajo la arena, que si bien es una diversidad enorme no era posible estudiarlo solo con imágenes.

“Algunas de las imágenes permitieron que se estudiaran animales que viven o rondan el fondo del mar y que incluye invertebrados, como las esponjas, corales, anélidos o gusanos, moluscos que incluye los pulpos y caracoles, también equinodermos, o estrellas de mar, y algunos vertebrados, como peces. A eso se le conoce como ecosistemas bentónicos”, explica la profesora Dueñas.


La mayoría del trabajo fue solo a partir de imágenes, algunas con mejor calidad que otras; además, es usual que para describir una especie se necesite ver algunas partes bajo el microscopio o girar el espécimen para verlo en diferentes ángulos, en el caso de las fotos no era posible.
 

¿Cómo viven allí?


Por la ausencia de luz no existe fotosíntesis sino quimiosíntesis, que parte de químicos que brotan del fondo marino que incluyen metano, sulfuro de hidrógeno, entre otros, considerados en sí mismos hidrocarburos, y la base de la que se alimentan algunas bacterias. Otros organismos bentónicos se comen esas bacterias, o entran en relaciones biológicas con ellas, como almejas o gusanos. Las bacterias procesan los químicos y los desechos se los pasan al animal que se alimenta de esos desechos y viceversa en lo que se conoce como simbiosis en zonas llamadas filtraciones frías.

“Las filtraciones frías son lugares donde se filtran esos hidrocarburos de los que se alimentan las bacterias, esas burbujas de gas brotan del suelo y están a temperatura ambiente, allí se forman comunidades dinámicas y dependen de que estén esos gases, si dejan de filtrarse las comunidades morirían, y suele ser por condiciones geológicas”, cuenta la profesora Dueñas.

Las basuras de aguas profundas


Como parte del análisis de las imágenes vieron una gran cantidad de basuras, se sabe que el 60 % de lo que encontraron son plásticos que incluyen bolsas, pitillos, guantes de látex, cubiertos, pañales o botellas, un 30 % en textiles como tapetes, un 6 % de vidrio y un 4 % de metales como latas de aluminio, y otros elementos naturales que podrían o no considerarse como basura. Lo clave es que todos tienen origen terrestre, ya bien sea porque los ríos los arrastran o por la cercanía con el Canal de Panamá y salen de esas embarcaciones.

Si bien ya se procesaron todas las imágenes para las basuras, y se hizo una publicación en 2020, aún falta un grueso para estudiar grupos de equinodermos, como las estrellas de mar, crustáceos como cangrejos, camarones, peces y esponjas de mar.
 

Tomando fotos submarinas


La empresa petrolera tenía unos equipos de operación remota, o ROV por sus siglas en inglés, que se asemejan a un submarino no tripulado que se equipa con cámaras de alta resolución, e incluso dispositivos para llevar muestras a la superficie. Usualmente se usan cuando ya hay infraestructura instalada en el fondo marino para ver sus condiciones, mantenimiento, entre otros. Como los ROV están conectados a las embarcaciones por fibra óptica se puede ver en tiempo real las imágenes que capta.
 

“El otro equipo que se usó fue una cámara de arrastre, que también puede tener transmisión en vivo. Estos se programan en la superficie, en este caso para tomar fotos cada 20 segundos, y cuando el barco empieza a andar en una trayectoria preestablecida arrastra el dispositivo, de ahí el nombre”, agrega la profesora Dueñas.
 

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Mirada al futuro


Como la diversidad marina es tan amplia así mismo se necesita gran diversidad de investigadores expertos en los diversos grupos. Para este proyecto en particular se contó con colombianos y extranjeros, y es la muestra de que la unión de perspectivas, incluida la industria, puede contribuir a la generación de conocimiento y usar los datos de formas que no eran el objetivo principal.


“Fue un reto hacerle entender a la industria petrolera que es posible publicar hallazgos de investigación sin que se comprometa el secreto industrial, o sin revelar coordenadas exactas o indicios de que hay hidrocarburos, y la clave es la colaboración, estar dispuesto a ir más allá”, suma la investigadora.


Por último, recalca que, “así como los colombianos conocen los nombres de los mares, de las cordilleras, saben que hay bosque secos, selvas, costas, también tienen derecho de saber qué hay en el mar, que desancore (desanclar) que allí también hay cordilleras y montañas submarinas con nombre propio, como Malpelo o el cañón de la aguja, y que para investigar es clave que el público se apropie de esa información”.


“Estos aspectos influyen en que el país no avance en investigación, y más en el Pacífico, que comparado con el Caribe no se tiene casi nada de información, el país es privilegiado en lo geológico, biológico, histórico, y enviar recursos de investigación al fondo marino podría llevar a que haya más interés en la costa y sus comunidades”, concluye la doctora Dueñas.

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