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En La Lindosa siguen el rastro de los primeros habitantes de la Amazonia

A medida que los grupos de cazadores-recolectores se encontraron con el último de los principales continentes, el americano, se enfrentaron no solo a la enormidad de la selva amazónica, sino también a su diversidad ambiental.
 

La adaptación a este agreste ecosistema fue sin duda uno de sus mayores desafíos, de lo cual dan fe los más de 7.000 megamurales rupestres hallados en la Serranía de La Lindosa, ubicada 17 km al sur de San José del Guaviare.


En mayo de 2018 la Serranía fue declarada como Área Arqueológica Protegida, la número 22 de este tipo de áreas en el país, junto con los parques arqueológicos de Piedras del Tunjo (Facatativá, Cundinamarca), El Infiernito (Boyacá), Teyuna –o ciudad perdida– (Magdalena) y San Agustín e Isnos (Huila), entre otros.


En aquellos lienzos de piedra, que hoy posicionan a esta región como una de las de mayor concentración de arte rupestre en el mundo, los primeros pobladores de la zona dibujaron partos, faenas de caza y pesca y rituales espirituales, entre otras actividades cotidianas.


Cómo se produjo el proceso de colonización de los primeros habitantes del continente americano –miles de años antes de la llegada de los españoles– es el rastro que persiguen hace cinco años los profesores Gaspar Morcote Ríos, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), Francisco Javier Aceituno Bocanegra, del Departamento de Antropología de la Universidad de Antioquia, y José Iriarte, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Exeter (Reino Unido).
 

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Las investigaciones realizadas por este grupo de científicos en La Lindosa proporcionan evidencia arqueológica de la colonización del noroeste del Amazonas colombiano durante el final del Pleistoceno y la transición al Holoceno temprano –entre 13.000 y 8.000 años–, es decir al final de la Edad de Hielo.

De las excavaciones realizadas entre 2014 y 2019 en los sitios arqueológicos Cerro Azul, Limoncillos y Cerro Montoya se pudo establecer la colonización inicial de la región entre 12.600 y 11.800 cal BP (antes del presente, por sus siglas en inglés). Una información relevante si se tiene en cuenta que el registro arqueológico de la Caverna de Piedra Pintada (Brasil) tiene una datación de entre 11.280 y 10.170 años BP, en su momento la fecha de mayor antigüedad registrada en la Amazonia colombiana.


Según los investigadores, las fechas obtenidas no solo son las más antiguas de la cuenca alta del Amazonas, sino que además resultan esenciales para estudiar la colonización del noreste de esta región que, por su posición geográfica, se puede considerar como una esquina natural de contacto con la cordillera Andina, y por lo tanto una potencial ruta de tránsito entre tierras altas (montañas) y bajas (llanuras).
 

Buen manejo de la selva


La prospección y excavación de los tres refugios de piedra naturales poco profundos, que sirvieron como hábitat a los primeros pobladores de ese territorio, permite recuperar evidencias de más de 15.000 restos de animales, plantas, fragmentos de cerámica y herramientas de caza y pesca utilizadas para diferentes propósitos, y también pigmentos minerales, empleados en actividades lúdicas como los dibujos rupestres.
 

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En Cerro Azul se recuperaron más de 30.000 semillas carbonizadas, la mayoría de ellas pertenecientes a la gran familia de las palmas, cuya presencia todavía predomina en el imponente paisaje de la Serranía de La Lindosa; por ejemplo, se identificaron especies como chambira o cumare, maripa, palma de coco, asaí y moriche.


Al respecto, el profesor Morcote menciona que las palmas identificadas se caracterizan por tener un periodo de fructificación (formación de frutos) de varios meses y una alta productividad de frutos y semillas ricos en aceites y proteínas. Así mismo, las comunidades indígenas que todavía habitan la región utilizan sus hojas para techar las casas o para elaborar hamacas, redes o canastos, y los troncos como postes o muros en la construcción de viviendas, y para fabricar cerbatanas, dardos, arcos y arpones para las actividades de caza y pesca.


La pesca, una de las actividades esenciales de subsistencia, también tuvo un papel protagónico en las poblaciones antiguas. De hecho, el profesor Aceituno explica que en los registros de restos de animales se encontraron especialmente espinas, vértebras, dientes y fragmentos craneales de peces.


Entre las especies halladas se encuentran la cachama –pez que migra para desovar–, pirañas, que generalmente habitan en zonas inundadas a lo largo de las riberas de los ríos o gramalotes, lagos y arroyos durante todo el año, y peces de las familias Cynodontidae –depredadores carnívoros– y Doradidae, capaces de resistir durante largo tiempo en aguas carentes de oxígeno (anóxicos).

Para los investigadores, los resultados obtenidos hasta el momento han permitido analizar las condiciones culturales y ambientales del poblamiento de la Serranía de La Lindosa, a la que consideran como un interesante laboratorio arqueológico, además de establecer en una escala de larga duración las condiciones de adaptabilidad y el manejo del medioambiente por los grupos humanos que poblaron esta región.
 

Importante legado cultural


Otro hallazgo relevante se centra en el arte rupestre, pues en palabras del profesor Aceituno, a través de ellos los antiguos pobladores relatan cómo era su cotidianidad y lo que tuvieron que hacer para adaptarse a pesar de no ser sedentarios.
 

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“Tenemos fechas durante todo el Holoceno, lo cual evidencia que la adaptación de los pobladores de la zona tanto al territorio como a sitios aledaños fue exitosa, pues lograron sobrevivir miles de años y afincar su cultura”, explica el investigador español.


Según los expertos, más allá de la expectativa que despierta el hallazgo de las pictografías en La Lindosa y Chiribiquete, los estudios arqueológicos ofrecen un mayor sustento para conocer quiénes eran sus autores. “Hemos hallado gran cantidad de la materia prima con la que elaboraban las pinturas, por eso estamos muy seguros de que la gente que vivió allí era también la que dibujaba”, subraya el profesor Morcote.


Se podría afirmar que tales hallazgos conforman una pieza importante del gran rompecabezas de la historia de la colonización temprana del territorio colombiano, cuyo rastro esperan continuar descifrando, esta vez gracias al proyecto aprobado dentro de la convocatoria Horizonte 2020 de la Unión Europea, cuya financiación permitirá ahora trabajar en otras regiones del país como Norte de Santander y la Sabana de Bogotá.

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