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El nuevo Congreso, un parlamento de equilibrios complejos

Con las elecciones parlamentarias y las tres consultas interpartidarias se activó el año electoral ayer domingo 13 de marzo; los resultados permiten aclarar un poco más el panorama de la senda presidencial.

 

No cabe duda de que Gustavo Petro tuvo una doble victoria. Por un lado, por primera vez la elección le garantiza al petrismo una verdadera plataforma parlamentaria propia (Pacto Histórico) al convertirse en el grupo más votado al Senado y la Cámara. Esto le permite una institucionalización de sus recursos políticos y un mejor piso, tanto en el caso de que alcance la Presidencia como por si continúa como principal partido de oposición en la legislatura 2022-2026.

 

La victoria del candidato Petro aún no tiene elementos que permitan interpretarla como una tendencia irreversible e irrefrenable a la Presidencia, y menos como el logro de un control parlamentario; por el contrario, lo ponen en la disyuntiva de convertirse en un conciliador o en un polarizador. 

 

En cualquiera de los dos escenarios Petro puede perder o ganar en caso de realizar maniobras bruscas que puedan afectar al electorado de Centro, que será en definitiva el que definirá la próxima elección presidencial, y su interacción con los otros partidos en un parlamento equilibrado. 

 

Tengamos en cuenta que, en lo parlamentario, pese a la victoria de Petro, tanto el Partido Conservador como el Liberal mantienen su presencia en el Senado y la Cámara como los grandes jugadores necesarios en la construcción de cualquier iniciativa legislativa y en la gobernabilidad del presidente de turno.

 

Para entender lo anterior basta ver cómo el Pacto Histórico logró su primer puesto en el Senado, superado solo por algunos votos al partido Conservador en condiciones de empate técnico: los dos partidos obtuvieron 16 senadores. Les siguen el Partido Liberal, con 15 curules, y Alianza Verde y el Centro Democrático con 14 senadores, seguidos por Cambio Radical con 11 y el Partido de la U con 10. Así, se puede interpretar como un Congreso de equilibrios de fuerzas. 

 

En cuanto a la Cámara, aunque el Pacto Histórico es el partido más votado, se ubica –por los efectos de las distribuciones políticas regionales–, con sus 25 representantes, en un segundo puesto detrás del Partido Liberal que obtiene 32 y en otro empate técnico con los conservadores que de nuevo le hacen espejo con 25 representantes. 

 

De lo anterior queda claro que la agenda legislativa del petrismo, como fuerza parlamentaria o futuro partido de gobierno, dependerá de las negociaciones políticas que se presenten día a día entre las diversas fuerzas, y estará condicionada a las reglas de juego dadas por los partidos con el Pacto Histórico, bien sea en una configuración polarizada o en una clientelista. 

 

De paso, esto pone al Petro candidato en el desafío de establecer puentes y negociaciones que le permitan una futura gobernabilidad; el reclutamiento de Roy Barreras y Armando Benedetti puede dar una clave de las alternativas que está contemplando.

Camino a la Presidencia no está despejado

 

Es a partir del nuevo escenario parlamentario que deben interpretarse las consultas interpartidarias. Para ello, es importante tener en cuenta que, pese a que Gustavo Petro ganó la consulta del Pacto Histórico, no se enfrentó a todos los actores involucrados en la aspiración a la Presidencia, ni el electorado orbitó sus decisiones de voto basados en una polarización en su contra. 

 

Las elecciones tampoco fueron una plataforma presidencial incontrovertible, como hubiera sucedido en caso de que el Pacto Histórico hubiera logrado las estimadas 30 curules, que habrían enterrado la hegemonía liberal y conservadora.

 

Si bien los resultados ponen a Petro a encabezar la izquierda en Colombia, también lo hacen dependiente del Partido Liberal y del Centro Esperanza; estos últimos se encuentran en el dilema de sumarse al Pacto y formar parte de un eventual gobierno con una cuota de poder, o diluir sus posibilidades de ser opción de poder para las próximas elecciones. 

 

En relación con la Alianza Verde vale la pena preguntarse si la votación por la coalición Centro Esperanza materializó una “resistencia antipetrista”, dentro de la propia centroizquierda, o sigue siendo una suma natural de votos en segunda vuelta de las izquierdas unidas. Los indicios permiten deducir que podría ser el “centavo para el peso” que le falte a Petro en una segunda vuelta presidencial.

Polarización a la chilena

 

Todo indica que Gustavo Petro juega a tener unas elecciones presidenciales que claramente tienen variables muy similares a las del ascenso al poder de Gabriel Boric en Chile. Los dos aprovecharon la calle, los “estallidos sociales” y las primeras líneas iniciadas desde octubre de 2019 como plataformas políticas para jugar unas presidenciales en un entorno polarizado. 

 

Sin embargo, la polarización buscada por Petro como candidato dominante todavía puede jugarle en contra no solo por la dependencia de sus coaliciones con otras fuerzas políticas, sino ante todo por el efecto que tiene haber actuado con una “astucia electoral” al iniciar de facto su campaña presidencial antes de las fechas estipuladas por las autoridades electorales. 

 

Paralelamente a la ventaja de iniciar primero en su entorno, también lo amarra a un prolongado discurso interno de campaña ideologizado, que le resta margen de maniobra con sectores de Centro que aún no tienen definida su opción de voto.

 

La polarización en dos extremos “a la chilena” que buscará Petro podría tener potenciales efectos en su campaña; por un lado, su consolidación como jefe de todas las izquierdas en una senda irrefrenable a la Presidencia o, por el otro, la reactivación de una derecha más polarizada que ya había salido de la centralidad de la confrontación política, que en lo político no le representaba riesgo a Petro, y que al convocarla con sus miedos puede hacerla resurgir.

 

Más allá de los discursos, se necesitan propuestas realistas

 

La verdad sobre el escenario concreto de este cuadro de fuerzas electorales se configurará con mayor claridad en la noche del 29 de mayo, con los resultados de la primera vuelta presidencial, cuando se conocerá el opositor de Gustavo Petro en una segunda vuelta presidencial. 

 

Sin embargo, el panorama de extrema polarización no es bueno para Colombia, pues con ello se aplaza la necesaria reconciliación de los colombianos y se mantiene una división social que aún no tiene un punto de contacto en el diálogo parlamentario.

 

El propio Gustavo Petro abrió el antecedente de crear una “oposición de bloqueo” en el discurso del 7 de agosto de 2018 en la Plaza de la Hoja, en el mismo momento que Iván Duque se posesionaba como Presidente en la Plaza de Bolívar. Tal antecedente le puede jugar en contra si sus opositores deciden imitarlo en caso de lograr la Presidencia.

También es claro que la fragmentación parlamentaria resultante puede empujar a un futuro presidente, sin mayorías parlamentarias suficientes, a asumir tentaciones “disruptivas” que, en la práctica, vulneran la democracia a la que prometieron respetar. Un ejemplo es la “oposición de bloqueo”, pero también existe la posibilidad de impulsar un proceso constituyente. Las indefiniciones actuales del proceso constituyente chileno dejan claro el riesgo de tal opción. 

 

Las denuncias de fraude mencionadas por Gustavo Petro tampoco ayudan a la tranquilidad del desarrollo de las próximas elecciones, por ello se deben fortalecer tanto mecanismos de verificación nacional e internacional escogidos en consenso por los candidatos a la Presidencia como el compromiso de respetar el resultado electoral verificado, que descarten cualquier interpretación caprichosa de los resultados electorales y eviten el agravamiento de la tensión social.

 

Además a Petro le tocará convencer con un discurso mucho más concreto y alejado de la propaganda política dirigido al electorado de Centro, pues a ellos no les bastará la emocionalidad o la figura de autoridad que ejerce sobre sus seguidores. 

 

La centralidad del discurso de Petro respecto al cambio tecnológico-energético en los próximos cuatro años no parece corresponder con las necesidades de un país polarizado y con graves problemas sociales en tiempos pospandemia, y por ello no parece ser atractivo para electores externos que se acercan a su proyecto con desconfianza.

 

Por lo tanto, solo queda esperar la concreción de muchas alianzas políticas y la solidificación de discursos para tener una idea más precisa del resultado electoral de las próximas elecciones presidenciales.

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