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El COVID-19 en la cárcel: ¿llegan primero la ansiedad y el miedo que el virus?

Revisando las cifras, la situación es más preocupante en estos tiempos de pandemia se presenta en establecimientos como la Cárcel La Modelo de Bogotá, donde hay más de 5.000 hombres privados de la libertad, y los domingos de visita pueden ingresar más de 1.600 mujeres, los sábados más de 750 hombres, y en los días que pueden ingresar niños y adolescentes se registran unos 1.900 visitantes en promedio.
 

Puedes leer: “No se puede despedir a un empleado en virtud del COVID-19”.
 

Los 134 establecimientos carcelarios o penitenciarios del país presentan un panorama parecido: con más de 123.000 PPL y un flujo aproximado de 60.000 personas más durante el fin de semana (sábado y domingo) con motivo de las visitas, se convierten en espacios con un alto riesgo de propagación del coronavirus o COVID-19, algo que se pensaría es fácil de entender. Sin embargo, en la subjetividad y necesidad de más de 120.000 personas es difícil prever la reacción y las consecuencias que pueden tener las medidas de aislamiento que se tomen, máxime considerando que sería un doble aislamiento, ya que estas personas ya se encuentran en uno por la misma naturaleza de la sanción penal.
 

Según esta situación, los efectos de doble aislamiento en las PPL son diversos, pero en cuanto a la salud mental –los cuales pueden derivar en reacciones desesperadas y conductas de diferente orden–, nos centraremos en la ansiedad y el miedo que se presentan en los centros de prisión incluso antes de la llegada del virus.
 

El miedo y la ansiedad en aislamiento
 

El miedo, como una emoción básica, estará presente en todos los seres humanos en situaciones en las cuales su vida corre peligro, y su importancia radica precisamente en el carácter evolutivo que permite reaccionar en pro de la conservación como individuo; naturalmente, ante el miedo provocado por enfrentarse a un león o un tigre, la persona tenderá a correr porque la lectura que hace es que puede ser superado en fuerza y letalidad por el animal.

Así mismo, si se analizan los factores que pueden incidir en la generación de miedo y aparición del pánico como una expresión descontrolada de este ante la declaración de pandemia, y especialmente en PPL, los procesos de información y pedagogía sobre el COVID-19 se pueden orientar de una manera más adecuada. Sin embargo, estas personas se han enterado de las medidas por medio de las noticias y el voz a voz, lo cual implica una ausencia de protocolos para que la población afectada conozca las novedades antes de ser divulgadas en medios de comunicación.
 

Puedes escuchar: Cambio del comportamiento social en tiempos de pandemia.
 

Pareciera más importante que la ciudadanía supiera que se estaban tomando medidas, que proteger realmente a la población e informar las medidas.


A la forma como se comunicó la suspensión de visitas y el incontable número de noticias alrededor del mundo sobre contagiados y personas fallecidas como consecuencia del coronavirus, se suma el desconocimiento de las PPL sobre la naturaleza del virus y sus efectos en la población, al igual que otros aspectos más sencillos como la cancelación de importantes eventos deportivos o que las personas cuyos trabajos lo permitan, laboren en casa.
 

En este caso es natural que la reacción más inmediata sea el miedo a lo desconocido, a lo letal, a aquello que se propaga de manera rápida, por no contar con las condiciones de salubridad necesarias para afrontar la situación, y no comprender por qué en un momento tan difícil se les aleja de sus seres queridos y se les deja sin un soporte vital para ellos en seguridad material y emocional.
 

Ante la incertidumbre y el miedo, llega la ansiedad, las PPL no encuentran respuesta a sus inquietudes, la visita que para ellos es vital no estará, se desconoce de qué se trata ese virus y su gravedad, el acceso a la atención médica es precario, se percibe un contexto de insalubridad al encontrar animales roedores en zonas comunes y la inexistencia de una red de apoyo en la prisión. Frente a esto es natural que el miedo y la ansiedad lleguen antes que el virus, y como resultado de todo ello se generen situaciones en las que las PPL de todo el país se organizaron y manifestaron su miedo (en 16 establecimientos del país se presentaron motines).
 

El pánico se apoderó de los establecimientos penitenciarios, carcelarios y reclusorios, entre ellos los tres de Bogotá, el de Cúcuta, Ibagué, Cali, Jamundí, Cómbita y Palmira, entre otros, dejando como consecuencia la pérdida de 23 vidas humanas y 90 heridos en Bogotá, 7 del personal de seguridad y 83 PPL.

Si bien las autoridades expresan que se trató de un plan criminal de fuga masiva, no se pueden desconocer las circunstancias ya abordadas y otras adicionales que han expresado las PPL, que en diferentes establecimientos han expuesto que es mejor ante la situación y el riesgo percibido, estar afuera, sobre todo por no conocer la gravedad de la amenaza.
 

No se puede desconocer que en establecimientos como la Cárcel La Modelo ya existían afecciones en la salud que no estaban siendo atendidas, que habían derivado en medidas internas de aislamiento producidas, por ejemplo, como el brote de paperas.
 

Puedes ver: Medidas económicas por COVID-19, ¿funcionan?.
 

No se trata de buscar justificaciones, es evidente que existen correctivos que se deben tomar de la manera como se maneja una situación que, por muy inédita que sea, existen unos mínimos que ya se han manejado en situaciones de crisis.


No es posible que la comunicación de las medidas a las personas interesadas o afectadas se deje solo en manos de los medios de comunicación. Quedará siempre el interrogante de si haciendo una preparación previa, informando adecuadamente sobre el virus y comunicando a las PPL las medidas antes de hacerlas públicas, se hubiese podido evitar la situación de pánico y con ello la pérdida de vidas humanas; algo que nunca sabremos y cualquier conjetura al respecto puede ser meramente especulativa.
 

Lo que sí se puede hacer es aprender de esta situación, atender las necesidades derivadas de las medidas que se deban implementar para evitar la propagación del virus, atender las necesidades emocionales de las familias que han perdido a sus seres queridos en los motines, informar a los familiares de las PPL sobre su estado de salud aunque no presentaran ninguna afectación durante el motín, contarles a estas personas sobre el virus y porqué son necesarias las medidas preventivas, en fin, facilitar el contacto o la información telefónica por mensajes radiales u otros, entre las PPL y sus familias.

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