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El Catatumbo 2030: cuatro posibles escenarios

Sin duda la firma del Acuerdo Final con las FARC resultó alentadora para que sus pobladores lograran la convivencia. Partiendo de ese momento y en prospectiva hacia 2030, nos arriesgamos a relatar qué pasaría si se dieran las condiciones para lograr un cambio en la zona del Catatumbo.

1. El cielo: el deseable

A pesar de las dificultades que se presentaron en los cinco primeros años de implementación de los Acuerdos y la consecución inmediata de estos con el ELN y disidencias del EPL dominantes en el Catatumbo, en 2030 se terminaría el conflicto armado de raíz frentenacionalista, cuyo régimen era de esa manera clausurado definitivamente en la historia política del país.

Los eventos electorales que le siguieron abrieron el espectro a grupos y propuestas políticas alejadas de los partidos Liberal y Conservador, que cayeron en 2019.

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En las elecciones regionales y locales empezaron a participar en las organizaciones producto de los Acuerdos; y en las nacionales entraron coalicionados a disputar el favor electoral a través de candidatos de corte social, democráticos y populares.

El Catatumbo fue la principal región del país beneficiada por ese proceso, pues hasta 2019 había sido –junto a Tumaco, el Chocó y el Cauca– víctima de las incertidumbres que acompañó la consolidación de los Acuerdos y escenario de crudos enfrentamientos entre reductos del EPL y el ELN por el dominio de la zona. También se presentó la migración de venezolanos y el mantenimiento de las actividades ilícitas que los sostenían, al igual que a las bacrines.

En un escenario deseable, estos enfrentamientos entran en declive cuando se firman Acuerdos con el ELN. Paralelamente, hubo cambios políticos en el Gobierno venezolano, la política de drogas pasa a ser un asunto de salud pública y las comunidades participan en el diseño y la implementación de programas y proyectos de vida departamentales, regionales y municipales que le dan protagonismo y presencia presupuestal a las veredas como entidades territoriales del orden municipal.

En consecuencia, en el Catatumbo se consolida la estabilidad de la población al desaparecer los desplazamientos forzados, que le permite a las comunidades e individuos fortalecer sus organizaciones locales y participar en los asuntos político-administrativos locales y regionales.

La vida ahora se centra en la gestión de la educación, cuyos diseños curriculares hacen énfasis en el fortalecimiento y despliegue de las diversas capacidades cognoscitivas, afectivas y psicomotoras, traducidas en acciones creativas e imaginativas, solidarias y participativas, fraternas y conciliadoras.

Como resultado, empiezan a verse proyectos de energías limpias y de seguridad alimentaria y ambiental, y así mismo propuestas culturales con eventos científicos, historias locales y capacitaciones literarias para poder escribir una nueva historia.

2. El infierno: lo indeseable

El Acuerdo de Paz que se firmó termina en 2020, como resultado de los gobiernos sucesores. El panorama en El Catatumbo se resume en los tres últimos círculos del infierno descritos por Dante: la violencia, el fraude y la traición.

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Los acontecimientos políticos y socioeconómicos nacionales, fronterizos e internacionales subsiguientes contribuyeron a empeorar la situación del conflicto que volvió a estar bajo una política frentenacionalista, lo que demostró la incapacidad del Estado para copar los espacios dejados por las FARC.

Las medidas del discurso socioeconómico de los planes de desarrollo mantenían a fondo el acelerador del modelo privatizador, afectando a los colombianos “de a pie” con bajos salarios y el IVA al alza. Las reformas tributaria, laboral, pensional y de salud fueron un hecho, y ahora el éxito y las oportunidades de los empleados solo depende de ellos mismos.

Las economías ilícitas como el narcotráfico, el contrabando, la trata de blancas, el turismo sexual e infantil, las pirámides financieras legales e ilegales, y los contratos político-administrativos que beneficiaba a unos pocos, resurgen.

La situación se vio fortalecida por la intervención de los Estados Unidos y de organismos internacionales; los militares de la vieja guardia, quienes, una vez vieron desarmadas a las FARC exigieron justicia y reparación más allá del bien y del mal; cuestionando las acciones de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) que se había institucionalizado para su efecto, en medio del asesinato de los desmovilizados y de los líderes locales de las regiones objeto del proceso pero caídas en desgracia.

Eso llevó a la remilitarización de algunos de sus miembros, que entraron a fortalecer a los grupos como el ELN y el EPL que se habían negado a la negociación, junto a los ilegales como las Bacrim. Una situación, por demás, alimentada por la condición de la frontera venezolana a raíz de la crisis económica y social sumida en la incertidumbre.

El Catatumbo, por sus particulares condiciones estratégicas internas y binacionales, este escenario se manifiesta peor: de franco terror y de acciones de políticas públicas fallidas por parte del Estado.

3. El purgatorio: el posible uno

Salvo el galardón del premio Nobel de paz otorgado al expresidente Juan Manuel Santos, la saliente administración dejaba el futuro del país en medio de la desazón del proceso de paz, que solo significó el desarme de las FARC.

Los diálogos con el ELN se alimentaron –como un cuento de nunca acabar– con la frustración de los alcances de los posacuerdos, que llevaron a muchos militantes de la guerrilla a rearmarse ante la frustración de ver a su líderes extraditados, asesinados, y la reforma agraria en disposición de las manos de los poderes de los señores de la tierra.

Estos ahora obran a sus anchas en las zonas de los desmovilizados acompañados de las Bacrim, y, en disputa o en acuerdo con las grandes corporaciones empeñadas en invertir en el campo. Mientras el suelo patrio se sigue abonando con los despojos de quienes se resisten con su liderazgo al desplazamiento.

El proceso de diálogo entre el Gobierno, el ELN y demás actores del conflicto se mantiene en ascuas, itinerante por el mundo a través de sus voceros sin interés en sentarse a dialogar, hablando de una paz esquiva para un país preso del “sálvese quien pueda”; esto, a raíz de los costos sociales de la crisis del modelo socioeconómico que lo guía y que no encuentra cómo reactivarse.

En consecuencia se propicia, mantiene y fortalece la práctica clientelista y corrupta de jefes, caciques y caudillos de vieja data frentenacionalista a lo largo y ancho del país, pero que ahora involucra a los que antes no estaban, pero además, remozados por las coimas de los capitales internacionales referenciados en las experiencias de Reficar y Odebrecht, y al amparo de la impunidad judicial.

Además: Una propuesta para el Catatumbo desde la biopolítica.

El Catatumbo está convertido en una torre de Babel. Por sus lugares se cruzan las voces de discursos de muchas tonalidades académicas, políticas, civiles, militares, religiosas, insurgentes, de bandas criminales, de organismos internacionales y ONG, cuyos estudios, argumentos y razones sobre la paz y el conflicto se empatan y, en consecuencia, alimentan el uso de la fuerza de todos los pelambres para que decidan sobre su propio diálogo de terror y miedo.

Todo un desorden de voces altisonantes y sin sentido práctico, vociferando en medio de los llantos de los líderes asesinados y sus comunidades huérfanas y desplazadas que no encuentran, siquiera, a las viejas plañideras que les daban consuelo.

4. El limbo: el posible dos

Trece años después de los Acuerdos, un ambiente pasivo se vive en el país. A partir de 2018, los involucrados en el conflicto se sintieron silenciosamente derrotados, volviendo a sus andanzas por otros medios y con altas tensiones.

Los murmullos ocultos –casi hasta el silencio– y la distensión de una paz –propia de los sepulcros– cubre la atmósfera del Catatumbo al unísono con las demás regiones de su especie: Tumaco, El Chocó, los Llanos y el Cauca; mientras el resto del país lo ignora.

Una situación que rememora y da continuidad a la existente antes de firmar los memorables Acuerdos, pero que resultó una nefasta paz santista-uribista, que pasó sin pena ni gloria, pues aunque “todo había sido alentador en su momento, nada había sucedido”.

Así, nos encontramos con un país que avistando la primera mitad del siglo XXI sigue enterrado en los mismos abismos de las creencias, valores e intereses de una premodernidad que no ha podido superar.

¿Cuál de todos estos escenarios le parece el más posible para el Catatumbo en 2030?

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