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El aguacate y otras frutas tropicales, transformadas por una red de investigación

Los participantes de la Red fueron más de 40 investigadores, quienes trabajaron de la mano con estudiantes de pregrado y posgrado en Química, Farmacia, Biología, Agronomía e Ingeniería, pequeños y medianos empresarios y cultivadores de aguacate en el Carmen de Bolívar, entre otros integrantes.
 

Todos ellos, coordinados por la profesora Coralia Osorio, quien junto con el profesor Wilman Delgado, ambos del Departamento de Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), concibieron la red para obtener la anhelada financiación de Colciencias.
 

“Nos llegaban muchas solicitudes de servicios de extensión, necesitábamos atenderlos y también potencializar la investigación y no contábamos con equipos modernos ni con presupuesto, y pensando en que gastábamos la misma energía y tiempo en un proyecto menor cuantía, nos dimos a la tarea de aplicar a uno más robusto”, recuerda la profesora Osorio.
 

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El profesor Delgado encontró una convocatoria de 3.600 millones de pesos, en la que Colciencias, con base en un estudio económico, evidenció que en el país se debían priorizar las líneas de cosméticos, fitoterapéuticos y aseo, mediante la bioprospección. Esto implica hacer el estudio desde la ciencia básica, transformar la materia prima, escalar el proceso y obtener un prototipo de producto que se pueda comercializar en el mercado.
 

El programa Rifrutbio resultó ganador, con un valor total de 10.000 millones de pesos, incluida la contrapartida de las 9 entidades participantes: la UNAL y las Universidades de Cartagena, de Cundinamarca y Corpas; empresas privadas como Laboratorios QFA, Labfarve, y Alimentos Naranja Verde; y asociaciones de productores de aguacate del Carmen de Bolívar (Asproatemon) y Frutipaz en Cundinamarca.
 

En el marco del programa saltó al escenario el aguacate, un fruto de alta calidad nutricional que se produce desde hace muchos años en Carmen de Bolívar y cuyo cultivo se ha priorizado también en Nariño y el Cauca. Los docentes de la Universidad de Cartagena vinculados al proyecto conocían esta historia y empezaron a interactuar con la asociación local de productores.
 

El primer proyecto del programa, liderado por la profesora de Biología de la UNAL, Luz Marina Melgarejo, consistió en evaluar las condiciones agrofisiológicas de un cultivo de aguacate localizado en Pasca (Cundinamarca). Junto con el grupo de investigación del profesor Luis Enrique Cuca, del Departamento de Química, se adentraron en experimentos para identificar un hongo que combatiera la plaga Phytophthora cinnamomi, la cual destruía por la raíz y el tallo árboles con más de 50 años de producción de un aguacate nativo, cremoso. Se buscó hacer un biocontrol de plagas en un escenario de producción limpia.
 

Luego vino la caracterización del aguacate –una fruta rica en nutrientes y fitoquímicos–, a cargo del grupo de la profesora Luz Patricia Restrepo; el estudio molecular, realizado por la profesora Esperanza Torres, de Agronomía; el de fitoquímicos, por el profesor Luis Alberto Franco, de la Universidad de Cartagena, quien trabajó en citotoxicidad, y el del profesor Nelson Hurtado, de la Universidad de Nariño, quien junto con el profesor Álvaro Pazos evaluaron si los polifenoles del aguacate podían inhibir la bacteria Helicobacter pylori, que en 1994 fue declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como cancerígeno tipo I.
 

El aguacate se volvió así el centro de varios estudios científicos, para llegar al desarrollo de un producto para la industria cosmética, que fue la tesis de la Maestría en Ciencias Farmacéuticas de Mariana Henao Padilla, titulada “Contribución al estudio de formulación de un producto cosmético de uso capilar basado en aceite de aguacate”, dirigida por la profesora Yolima Baena, del Departamento de Farmacia de la UNAL.
 

En su trabajo, la estudiante de maestría de la UNAL buscó aproximarse a la formulación de un producto cosmético de uso capilar tipo emulsión, utilizando el aceite de aguacate como principal ingrediente natural y siguiendo lineamientos de composición establecidos por agencias internacionales de certificación de productos naturales.
 

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Una vez formulado el producto, se realizaron ensayos de funcionalidad in vitro, con el fin de seleccionar la formulación cuya composición resultó más promisoria para su evaluación in vivo mediante corneometría (capacidad humectante), sebumetría (nivel de grasa) y glosimetría (brillo).
 

Paralelamente, desde el Departamento de Ingeniería Química y bajo la instrucción del profesor Óscar Suárez, un estudiante trabajó en el diseño y la creación de un prototipo de equipo extractor del aceite de aguacate.
 

Este sistema, 100 % producción de la UNAL, extrae la cáscara y la semilla, despulpa la fruta y extrae el aceite.


Por la parte empresarial, Rafael Campo, egresado de la UNAL y propietario de Laboratorios QFA, con sede Cali, estuvo siempre atento a darle impulso al producto obtenido: la emulsión a base de aceite de aguacate para hidratar y nutrir el cabello. Como empresario, fue él quien registró el nuevo producto. La Universidad le facilitó el uso del extractor diseñado para obtener el aceite, él se encargó del diseño del empaque y de comercializar el producto.
 

“Esta alianza fue lo mejor, me sentí muy acompañado y apoyado y pusimos todo lo que estaba de nuestra parte en materia de recursos económicos y de infraestructura, esperamos que la alianza no termine con el proyecto que financió Colciencias, queremos crecer, ampliarnos a otros productos y de la mano de la Universidad lo vamos a lograr”, precisó el empresario Campos, quien lamenta que por falta de recursos no se haya podido escalar el prototipo del extractor, que sigue en la Universidad para prácticas de los estudiantes de Ingeniería Química, aunque para él es una herramienta prioritaria para seguir produciendo el producto.
 

Más frutas tropicales y productos en lista


El aguacate fue solo una de las líneas de estudio en el marco del proyecto desarrollado por la Red: “la estrategia inicial fue escoger seis cadenas productivas de frutas de alta productividad; de la familia de las solanáceas se seleccionaron lulo, tomate de árbol y uchuva, y de la familia de las pasifloras la gulupa y la curuba, las cuales se exportan a Alemania y Holanda, especialmente”.

Para el trabajo con estas frutas tropicales se tenían aliados desde los cultivos hasta la producción industrial, tales como laboratorios Labfarve, de la Universidad Corpas, la empresa Alimentos Naranja Verde, dedicada a deshidratar frutas, Disaromas y Nabla Ciencia en Movimiento. Estos últimos emprendimientos de egresados de la UNAL. Por la parte académica, también estaban las Universidades de Nariño y de Cundinamarca.
 

“Se logró obtener bastantes productos, pero no alcanzamos a escalar su producción”, señala la profesora Osorio aludiendo de nuevo a la falta de recursos económicos, condición prioritaria para sacar adelante estas alianzas productivas.
 

Con los laboratorios Labfarve, por ejemplo, se avanzó en la caracterización de pasifloras, para establecer la actividad ansiolítica de la curuba y la badea y desarrollar productos fitoterapeúticos; un proyecto liderado por el profesor Freddy Ramos del Departamento de Química de la UNAL.
 

También se desarrollaron barras alimenticias con actividad antihipertensiva in vitro, un vinagre gourmet a partir de la uchuva, y un detergente verde con enzimas obtenidas a partir de estas frutas.
 

“Estuvimos sintonizados con el programa hasta 2020, después de obtener dos prórrogas por varios motivos, entre ellos la pandemia por el COVID-19, pero hoy la Red ya no opera integrada, cada grupo sigue de manera independiente”, dice la profesora Osorio, cuya ambición es reintegrar la Red en algún momento, aplicando a otro proyecto de investigación, pues es enfática en que para mantenerla se necesita financiación interinstitucional.
 

En ese sentido, considera clave que las políticas en ciencia y tecnología no terminen con cada gobierno, sino que se mantengan. En ese sentido, destaca que, a raíz de la pandemia, en 2020 la mayoría de los recursos de Minciencias se enfocaron en estudios sobre COVID-19, de manera que los investigadores que trabajan en otras líneas quedaron excluidos de las convocatorias.
 

Resultados positivos


Al hacer la retroalimentación del proyecto desarrollado, la profesora Osorio menciona con orgullo que superaron los retos propuestos, pues se hicieron 10 prototipos de productos, se vincularon y graduaron 31 estudiantes de pregrado en Química, Biología, Farmacia y Agronomía de la UNAL y de otras universidades; 29 estudiantes de maestría, 6 de doctorado y un posdoctorado. Además se publicaron un libro, una cartilla, 40 artículos en revistas indexadas, se hicieron 4 cursos de actualización y varios talleres con los productores. Además, como otra ganancia, la mayoría de los grupos de investigación vinculados a Rifrutbio ascendieron en la categorización de grupos de  Minciencias.
 

Retomando la bioprospección del aguacate, la docente destaca que es fundamental la investigación, pero también se requiere el apoyo de las empresas para que las iniciativas se vuelvan realidad y los productos terminados lleguen efectivamente a la sociedad.
 

“Somos un país en vías de desarrollo que no va a avanzar si no tenemos visión a mediano y largo plazo”, advierte la docente de la UNAL y retoma ejemplos de países como Brasil, líder en investigación en Latinoamérica, donde se han impulsado investigaciones que aprovechan su rica biodiversidad y que han propiciado la creación y consolidación de empresas mundialmente reconocidas como OBoticario o Natura.
 

El potencial con las frutas tropicales es enorme, porque per se son productos alimenticios biofuncionales, ya que tienen fitoquímicos que ayudan a controlar o prevenir enfermedades asociadas con el estilo de vida, tales como la hipertensión, la diabetes y la obesidad, comenta la docente. Y todas, como en el caso del aguacate, deberían llegar a transformarse en productos que le brinden beneficios a la sociedad.

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