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Efectividad de la política monetaria en Colombia: de la contención a la incertidumbre

En especial, el entorno macroeconómico internacional, la situación de las finanzas públicas y la evolución de las expectativas inflacionarias generan inquietudes sobre el rumbo que pueden tomar las tasas de interés. Hasta ahora estas han sido proclives a la realidad del país en función de contribuir, no solo a reducir los efectos negativos sobre la actividad económica que esta nos ha dejado la pandemia, sino también a impulsar la recuperación del PIB y mantener la estabilidad macroeconómica.
 

El papel que han cumplido las medidas monetarias, de la efectividad para contener la crisis de liquidez que se anunciaba en los inicios de la emergencia sanitaria, bien se podría resumir a la incertidumbre que se vislumbra durante este segundo semestre y probablemente en 2022. En línea con lo anterior, capítulo aparte merece el comportamiento que ha tenido el crédito durante esta coyuntura. Tal como indican las cifras, su desempeño, además de modesto, no ha estado acorde con el importante flujo de masa monetaria que el Banco de la República le ha entregado al sistema financiero, el cual se ha visto reflejado en los niveles más bajos de tasas de interés en la economía colombiana en mucho tiempo.
 

La contención de la crisis


Es claro que las medidas implementadas para contener la crisis de liquidez que se esperaba como consecuencia de las medidas de encierro, aislamiento, cuarentenas y parálisis de la economía, como fueron: el aumento de los cupos de subastas por liquidez, el incremento en las operaciones REPOS (operaciones de venta de un activo financiero con un compromiso), la compra de TES y de reservas internacionales, la reducción sistemática de la tasa de interés de intervención y la disminución de los encajes bancarios, lograron su objetivo de mantener adecuadamente la liquidez del sistema financiero y de los hogares, el funcionamiento del sistema de pagos y de contribuir con la protección de las relaciones bancarias.
 

Puedes leer: El futuro que nos espera, según la regla fiscal en ciernes.
 

Para resaltar de todo este paquete de medidas, el esfuerzo del Banco de la República por bajar la tasa de intervención, llevando esta tasa de un nivel de 4,25 % antes de iniciar la pandemia, a un valor de 1,75 % al que se encuentra en la actualidad. Los mecanismos de transmisión de la política monetaria en función de esta medida lograron un repunte transitorio en materia crediticia en los tres primeros meses de inicio de la pandemia, creciendo a un ritmo cercano al 10 %. Sin embargo, después de este periodo, y pese a los bajos costos para el sistema financiero del suministro de liquidez por parte del Emisor, el crecimiento del crédito se desaceleró alcanzando un valor por debajo del 1 % al cierre de abril de 2021.
 

En suma, si bien al cierre de 2020 la economía colombiana registró la tasa de crecimiento del PIB más baja en la historia de las estadísticas de este indicador: -6,8 %, resultado del impacto de la parálisis de la economía por la emergencia sanitaria, las acciones implementadas por las autoridades monetarias evitaron un colapso mayor, no solo porque lograron contener los efectos de una corrida bancaria, sino que también evitaron una profunda devaluación del peso.
 

La incertidumbre reciente


Las condiciones del entorno internacional, los problemas de orden público derivado del complejo panorama social, la dinámica del proceso de apertura total de la economía y las dificultades fiscales asociadas con el mayor gasto social y el aumento de la deuda pública para amortiguar los impactos negativos de la pandemia, vienen introduciendo ruido a la efectividad de la política monetaria, sobre todo en materia de expectativas inflacionarias y del comportamiento del crédito.

Con respecto al panorama internacional, dos hechos en especial pueden tener una mayor incidencia sobre el rumbo que pueda tomar la política monetaria doméstica en el corto y mediano plazo. De un lado, el despegue de la economía mundial a medida que se vienen amortiguando los problemas derivados de la pandemia, además de la recuperación del comercio internacional, viene mostrando alzas importantes en los precios de las materias primas que afecta los mayores costos de producción de los bienes importados y de los fletes, poniendo en riesgo las posibilidades de la estabilidad de los precios internos.
 

Puedes ver: Calificadoras de riesgo: ¿qué son y por qué son relevantes?.
 

Por otra parte, el cambio de perspectiva de la política monetaria en los Estados Unidos asociado con los mayores riesgos inflacionarios que se observan en dicho país, puede marcar un cambio de rumbo en las condiciones financieras internas ante la posibilidad de un endurecimiento de las tasas de interés en esta economía. Por ser la economía colombiana tomadora de precios internacionales, una de las mayores afectaciones de esta normalización monetaria en la economía norteamericana estaría vinculada con fuertes presiones sobre el precio del dólar en el país, mayores expectativas inflacionarias y aumentos en las tasas de interés domésticas.
 

A nivel interno, más allá del rebrote inflacionario de naturaleza transitoria que se generó por la tensión social y los problemas de orden público en los meses de mayo y junio del año en curso, los riesgos de cambios en la postura de la política monetaria están asociados, principalmente, con la situación de las finanzas públicas y en menor medida por la expansión de la demanda interna. La reducción de la calificación de la deuda soberana y la pérdida de grado de inversión del país a consecuencia del aumento en la deuda pública y del mayor déficit fiscal, condiciona la posibilidad de seguir manteniendo laxitud monetaria ante la presión que ejercen las calificadoras internacionales de riesgo sobre las primas por riesgo país, las cuales guardan relación directa con una mayor devaluación del peso y con aumentos en las tasas de interés de la deuda.
 

¿Qué pasa con el crédito?


Pese a la reducción prolongada de la tasa de interés de política en esta coyuntura, el comportamiento que viene registrando la cartera total del sistema financiero genera incertidumbre sobre la plena transmisión de la política monetaria en materia crediticia. Exceptuando el quiebre reciente en la tendencia de la cartera en mayo y junio, el descenso prolongado que se observa desde el segundo semestre de 2020 y en parte de 2021, revela, a la par de las dificultades de la coyuntura y la magnitud de la crisis generada por la pandemia del COVID-19, importantes problemas de asimetrías de información en los procesos de colocación del crédito, lo cual le resta efectividad e incertidumbre a la política monetaria (gráfica 1).
 

Gráfica 1. Cartera total del sector financiero. Promedios móviles de orden 4 (Variaciones anuales)1

Frente a este panorama, más allá del efecto positivo de los planes de apoyo a deudores que contribuyeron a reducir los efectos que provocaron la caída de los ingresos de las empresas y la demanda por crédito; el fin de estos alivios, el alto desempleo y la fragilidad de la recuperación en 2021, han limitado las posibilidades de expansión crediticia del lado de los agentes económicos. Sin embargo, las mayores dificultades al parecer están centradas en la dinámica que registra la oferta por crédito la cual es responsabilidad de las Instituciones financieras.
 

En este caso, la hipótesis principal corresponde al incremento de la cartera en mora y de las provisiones como resultado del retiro de los alivios a los deudores y del lento despegue de la actividad económica que impide una adecuada planeación financiera de los usuarios. Esta situación en un escenario de elevada incertidumbre promueve las denominadas asimetrías de información en el sector financiero basadas en los problemas de selección adversa y riesgo moral, los cuales inciden en los canales de selección, asignación y pago de los créditos, afectando la real disponibilidad para prestar por parte de las entidades financieras.
 

Al respecto, la selección adversa se da ante la falta de buenas garantías para respaldar los créditos, en cuyo caso los clientes que tienen mayor grado de aversión al riesgo por el posible impago de los créditos que solicitan, quedan por fuera del sistema en vista de que las instituciones crediticias no tienen una adecuada información sobre el grado de riesgo de éstos. El riesgo moral por su parte, se materializa en los tenedores de los créditos, éstos, ante el complejo panorama económico y la caída de los colaterales (garantías), incumplen el pago de las obligaciones crediticias.
 

La respuesta de la política pública para mitigar estas asimetrías está por el lado de las garantías que provienen del Fondo Nacional de Garantías –FNG-. Según el Ministerio de Hacienda, en esta coyuntura de crisis e iliquidez, cerca de $21,8 billones se han invertido para el respaldo de las diferentes líneas de crédito a través de recursos provenientes del Fondo Nacional del Ahorro (FNA) y del Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario (Finagro). No obstante, pese a este esfuerzo, la evolución mostrada por la cartera total del sistema financiero, no permite disminuir la intensidad de las asimetrías de información en términos de mejorar la oferta crediticia. En este sentido, el perfil conservador para la asignación de los préstamos por parte de las instituciones financieras, al parecer, en algunos sectores empresariales y modalidades crediticias, viene siendo más importante que las necesidades de liquidez de las empresas y los hogares para superar los efectos negativos derivados de la crisis.
 

Todo lo anterior fortalece la hipótesis de la incertidumbre frente al perfil que pueda asumir la política monetaria impulsada por el Banco de la República. Si bien el contexto macroeconómico actual puede ser determinante para una postura más restrictiva reflejada en la probabilidad de que se aumenten las tasas de interés para contener las mayores expectativas inflacionarias; preocupa que, ante un escenario de esta naturaleza, el lento despegue que muestra la dinámica crediticia en los dos últimos dos meses se vea truncada y se retome la tendencia decreciente del último año.
 

Siendo el crédito uno de los canales que sirven para evaluar los mecanismos de transmisión de la política monetaria, las posibilidades de impulsar una recuperación sostenida de la economía por esta vía pueden resultar inciertas. De igual forma, la falta de solidaridad del sector financiero para impulsar una agresiva colocación del crédito reduciendo las asimetrías de información con sus clientes, acrecientan más la incertidumbre.

 


1 Fuente: Banco de la República. Estadísticas monetarias y cambiarias. Semana no 26 de 2021. https://www.banrep.gov.co/sites/default/files/estadmc262021.pdf

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