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Educación pública, una deuda de más de dos siglos

A pesar de que la educación era considerada como uno de los medios más poderosos y seguros para consolidar la libertad y la independencia, su financiación estuvo bajo la responsabilidad de los mismos ciudadanos y los resguardos indígenas de la época.


Así lo revela una revisión histórica de diarios, legislación, discursos, informes de burócratas, memorias, prensa, catecismos políticos, manuales de educación, diarios de viaje, correspondencia y cuadros de costumbres del periodo, que muestra cómo la educación del siglo XIX cumplió una función principal de doble efecto, al servir de estrategia fundamental para la invención de la República y para transformar al nuevo ciudadano.


La investigación del doctor en Ciencias Humanas y Sociales, John Jairo Cárdenas Herrera, del Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y miembro del Grupo de Investigación Prácticas Culturales, Imaginarios y Representaciones, hace un primer acercamiento con la intención de rescatar las dinámicas locales y el conjunto de iniciativas de las escuelas de primeras letras en Colombia, que tuvieron su inicio en la Provincia de Bogotá, hoy el departamento de Cundinamarca.


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Financiamiento de la educación en manos de las comunidades


Según la investigación, el Gobierno republicano –que apenas se eligió en 1819– tenía un gran vacío económico, debido a que invirtió mucho dinero en la guerra durante los primeros años de la República, hasta 1824, cuando terminó la guerra en el sur del continente con España.


Por tal motivo, el Gobierno de turno depositó la responsabilidad de la financiación de la educación en las comunidades. Fueron estas las que pagaron por las primeras escuelas y el sueldo de los maestros, particularmente los resguardos indígenas, a quienes el Gobierno les ordenó repartir sus tierras entre las familias de su comunidad y dejar una porción que sería arrendada, con el fin de que esos recursos sirvieran para la construcción de escuelas y maestros, que por ley debían funcionar dentro de las parroquias.


“Las comunidades indígenas fueron fundamentales para la elección del primer sistema educativo colombiano en términos de financiación, y en las zonas en las que no había indígenas se realizaba un censo de la población y se dividía el pago del maestro en el número de familias que allí existiera”, señaló el doctor Cárdenas.

A finales del periodo colonial en todo el país había alrededor de 86 escuelas, con unos 1.500 estudiantes, mientras que para 1832 –diez años después– solo en la Provincia de Bogotá había cerca de 15.000 estudiantes contabilizados que asistían a la escuela de las primeras letras, como resultado de estas iniciativas. En ese sentido, la investigación evidencia un gran contraste entre lo que había para el periodo colonial y lo que había en 1832, esto como resultado de los esfuerzos de la República por construir espacios educativos y una ciudadanía.
 

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Dentro de las aulas


La investigación determinó la existencia de prácticas interesantes que se daban dentro de las aulas de clase, como por ejemplo que no se separaban a los niños por edades ni grados, sino que todos se reunían con un solo maestro por escuela, lo que permitía ahorrar costos. Este sistema de educación se basaba en monitores –los niños más destacados–, quienes enseñaban a través de círculos de lectura y estudio a sus demás compañeros.
 

Se dictaban ocho clases, según su nivel de conocimiento más que por la edad; mediante la mnemotecnia (aprendizaje de memoria) se abarcaban la aritmética básica, elementos básicos de geografía, y fundamentalmente las virtudes ciudadanas, la disciplina, catecismos políticos, preguntas con respuestas concretas (tomadas del modelo catequístico de tradición católica, para adoptar costumbres y virtudes republicanas) y la examinación pública.


Esta última en particular se usaba no solo para dar constancia de que los niños aprendían las virtudes cívicas, sino para que la población escuchara cuál era esa nueva moral republicana que el Gobierno estaba promoviendo, lo cual tenía un doble efecto educador, pues no solo se evaluaba a los niños, sino que la población era testigo de lo que ellos respondían.

Una crisis educativa desde siempre


Uno de los grandes legados republicanos en Colombia es la educación pública, a pesar de que esta no fue financiada por el Estado, es decir que las autoridades republicanas desde entonces tienen una deuda histórica con la población colombiana, y es la financiación de la educación.


Para el profesor Francisco Ortega, de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNAL, la crisis de la educación pública contemporánea siempre ha existido y en ella el Estado no ha tenido elementos para crear un sistema de educación pública.


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“Hoy en día hay que entender que hubo un proyecto educativo que de alguna manera entusiasmó simultáneamente a los actores tanto del orden local como nacional, y que resultó en una transformación enorme, pero que no duró lo suficiente, pues para finales de la década de los treinta y hasta los setenta, el sistema educativo enfrentó una crisis de la que no se pudo recuperar”, afirmó el profesor Ortega.


Resalta además que a pesar de la falta de recursos en el país se logró crear un sistema educativo lo suficientemente significativo para que tuviera una cobertura casi nacional, y que ese momento de hace 200 años debe ser el espejo en el cual el país se debe mirar hoy, para entender que todavía en Colombia sigue sin haber un sistema y una cobertura educativa de calidad, pública y de orden nacional.


La investigación del doctor Cárdenas se enfoca en las escuelas primarias, ya que en ellas se forjaron los ciudadanos del periodo. Así mismo, localiza esos esfuerzos más allá de los actores de élite, discursos e intenciones, para entender esas dinámicas locales, en las que se evidencia que la construcción de una ciudadanía ocurre gracias al fortalecimiento y el acceso universal y gratuito a una educación pública, en la cual los estudiantes no solo adquieren las facultades necesarias para ser ciudadanos, sino también aprenden el valor de la igualdad de los colombianos.

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