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Edificios Esso y Guadalupe, una demolición que se podría evitar

En el barrio Sagrado Corazón de la localidad de Santa Fé –entre las carreras séptima y octava y las calles 36 y 37– se encuentran los edificios Esso y Guadalupe. Quienes pasen por la acera del Parque Nacional Enrique Olaya Herrera, un sector con gran actividad diaria, y mire hacia el frente, verá estas edificaciones de corte arquitectónico internacional, un estilo que estaba en furor hacia los años 50 y que fueron construidas por mano de obra nacional.
 

El Edificio Esso (actual edificio CAR) fue creado para las oficinas de la Esso Oil Company, tiene cuatro fachadas y su base como una plataforma le da un aspecto relevante frente a la mayoría de los edificios del sector que solo cuentan con una, dos o hasta tres fachadas. Actualmente pertenece a la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), aunque las oficinas de esta Corporación se trasladaron al Centro Comercial Gran Estación.
 

Por su parte el Guadalupe es un edificio más sencillo que fue construido para las oficinas de Ecopetrol y ahora pertenece a la Universidad La Gran Colombia, la cual tiene algunos pisos para dictar clases y algunas oficinas, entre otros propósitos universitarios, pero no está siendo usado por completo.
 

El plan parcial de renovación urbana CAR–Universidad Libre (P.P.-CAR-UL), de la Secretaría Distrital de Planeación, proyecta demoler dichas edificaciones para construir torres de 27 y 38 pisos. Estos planes se enmarcan dentro de lo que se reconoce como un enfoque demoledor en la arquitectura, el cual considera todo lo existente como obsoleto, falto de valor y deficiente.
 

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El problema de este plan es que considera más efectivo demoler los edificios para agregar metros cuadrados de oficinas a un sector donde este uso genera gran cantidad de población flotante, que presenta áreas libres de este uso disponibles, y que, por el contrario, tiene un área mínima de vivienda.
 

La investigación realizada por la arquitecta Duffay Gutiérrez Paz, magíster en Arquitectura de la Vivienda de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, señala que este proyecto tiene otras alternativas, y se debe considerar que, por medio del reciclaje, el uso para vivienda puede ser acogido por los dos edificios existentes.
 

¿Reciclar edificios?


Aunque desde hace mucho tiempo hemos escuchado la palabra “reciclaje”, casi siempre está relacionada con productos de consumo como botellas y papel, entre otros elementos de uso diario. No es común hablar de reciclar una edificación, pero el concepto es en esencia el mismo: usar el mismo material para crear cosas nuevas.
 

En el caso de las edificaciones, se buscan las cosas importantes –como la estructura portante (vigas, columnas o muro)– que pueden servir de base para crear nuevos espacios que le aporten al usuario una calidad de vivienda diferente a la que se puede encontrar en proyectos nuevos, que suelen ser deficientes en espacialidad y opciones.

Para hacer esto se debe tener sensibilidad tanto estética y artística como hacia el sector. Cuando un edificio se vuelve cotidiano, se convierte en paisaje hasta el punto de que parece invisible ante nuestros ojos. “Nos ha pasado a todos los que caminamos por Bogotá: cuando un edificio desaparece y lo que crean no es tan amable tanto para el usuario que lo va a vivir como para el peatón, ahí es cuando uno empieza a extrañar lo que existía”, resalta la arquitecta Gutiérrez.
 

No se quiere decir que la única solución es reciclar y que ningún edificio se puede tumbar: se trata de darle una vida extra para evitar la desaparición de un edificio que puede tener calidades espaciales que le sirven tanto al usuario como al sector, como en el caso de los edificios Esso y Guadalupe.
 

Dicha práctica se enmarca dentro de un enfoque conservacionista que considera lo existente en un lugar como el germen de una nueva propuesta, dando valor a cada atributo, descubriendo y valorando su existencia e historia.

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Análisis del panorama local


Actualmente en Bogotá y en muchas ciudades del país existen edificios que presentan el problema de estar subutilizados, abandonados o cambiando a unos usos que no son los más convenientes para las edificaciones ni para el área donde se encuentran ubicadas.


Esta investigación, dirigida por el profesor Alberto Iván Correa, de la UNAL Sede Bogotá, empezó con el análisis de edificaciones abandonadas en la ciudad pero que incluyeran sectores ricos espacial y urbanísticamente. Allí se eligieron los dos edificios Esso y Guadalupe.

Con dicho análisis se empezó a revisar si era posible que la vivienda le aportara algo al sector, y el sector a la propuesta de vivienda, pues no se trata de reciclar por reciclar, sino de darle una razón de ser al proyecto. Aunque es probable que estos edificios se tumben por aspectos económicos como el de construir un mayor número de unidades para generar mayor rentabilidad, la investigación de la arquitecta Gutiérrez busca sentar un precedente de análisis en el que se demuestre que sí es posible y valioso pensar en otras alternativas que, entre otras cosas, disminuyen la generación de desechos.


Un ejemplo de ello es la Calle del Sol, que fue un edificio del movimiento gótico, reconocido por tener unos espacios muy altos y amplios. El arquitecto que lo intervino, Arturo Robledo Ocampo, decidió usar este estilo para crear unos apartamentos dúplex, muy cómodos y generosos con el usuario.

 

Viabilidad de reciclaje


En términos cuantitativos, hacer un edificio puede costar lo mismo que hacerle un reforzamiento estructural. Sin embargo esto es muy relativo, y para conservar es necesario hacer un estudio previo de los sectores a intervenir, pensando exclusivamente en las potencialidades, dejando a un lado el factor económico, ya que siempre prevalece la rentabilidad del proyecto sobre el bienestar de los sectores a intervenir y sobre el usuario.
 

En este punto se necesitan políticas públicas que apoyen el análisis de los sectores antes de ser intervenidos.


Con esta investigación se demostró que estos dos edificios son importantes para el sector y que es posible determinar que traer vivienda al sector enriquece y complementa los usos actuales de oficina. Por ejemplo, el área libre del predio del edificio Esso, donde inicialmente funcionaban los parqueaderos, puede acoger nuevas edificaciones que complementen este uso, siempre y cuando se respeten el lenguaje del sector y la identidad urbana y arquitectónica.
 

Aunque en este momento hay varias solicitudes frente a la Corporación La Candelaria y otros entes de conservación de Bogotá para que los edificios no sean demolidos, al parecer esta decisión es inminente.
 

Aunque existen muchas formas de crear vivienda, la investigadora Gutiérrez propone hacerlo por medio del reciclaje, y recalca el valor y la importancia que tiene el “mirar lo que existe antes de crear algo nuevo”.

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