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Contaminación ambiental y cambio climático: otras dos amenazas actuales

Las noticias no paran de llegar y muestran un panorama inquietante. Han surgido diferentes variantes del virus SARS-CoV-2 que se extienden por el planeta y causan desazón, lo cual atenúa el optimismo generado por el despliegue de los procesos de vacunación; las condiciones de vida de la mayoría de la población son precarias y la situación no parece que vaya a cambiar en un corto plazo.
 

Paulatinamente ha regresado la conciencia de que existen muchas otras enfermedades, aparte del COVID-19, que siguen aquejando a la humanidad; mientras que los incendios en Canadá, las inundaciones en Alemania, y las sequías en Afganistán y Madagascar, muestran los cambios climáticos que han estado sucediendo desde hace varios años. Y los colombianos aún mantenemos en el recuerdo la devastación ocurrida en la isla de Providencia, hace unos pocos meses, debida al huracán Iota.
 

De la pandemia he estado hablando regularmente, dado que ese ha sido el eje de mis columnas en el periódico, y la sindemia también ha sido abordada en dos columnas previas1, así que no haré comentarios frente a ellas. Pero la contaminación y el cambio climático requieren una más amplia reflexión, por su importancia y actualidad, así que me ocuparé de ellos en esta columna.
 

Un mundo tóxico


Antes de la actual pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) había hecho un llamado para afrontar diez grandes desafíos para la salud en el mundo, lo que orientaba su plan estratégico quinquenal iniciado en 2019. Entre estos, la contaminación del aire resalta por su magnitud y prioridad, por lo cual dicha organización aseguró que “nueve de cada diez personas respiran aire contaminado”2 lo cual tiene un gran efecto en la salud de la población mundial.
 

Se estima que esta contaminación es el primer factor ambiental que contribuye a la carga mundial de morbilidad y su principal causa es la quema de combustibles fósiles aunque, por supuesto, existen otras causas que participan en el problema. Si bien la pérdida de calidad del aire es un asunto que nos afecta a todos, tanto los daños como los niveles de exposición suelen ser diferenciales según grupos sociales y áreas geográficas, como suele ocurrir en la mayoría de los problemas en salud pública.
 

Es ampliamente reconocido que las personas y familias que residen cerca de carreteras o recintos industriales suelen estar expuestos a niveles mayores de contaminación ambiental exterior, mientras que aquellas que usan combustibles sólidos como fuente de energía doméstica suelen ser las más afectadas por la contaminación ambiental en espacios interiores. Y se estima que la mayoría de las ciudades de los países de bajos y medianos ingresos no cumplen con los estándares internacionales de calidad del aire3.
 

El problema es de tal envergadura que, según los estimativos, entre 6 y 7 millones de personas mueren cada año de forma prematura por enfermedades relacionadas con la contaminación del aire y las pérdidas económicas relacionadas son enormes, del orden del 6 a 7 % del PIB mundial, aunque su contabilización no se ha establecido por completo4.
 

Muchos sectores de la producción producen contaminación pero cabe tener en mente que, tal como se menciona en la sexta edición del Informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el de producción de electricidad y combustibles es el sector antropogénico emisor más grande de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), dióxido de azufre (SO2), compuestos orgánicos volátiles distintos del metano (COVNM) y el principal emisor de otros contaminantes atmosféricos.
 

Cabe decir que la contaminación del aire es sólo un aspecto de la desastrosa situación ambiental que padecemos. No hay que olvidar la contaminación del agua, la afectación de la capa de ozono y la exposición permanente a sustancias tóxicas ya sea por medio de los alimentos o por alguna otra vía.
 

Según el ya mencionado informe del PNUMA, una amplia gama de prácticas agrícolas y ganaderas alteran el ciclo del nitrógeno y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), y aumentan la contaminación por fertilizantes y pesticidas, lo cual favorece la pérdida de biodiversidad y la degradación de los suelos. Se estima que la agricultura, la silvicultura y otros usos del suelo contribuyen en un 25 % a las emisiones globales de GEI. Aunque en este aspecto existe un fuerte desequilibrio entre los llamados países desarrollados y aquellos considerados en desarrollo (eufemismo que, en algunas oportunidades, suele usarse para identificar países pobres expoliados por los primeros).
 

Esta contaminación inclemente por diversas sustancias tóxicas afecta de un modo notable los ríos y mares, con lo cual la contaminación marina también resulta un enorme problema. En las diversas fuentes y depósitos de agua se encuentran todo tipo de sustancias, desde plaguicidas y bolsas plásticas hasta electrodomésticos y medicamentos. Se estima, por ejemplo, que cada año se vierten al océano entre 5 y 12 millones de toneladas de plástico, lo cual es una cifra alarmante5.
 

Todo esto, y algo más, configura el desastre ambiental de cada día, el cual se debe a la forma de vida que los humanos hemos privilegiado durante las últimas décadas, cuyo eje se encuentra en un modo de producción explotador, acumulador y agresivo, unido a un modo de consumo insaciable, derrochador y obsesivo. Así, la contaminación que vivimos es una consecuencia del modo de producción y consumo que hemos adoptado los humanos. Y esto no solo altera la forma de relación entre las diversas especies biológicas, sino que impacta profundamente el entorno ambiental del planeta.
 

La polémica en torno al cambio climático


Uno de esos impactos tiene que ver con el cambio climático; término acuñado para describir las transformaciones del sistema climático terrestre en períodos largos y que hoy en día adquiere gran importancia debido a que vivimos una de esas transformaciones. Pese al escepticismo presente algunas décadas atrás, hoy muy pocas personas informadas parecen dudar de que existe ese cambio. El deshielo en las zonas polares, la intensificación de los incendios forestales, las oleadas de calor en algunas regiones, las inundaciones en otras y las sequías en algunas más, parecen habernos convencido de que el cambio climático es una realidad.
 

Pero lo que sí provoca gran discusión y polémica es si ese cambio se debe a la acción de los humanos. Lo que suele llamarse la causa antropogénica del cambio climático. El tema es complejo, delicado y conlleva la dificultad de establecer una específica atribución causal. Y ello, en algún momento, polarizó a la comunidad científica aunque, es necesario decirlo, cada vez es más fuerte el acuerdo entre los expertos para asumir que el actual cambio climático tiene causas antropogénicas.
 

Este acuerdo se manifiesta en el reciente Informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en el cual algo más de 200 expertos provenientes de 66 países concluyeron tras tres años de trabajo, que: por una parte, el ritmo del calentamiento del planeta experimentado en los últimas décadas no tiene precedentes en, al menos, los últimos 2 mil años y, por otra parte, que ya existe una abrumadora evidencia de que los seres humanos hemos influido en el cambio climático6.
 

El IPCC da un muy fuerte respaldo a la idea de que el cambio climático que vivimos, y padecemos, tiene causas antropogénicas. Y las pruebas, según mi criterio, son contundentes. Pero, a pesar de este acuerdo respaldado por una labor de revisión de varios miles de artículos científicos, el debate no está zanjado debido a que aún existen ciertas dudas y algunos expertos sostienen que aún no hay datos suficientes para establecer la conclusión que sale del informe.
 

Esta discusión ha estado presente en el correo profesoral de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), espacio de intercambio de opiniones de todo tipo entre colegas. Allí, en algunas ocasiones ha aparecido el tema del cambio climático y el debate ha sido álgido. En general, el protagonismo lo han tenido profesores de física, geología e ingeniería, aunque también han participado químicos, bioquímicos, biólogos, y algunos otros. Más recientemente, los profesores de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales han participado en la discusión, desde la perspectiva del derecho ambiental.
 

Durante el último mes y medio el intercambio ha sido intenso y si bien la mayoría de quienes hemos participado de algún modo, aquí me incluyo, sostenemos que lo presentado en el Informe del IPCC es más que razonable dada la evidencia acumulada, otros colegas han insistido en que no es suficiente. Resalto los cuatro puntos centrales que han sido esgrimidos por ellos y que mantienen la polémica interna: 1) El calentamiento terrestre ha ocurrido en otras oportunidades, sin ninguna intervención humana y el actual se remonta a unos 9 mil años; 2) No es descartable el peso que tienen fenómenos naturales asociados al efecto solar y la inclinación terrestre; 3) Todavía no sabemos qué tanto CO2 proviene de la actividad humana y, sin ese dato, es imposible determinar que los humanos somos responsables del calentamiento global; 4) El consenso entre los científicos ha sido estimulado (y aún forzado) por intereses políticos.
 

Estos puntos ya han sido contemplados y rebatidos por otros expertos7 y fueron considerados por quienes elaboraron el informe del IPCC pero, ciertamente, la polémica continuará y nuevas evidencias deberán entrar en juego para confrontar algunos de los argumentos que enfrentan a los miembros de la comunidad científica. Es claro que el debate ilustra la complejidad propia del quehacer científico y su plena inserción en dinámicas sociales más amplias. Por lo pronto, y pensando como salubrista, considero que el cambio climático está imbricado, íntimamente, con la contaminación ambiental y ambos problemas se entretejen con la actual situación sindémica que conlleva la sinergia que se establece entre COVID-19 y las demás epidemias existentes. Lo cual, sin lugar a duda, configura un escenario amenazador frente al cual debe actuar la salud pública del presente.

 


1 http://unperiodico.unal.edu.co/pages/blog/detail/hoy-vivimos-mas-que-solo-una-pandemia/;   http://unperiodico.unal.edu.co/pages/blog/detail/una-sindemia-es-mejor-o-peor-que-una-pandemia/

2 https://www3.paho.org/hq/index.php?option=com_content&view=article&id=14916:ten-threats-to-global-health-in-2019&Itemid=135&lang=es 

3 https://www.paho.org/es/temas/calidad-aire; https://www.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/la-contaminacion-otro-indicador-de-la-desigualdad-opinion-371256

4 https://www.unep.org/es/resources/perspectivas-del-medio-ambiente-mundial-6

5 https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/2017/10/del-oceano-al-grifo-la-contaminacion-del-agua-nos-afecta-todos; https://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/12/121210_ciencia_medicamentos_oceano_dp

6 https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg1/downloads/report/IPCC_AR6_WGI_SPM.pdf; https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2021-08-09/el-gran-informe-cientifico-sobre-cambio-climatico-responsabiliza-a-la-humanidad-del-calentamiento-y-el-aumento-de-fenomenos-extremos.html

7 https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/8-argumentos-ante-negacionistas-cambio-climatico_14979/8; https://library.wmo.int/doc_num.php?explnum_id=10127; https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2015-11-30/argumentos-de-los-negacionistas-del-cambio-climatico_1109578/

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