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Catastro multipropósito: clave para el desarrollo económico de Colombia

En los últimos años en el país se ha puesto al orden del día la discusión sobre el catastro multipropósito, una condición indispensable para el desarrollo económico y el instrumento fundamental para dar el salto hacia la modernidad, sobre todo en el sector rural. 

 

Antes de abordar los retos que enfrenta el país al respecto, vale la pena precisar qué es el catastro multipropósito. El Departamento Nacional de Planeación (DNP) lo define así: “un catastro multipropósito, que trasciende el enfoque fiscal tradicional, se caracteriza por ser un registro sistemático, actualizado y permanente de la información física, jurídica, económica y territorial de los predios, consistente con el sistema de registro de la propiedad”.

 

De lo anterior se puede afirmar, en primer lugar, que el catastro multipropósito no se agota en lo fiscal, sino que va más allá. A nivel micro, es la condición necesaria para definir los derechos de propiedad, y desde el punto de vista meso (medio), se convierte en una pieza central del ordenamiento del territorio.

 

Actualización catastral: una urgencia latente

 

En el país, cerca del 60 % de los predios tiene información catastral desactualizada, el 28 % del área no tiene ningún tipo de catastro y solo el 6 % cuenta con datos actualizados. En estas condiciones, la preocupación por el catastro multipropósito se justifica por cinco razones.

 

La primera es consecuencia directa del conflicto colombiano. El desplazamiento forzado ha puesto en evidencia, de forma dramática, la ambigüedad y la poca transparencia de los derechos de propiedad. 

 

En los acuerdos de La Habana se priorizó la solución de los problemas agrarios, entre ellos la restitución, y este proceso ha sido complejo, entre otras razones por la confusión en la definición de las propiedades.

 

La segunda razón tiene que ver con la preocupación ambiental y la necesidad de ordenar el territorio. Es un hecho que de manera lenta se ha ido avanzando hacia la delimitación de los páramos, los baldíos, las reservas, los bosques, las reservas campesinas, etc.

 

Además, el conflicto entre la aptitud de los suelos y su uso sigue siendo notorio. Para ordenar el territorio es indispensable precisar la frontera agrícola, el borde de las ciudades, y las áreas protegidas, y este ejercicio se facilita con la información catastral.

El problema de la productividad del campo

 

La tercera razón está estrechamente ligada con el desarrollo del sector agropecuario, en ese sentido, las condiciones productivas del campo colombiano son premodernas y su estructura es ineficiente y desigual.

 

Una de las expresiones más evidentes de la crisis del campo es el aumento de la importación de alimentos básicos, que hoy está alrededor de los 15 millones de toneladas al año. En los últimos meses, con la devaluación del peso, el costo de los alimentos se ha incrementado de manera significativa.

 

Es por ello que la modernización del campo exige un replanteamiento de la distribución de la tierra. Según el Censo Nacional Agropecuario de 2014, apenas 270 propietarios tienen fincas de más de 10.000 hectáreas que ocupan 26.769.566 hectáreas, equivalentes al 44,1 % del área censada. 

 

En contraste, en el otro extremo de la distribución se encuentran 777.493 productores que poseen fincas de menos de media hectárea, arrinconados en 108.037 hectáreas, que representan el 0,2 % del área censada. 

 

Es evidente que la propiedad está mal distribuida. Esta elevada concentración de la tierra, con un coeficiente de Gini de 0,92 %, se traduce en una proliferación de microfundios improductivos.

 

El catastro multipropósito permite conocer al detalle la distribución de la propiedad, de tal forma que se les haga un seguimiento regular y sistemático a los cambios en la concentración de la tierra. 

 

En las mediciones de productividad se debe tener claridad sobre el valor de la tierra, y este ejercicio es posible si se conoce el valor del suelo. El catastro multipropósito ayuda a determinar la productividad del predio.

 

Además, la poca claridad sobre los derechos de propiedad dificulta el mercado de tierras, y su estímulo es una cuarta razón para impulsar el catastro multipropósito.

 

En Colombia, el mercado de tierras se enfrenta a numerosos obstáculos, y uno de ellos es la falta de transparencia en la definición de la propiedad. Los procesos de compraventa exigen que los derechos sobre la propiedad estén bien definidos.

 

El mercado del suelo es más transparente cuando se conoce el precio. Gracias al catastro es posible consolidar información sobre las dinámicas de los precios del suelo en las zonas urbano y rurales.

El reto en materia fiscal

 

La quinta razón es de orden fiscal. El tema tributario se puede ver de dos maneras: la más convencional centra la atención en el recaudo y la otra mirada pone el énfasis en las relaciones factoriales.

 

Con excepción de las grandes ciudades y algunas intermedias, el recaudo derivado de los impuestos prediales es relativamente bajo, y ello se explica porque el catastro está desactualizado y porque la tarifa efectiva es baja. 

 

El catastro multipropósito ayuda a corregir el primer problema, y puede contribuir a elevar la tarifa, ya que en los predios rurales la tarifa efectiva del impuesto predial si acaso llega al 3 por mil en promedio.

 

La segunda dimensión de la tributación va más allá del recaudo y tiene que ver con la relación entre los factores de producción. Los impuestos se pueden diseñar de tal manera que incentiven determinados comportamientos. Por ejemplo, si la finca es improductiva, se le cobraría un predial elevado, como sucede en las áreas urbanas con los lotes de engorde (terrenos urbanizables no urbanizados y terrenos urbanizados no construidos). Si la finca tiene ganadería intensiva, se le podría cobrar, por ejemplo, un predial del 15 por mil.

 

Para ir más lejos, se puede obligar a los privados a que contribuyan con la actualización catastral. 

 

Para conseguir este objetivo, algunos autores consideran que el Estado debe tener las facultades para expropiar, pagando un monto equivalente al valor catastral definido por el propietario.

 

Por las razones señaladas el catastro multipropósito debería ser una prioridad. En Colombia la actualización del catastro es un proceso que avanza lentamente. Hay numerosos intereses políticos que entorpecen el camino. La confusión en los derechos de propiedad ha favorecido a los terratenientes y ha facilitado la minería ilegal, la deforestación y la apropiación indebida de la tierra. 

 

La persona que está ocupando un baldío no tiene ningún interés en que se organice bien el inventario de las tierras del Estado. El desorden territorial favorece intereses privados poderosos. La muerte continua de líderes sociales está íntimamente ligada al conflicto por la tierra, así que el asunto es neurálgico.

 

Desde hace muchos años se viene insistiendo en la importancia de actualizar los catastros y de modernizar los títulos de propiedad. Y aunque sobre este diagnóstico hay consenso, el IGAC, enditad encargada de elaborar el catastro nacional de la propiedad inmueble, se ha rezagado y no avanza con la celeridad esperada.

Consejo Editorial