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Abramos una habitación para las mujeres en la política fiscal

A lo largo de la pandemia estas palabras han ganado relevancia, pues a pesar de los avances en términos de igualdad de género y de la reivindicación de los derechos, esta ha parado en seco la emancipación económica de la mujer.


La prolongada crisis que vive el país ha profundizado –e incluso reabierto– brechas socioeconómicas que han hecho retroceder los avances de la equidad de género en Colombia. Según un reciente estudio del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y ONU Mujeres, 3 de cada 10 mujeres no cuentan con ingresos propios, dedican semanalmente un promedio de 50,6 horas al trabajo doméstico y de cuidado, mientras los hombres emplean 23,9 horas en las mismas tareas.
 

Según el estudio “(She)Cession: The Colombian Female Staircase Fall” realizado en 20201 el aumento del tiempo de cuidado infantil de los hombres fue pequeño en comparación con el de las mujeres durante el encierro.
 

En este contexto, es imperativo que la política fiscal con enfoque de género sea protagonista en la discusión sobre la redistribución de ingreso y riqueza en el país. No tomar seriamente una política fiscal con enfoque de género equivale a burlar los anhelos del paro nacional, a permanecer indolentes frente las desproporcionadas consecuencias que ha acarreado la actual crisis sobre las colombianas, y a seguir siendo cómplices de la intolerable desigualdad histórica en contra de ellas.
 

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Esta no es una exigencia revolucionaria, pues ya en la Constitución Política de 1991 se establece como función del Estado garantizar derechos fundamentales a partir del gasto social, además de establecer un sistema de recaudo integral, que sea eficiente, equitativo y progresivo.
 

La política fiscal, además de ser un instrumento de política económica, debe ser una herramienta transformadora en términos de igualdad social. Como se destacó en el foro “Pacto fiscal: alternativas para el desarrollo incluyente”, el objetivo de una política fiscal con enfoque diferencial de género debe ser consolidar la autonomía económica de las mujeres.
 

Sin embargo, en Colombia la política fiscal genera escasos efectos redistributivos, como lo muestra la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su Informe de Estudios Económicos para Colombia de 2019. El índice Gini de desigualdad apenas se altera y permanece en niveles cercanos a 0,56 después del recaudo de impuestos y del gasto público. Esto significa que en Colombia los impuestos no están cumpliendo con su función redistributiva y que difícilmente se puede hablar de una política social progresiva.
 

Por eso no sorprende que los esfuerzos fiscales para disminuir la brecha entre hombres y mujeres en la sociedad colombiana sean insuficientes. 
 

Es necesario que el cierre de brechas entre hombres y mujeres sea un objetivo a la hora de formular políticas económicas. 


Para superar esta situación, es importante que los planes de reactivación y transformación al sistema fiscal cuenten con un enfoque de género, tanto en el recaudo como en el gasto.


Un primer paso para lograrlo consiste en producir información fiscal diferenciada entre hombres y mujeres, lo cual facilitaría la caracterización de la población con más capacidad tributaria por sexo, y a la vez la focalización necesaria en términos de gasto social, es decir, reconocer si hay más hombres que mujeres en los percentiles más altos de riqueza e ingreso, o si son más las mujeres que los hombres quienes están en situación de vulnerabilidad económica. Esto permitiría una mejor focalización tanto de la política tributaria como del gasto social.

Pero además está la estructura tributaria. Actualmente el IVA genera el 30 % de los ingresos tributarios del Gobierno nacional central. El financiamiento del Gobierno depende de los impuestos indirectos –como el impuesto al consumo o IVA–, aunque resultan ser más inequitativos y regresivos en términos de distribución. Esto ocurre porque su pago implica un mayor esfuerzo económico cuantos menos ingresos se tengan, es decir que le cuesta más pagarlo a las familias de ingresos bajos y medios que a las familias de altos ingresos. Para empeorar el panorama, estos efectos regresivos son mayores sobre las mujeres, por su vulnerabilidad económica. Esta vulnerabilidad es consecuencia de la menor participación femenina en el mercado laboral, su concentración en sectores menos productivos, y sus altos niveles de informalidad y pobreza, como lo ha mostrado la Cepal desde 2019.
 

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Avanzar hacia una política fiscal con enfoque de género implica un sistema tributario progresivo que reconozca las brechas en el ingreso y, por tanto, beneficie más a las mujeres. Por ejemplo, el recaudo debe incluir medidas diferenciadas como los impuestos rosa: deben ser eliminados de la tributación todos aquellos productos de primera necesidad que sean más utilizados por mujeres.
 

También hay que prestar atención a la ejecución del gasto público de la política fiscal, pues también puede profundizar las brechas de género. Por ejemplo, en la Actualización del Plan Financiero 2021, se plantea que la reactivación económica esté basada esencialmente en la inversión en infraestructura. No obstante, este sector es mayoritariamente masculino.

Volver al mercado laboral también dependerá de la velocidad con la que avance el proceso de vacunación. Así, las medidas de distribución del cuidado que se den con la reapertura se podrían complementar con una medida temporal que incluya una renta básica focalizada por género, que signifique un alivio económico inmediato para aquellas mujeres que se han hecho más vulnerables ante las consecuencias socioeconómicas de la pandemia.
 

Sin embargo, también se debe considerar que incentivar los sectores feminizados podría hacer que las brechas de género persistan en el largo plazo. Por ello, estas medidas deben ser complementadas con otras políticas, como impulsar decididamente un sector del cuidado que alivie la carga de estas tareas tanto a mujeres como a hombres. Además, se debería incentivar financieramente la participación de las mujeres en actividades de investigación y desarrollo. Al final, se trata de nivelar la cancha, de modo que mujeres y hombres tengan las mismas oportunidades y condiciones laborales.
 

Este conjunto de medidas tiene la capacidad de disminuir las brechas económicas entre hombres y mujeres en el corto y largo plazo. Apoyados en la lucidez de Virginia Woolf, hacemos nuestras sus  palabras: es hora de abrir una habitación para las mujeres en la política fiscal de Colombia.

 


1 García, K., Herrera, P., Morales, L., Ramírez, N. y Tribín, A. (2020). (She)Cession: The Colombian Female Staircase Fall. Banco de la República. Recuperado de: https://repositorio.banrep.gov.co/bitstream/handle/20.500.12134/9928/be_1140.pdf?sequence=6&isAllowed=y

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