Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
Periódico UNAL

Resultados de Búsqueda:

Periódico UNAL
Reinventar el pensamiento: obstáculos, retos y esperanzas

En abril de 1990 Carlos Pizarro Leongómez se dirigió a los colombianos a través de la televisión, y dijo: “Tenemos la posibilidad de partir en dos la historia de Colombia con un solo objetivo: unir a los colombianos. Ofrecemos algo elemental, simple y sencillo: que la vida no sea asesinada en primavera”.

Hoy, 32 años después, aunque esa posibilidad y ese objetivo permanecen, el ofrecimiento ha cambiado. Ya no es imperioso hacerlo en términos negativos. Ahora hay más garantías para hacerlo en términos positivos: que la vida cambie al fin en primavera; incluso, para hacerlo en términos prácticos y en forma de pregunta: ¿qué podemos hacer para que la vida cambie en primavera?

 

En los siguientes párrafos responderé esta pregunta de manera esquemática. Describiré uno de los principales problemas de Colombia. Identificaré sus consecuencias. Propondré una solución, teniendo en cuenta que se ha hablado mucho sobre justicia social y ambiental, pero muy poco sobre justicia cognitiva. Expondré los obstáculos y retos para implementarla.

 

Uno de los problemas de Colombia

 

Puesto que somos personas occidentalizadas, nuestras relaciones cotidianas con los demás se basan en un modo específico de pensamiento social que el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos llamó “pensamiento occidental hegemónico”. 

 

Este se caracteriza por trazar una línea arbitraria entre lo “civilizado” y lo “incivilizado”; por sacralizar lo universal y descalificar lo particular; por establecer clasificaciones y jerarquizaciones que ubican a unos en la posición de “superiores” y a otros en la de “inferiores”; por alabar la “verdad” científica y menospreciar la “falsedad pseudocientífica”; por darle al tiempo una forma lineal y ascendente; por inventar la ilusión de la productividad permanente y desconocer los ciclos de producción y descanso.

 

En síntesis, nuestro pensamiento occidental hegemónico se caracteriza por ser indolente, es decir, por imponer una línea abismal entre dos partes y por generar la desvalorización y la ausencia de una de esas dos partes.

 

Las consecuencias

 

Las dos principales consecuencias de nuestro modo de pensar son la injusticia cognitiva y la injusticia social.

 

¿Por qué provoca injusticia cognitiva? Porque nuestro modo de pensar, nacido en Europa y Estados Unidos, no es pluricultural ni intercultural, sino monocultural. Esto significa que sus conceptos solo llevan la marca de la cultura occidental: colonialista, epistemicida, ajena a nuestras realidades e incapaz de reconocer “la simultaneidad de miradas”, como aseguró la abogada argentina Irene Vasilachis de Gialdino.

 

¿Por qué provoca injusticia social? Primero, porque nuestro modo de pensar, al generar la desvalorización y la ausencia de una de las dos partes, promueve y justifica la violencia sobre esa parte. Por ejemplo, en Colombia en los últimos 37 años ha habido más de 11 millones de hechos victimizantes y más de 9 millones de víctimas.

 

Segundo, porque nuestro modo de pensar prefiere la razón frente a la emoción, la búsqueda científica frente a la búsqueda ética del bien social, y la regulación frente a la emancipación.

 

Tercero, porque nuestro modo de pensar es la división de lo humano. Colombia también es un ejemplo de ello: padece injusticia social porque está dividida o, en otras palabras, porque es profundamente desigual.

 

De estas consecuencias se intuye que si no reinventamos nuestro modo de pensar la barbarie volverá. Es más, ya hay dos pruebas de que está volviendo: la emergencia sanitaria y la crisis económica mundial; la escasez de alimentos y el aumento de sus precios, lo que podría ser el inicio de una Tercera Guerra Mundial.

 

Una posible solución

 

Para impedir el retorno de la barbarie, escribió De Sousa, necesitamos un modo de pensar que entienda el desaprender como un punto de llegada y no de partida; que considere a la ciencia como un saber importante pero insuficiente; que no divida y condene al epistemicidio, sino que reconozca nuestra posibilidad de realizarnos integrando: ciencia y ética, razón y emoción, culturas occidentales y no-occidentales, etc.; que recuerde que los conocimientos son completos si existen muchos otros; y que sea objetivo (esto es, crítico, autocrítico y antidogmático) y esté comprometido con quienes son oprimidos tanto en la sociedad como en la naturaleza.

 

Obstáculos y retos

 

Tenemos tres obstáculos para crear otro modo de pensar en Colombia.

 

El primero es lo que el antropólogo ecuatoriano Patricio Guerrero denominó como “la colonialidad del ser”. Esta se presenta cuando despreciamos la autenticidad y elegimos la simulación con un sentimiento intenso y oculto de inferioridad. “Es lo que pasa”, ejemplificó el escritor colombiano William Ospina, “cuando los publicistas criollos hablan entre sí en inglés para deslumbrarse mutuamente o cuando los jóvenes tratan de impresionarse con las marcas de las prendas que usan”. 

 

El segundo es lo que Guerrero llamó la “colonialidad del saber”. Sí, conocemos mejor los fines, conceptos y métodos europeos y estadounidenses que los latinoamericanos y caribeños. Así como el Penacho de Moctezuma está en Viena, creemos que las herramientas para comprender, criticar y transformar el Sur están en el Norte.

 

Y el tercero es la colonialidad de la élite gobernante tradicional. Esta prefiere imitar al Norte y subordinarse a él, antes que definirse como Sur, cooperar con él y procurar su emancipación y su buen vivir. 

 

Ahora, señalaré tres retos que tenemos para crear otro modo de pensar. 

 

El primero es hacer justicia social y, por tanto, disminuir las desigualdades sociales mediante el acceso universal e igualitario a la educación, salud, vivienda y pensión, pero también mediante la transformación del modo de producir y distribuir la riqueza.

 

Según De Sousa, “no hay justicia social global sin justicia cognitiva global”. Entonces, el segundo reto es disminuir la colonialidad del ser y del saber: es hacer justicia cognitiva.

 

Con respecto al ser, ya no podemos ignorar nuestros antepasados occidentales, pero una cosa es ser hijos de Europa y Estados Unidos, y otra muy diferente es confundirnos con ellos. Así que, nos haría bien la autoestima, el autocuidado y aventurarnos en nosotros mismos cual pueblo orgulloso que vuelve sobre sí.

 

Con respecto al saber, nos haría bien crear fines, conceptos y métodos autónomos y auténticos; estar donde está el otro: en las lomas, en el club, en las calles, en la academia; reconocer que el otro tiene igual dignidad que nosotros; escuchar minuciosamente los sentidos, vocabularios, sentimientos y explicaciones del otro; hablar y escribir como el otro y para el otro en “un lenguaje directo, claro y sencillo”, tal como lo recomendó el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda

 

Es decir, nos harían bien el reto estético de crear y, como escribió Vasilachis, el reto ético-político de lograr la “común-unión” con el otro.

 

El tercero es un reto tan difícil como digno: derrotar electoralmente a la elite gobernante tradicional.

 

Seré sincero. No sé cuándo nacerá este otro modo de pensar, pero sí sé dónde no nacerá: en el mundo occidental del Norte. Quizá el parto sea en nuestro mundo no-occidental del Sur; pues, como dijo el filósofo francés Michel Foucault, “la cultura no capitalista será no occidental y, en consecuencia, tendrán que inventarla los no occidentales”.

Perfil

Cézar Korrea

Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), especialista en Enseñanza de las Ciencias Sociales del CLACSO, integrante de la Federación Colombiana de Sociología y del grupo de investigación Gobierno, Subjetividades y Prácticas del CES.