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¿Qué hacer en caso de un ataque nuclear?

Por primera vez en décadas Europa se enfrenta de nuevo a la latente amenaza de un conflicto nuclear. Esto ha creado un creciente interés en conocer las medidas de protección para sobrevivir a un ataque con armas nucleares.

A título personal debo decir que esta es aún una remota posibilidad, por la misma naturaleza y poder de un artefacto nuclear que terminaría afectando al mismo pueblo ruso, pero vale la pena darle una mirada a lo que una población como la ucraniana debería hacer en caso de enfrentarse a este tipo de ataques.

 

Un arma nuclear causa daños debido a la explosión, el calor y la radiación. Los tres mecanismos para protegerse de estos efectos se pueden resumir con las palabras distancia, tiempo y blindaje. 

 

Estas tres palabras son bien conocidas en el mundo de la física nuclear y la física médica, en las que se explora la naturaleza de la fuerza que hace que los núcleos atómicos existan, y pone dicho conocimiento en beneficio de la humanidad con aplicaciones en salud.

 

Un explosivo nuclear utiliza la energía del núcleo atómico para crear una explosión formidable cuya potencia se mide en toneladas de TNT o dinamita. 

 

El rango de potencia de una bomba va desde alrededor de 10.000 toneladas de TNT (10 kilotones) para una bomba de fisión de uranio o plutonio –esto es poco menos de la bomba utilizada en Hiroshima–, hasta 50 millones de toneladas (50 megatones) en la famosa bomba Tsar, o bomba del Zar, que usa el mecanismo de fusión nuclear de isótopos de núcleos de hidrógeno, el mismo que produce luz y calor en el Sol y las estrellas. La bomba Tsar vaporizó un área equivalente a la Sabana de Bogotá cuando se detonó en la estepa siberiana.

 

Antes de la explosión lo más recomendable es alejarse tanto como sea posible de su epicentro, pero esto es precisamente lo menos probable de realizar dada las incertidumbres creadas por un conflicto. Usualmente una explosión nuclear puede ocurrir con una alerta de unos pocos minutos, y creará una enorme destrucción y el incremento de la temperatura a niveles muy por encima de la necesaria para vaporizar el agua. 

 

Si se encuentra dentro de la zona de destrucción la posibilidad de sobrevivir total es mínima. Aquellos que sobrevivan deberán recordar las tres palabras: distancia, tiempo y blindaje para aumentar la posibilidad de sobrevivir a la posterior caída de polvo radioactivo.

 

Después de la explosión el gran enemigo es el polvo radioactivo, que demorará unos minutos en caer, 15 minutos es un estimado razonable. Evitar o minimizar la exposición a este fallout, como se le conoce en inglés, es el gran objetivo de quienes sobreviven a la explosión.

 

Se deberá buscar protección bajo tierra o dentro de los corredores de una edificación. Las edificaciones de concreto o ladrillo proveen una aceptable protección ante la radiación. Si se estuvo expuesto deberá cambiarse la ropa, darse una ducha vigorosa y deshacerse de las prendas que tenía puestas durante la explosión, lo anterior para deshacerse de material radioactivo que pudo quedarse en la ropa y la piel. 

 

Se debe evitar tocarse los ojos o la boca, por el riesgo de recibir dosis de radiación al interior del cuerpo, algo muy difícil de manejar. Usar una máscara y mantenerse alejado 2 m de otras personas también es una buena práctica.

 

Así mismo, es importante permanecer dentro de la edificación al menos 24 horas a la espera de instrucciones oficiales. Cuando se considere que es seguro moverse fuera del sitio de protección, se deberá alejarse lo más posible del lugar de la explosión.

 

Una explosión nuclear produce un poderoso pulso electromagnético que inhabilita las comunicaciones. Las redes de telefonía celular y de datos cercanas se verán afectadas, por lo cual es recomendable tener un radio para recibir instrucciones oficiales. 

 

Si se ha estado expuesto a una gran dosis de radiación es importante prestar atención a los síntomas de envenenamiento como mareo, vómito, debilidad general y llagas en la piel, algunas de las señales asociadas con la exposición a altas dosis de radiación.

 

No es recomendable usar yoduro de potasio para reducir la posibilidad de contaminación severa de la glándula tiroides, a menos que un médico experto lo recete. El yoduro de potasio radioactivo se fija a la tiroides produciendo envenenamiento radioactivo. El yoduro de potasio no radioactivo impide que el compuesto radioactivo se fije a la glándula, evitando dicho envenenamiento.

 

Estas recomendaciones iniciales están basadas en una serie de lecciones aprendidas a lo largo del desarrollo de la física nuclear experimental y sus aplicaciones. Sin embargo la humanidad nunca ha tenido que usarlas, aunque algunas se implementaron en los accidentes de las plantas de Chernóbil, en Ucrania, y de Fukushima en Japón. 

 

No hay certeza próxima de que estas armas se usen en el conflicto en Ucrania, pues una explosión sería una afrenta directa a la OTAN y desencadenaría un conflicto global sin precedente desde las guerras mundiales. Esto sin mencionar las consecuencias políticas internas para Rusia.

 

Muchos concordamos en que las armas nucleares se hicieron para no ser explotadas. Sin embargo, en estos tiempos es bueno recordar el adagio castrense que reza: “si quieres la paz, prepárate para la guerra”.

Perfil

Diego Alejandro Torres Galindo.

Profesor del Departamento de Física. Grupo de Física Nuclear de la Universidad Nacional de Colombia. Investigador Invitado al “Laboratory for Nuclear Sciences” en el Massachusett Institute of Technology.

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datorresg@unal.edu.co