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¿Qué es un outsider, dicho en palabras colombianas?

Con el triunfo en primera vuelta de Rodolfo Hernández muchos empezaron a preguntarse ¿qué es un outsider y por qué él se autodenomina como tal?

Desde la Ciencia Política, un outsider sería algo así como un antipolítico, pero también hay una clasificación más sofisticada, en la cual se habla de al menos de tres clases de figuras de este tipo.

En primer lugar, están aquellos que sí pertenecen a la política, pero quieren salirse de su propio partido y presentarse por su cuenta. Por ejemplo, Enrique Peñalosa siempre se presentó por el Partido Liberal, pero después decidió mostrarse como un personaje sin partido.

Otro tipo de antipolítico es el que realmente nunca ha militado en un partido y se presenta a las elecciones como autónomo. Por ejemplo Antanas Mockus cuando se presentó a la Alcaldía de Bogotá era un outsider “puro”, por llamarlo de alguna forma.

Una tercera figura es la de aquel que fue un antipolítico pero que dejó de serlo por adquirir un cargo. El que tuvo éxito como outsider puro quiere mantenerse con esa característica, aunque ya no lo sea.

El caso más conocido en Colombia es el de Sergio Fajardo, quien a pesar de haber tenido varios cargos siguió presentándose ante el público como un antipolítico.

En Ciencia Política los outsiders eran vistos como negativos para el normal funcionamiento de la democracia, porque no tenían equipos ni políticas públicas claras para mostrarles a los electores, tampoco una organización partidaria a la que juzgar si lo hacía mal y castigarla en el futuro con votos negativos.

El problema fue que los politólogos nos fuimos quedando solos en nuestro discurso de defensa de partidos, porque los ciudadanos decidieron no seguir confiando en estos, pero sí en líderes individuales.

Por supuesto los regímenes parlamentarios tienen menos posibilidades de estas aventuras solitarias, porque el primer ministro depende de que lo elija una mayoría en el Parlamento. 

Sin embargo, en los sistemas presidenciales, en los que de manera directa se elige al jefe de Estado, se puede pasar olímpicamente de estas organizaciones y ganar el primer puesto.

El asunto delicado es que incluso los líderes provenientes de partidos desde hace muchos años se vienen comportando como antipolíticos. Esto significa que, en el fondo, la elección del equipo de gobierno terminó siendo igual, es decir, en general los presidentes eligen hoy a sus ministros sin que el partido político tenga mucha incidencia en la selección.

Dicho de manera coloquial, saltándonos estas definiciones politológicas, cualquiera de los dos, siendo outsiders no puros, seguramente van a hacer lo que quieren cuando queden elegidos, igual que lo han venido haciendo los presidentes provenientes de partidos, aunque lo harán con menos disimulo. El problema es que con el Congreso sí tendrán que negociar, quiéranlo o no.

En este momento, el candidato de izquierda tiene un apoyo en el congreso, pero no mayorías suficientes para hacer lo que se acostumbra llamar “la aplanadora”. Esto quiere decir, lograr la aprobación de leyes casi con su sola presentación. De otra parte, el otro candidato, que se autodenomina de centro, no tiene bancada alguna, pero dice que sabrá negociar como lo hace un gerente con su Junta Directiva.

Lo cierto es que el candidato que tenga más gobernabilidad será aquel que pueda combinar la capacidad de negociación ideológica con ciertos temas menos elegantes, que en ciencia política se llaman “incentivos selectivos”, y en la calle: “¿cómo voy yo?”.

En síntesis, si se quiere un gobierno que no se bloquee, el ideal, si tiene dudas, sería votar por el candidato que usted considere que tenga más posibilidades de negociación en todos los ámbitos.

Para hacerlo más fácil al lector, imagínese el candidato, ya convertido en presidente, reunido con las bancadas de los partidos, llegando a acuerdos sobre una ley importante para Colombia o una política pública que requiera participación de las dos ramas.

Trate de adivinar quién de ellos terminará más tiempo debatiendo y cediendo, y cual abandonará rápidamente la negociación por no obtener las concesiones que tenía planteadas al principio. O sea, cuál de los candidatos, dicho en la jerga colombiana, se ve como más dispuesto a “tragarse sapos”, y menos dado a “patear la lonchera.” Ese tendrá más gobernabilidad y quizá sea la mejor elección entre lo que hay.

Perfil

David Roll Vélez.

Profesor titular con tenencia de cargo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y director de los grupos de investigación UN-Partidos y UN-Migraciones. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de Madrid y posdoctorado en Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca.

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darollv@unal.edu.co
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