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Por otros modos de habitar la vida y vivir La Tierra

Hacer seguimiento a las versiones sobre las causas que han llevado a que un virus microscópico llamado SARS-CoV-21 produzca la enfermedad infecciosa del Covid-19, reconocida desde el 11 de marzo de 2020 como pandemia por la Organización Mundial de la Salud, es un trabajo arduo por el carácter especulativo de muchas de ellas y porque algunas desaparecen de las redes después de algunos días.

También lo es mantenerse al día con la cantidad de interpretaciones que diariamente surgen sobre lo que está pasando en el mundo con las medidas que han tomado los gobiernos y los cambios económicos, políticos, sociales y ambientales que vendrán después de que la pandemia logre ser controlada.
 

Pero es preciso contextualizar las condiciones que llevaron a la actual pandemia y sus consecuencias, porque como advierte Lara (2020), es peligroso considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado, sin historia, sin contexto social, económico, cultural. Por ello me referiré en la primera parte de este escrito a las causas socioambientales de la pandemia y cuál economía está parada.
 

Causas socioambientales


A principios de julio de 2019, entre algunos círculos de ecosocialistas, de exponentes de la teoría del decrecimiento y de “marxistas colapsistas”2 (Lowy, Turiel y Fuentes, 2019), se debatió si la actual crisis ecológica y energética tenía o no reversa, frente a lo cual los últimos decían que ya era imposible detener las catástrofes que se nos avecinaba. Entonces estalla la pandemia del COVID-19 como un detonador que amenaza con transformar la vida tal como la conocemos hasta ahora.
 

Aquí convergen la mayoría de los analistas que se han referido a la situación durante la cuarentena: miles de muertos y abruptos y dolorosos cambios provisionales en las formas de vida de la mayoría de las personas en el planeta. El mundo no volverá a ser el mismo de antes, pero ese antes, hay que reafirmarlo, no era el mejor escenario para la vida satisfactoria de la mayoría de las personas del mundo.
 

Poco se habla de las causas socioambientales de la pandemia y de que la crisis ecológica y energética parece haber desaparecido de la agenda de los gobiernos de los países, pero es justo allí donde podemos encontrar posibles causas que llevaron a la pandemia. El deterioro de los ecosistemas y el desequilibrio entre los seres humanos y la naturaleza son tales que pudieron haber permitido el surgimiento de las condiciones para la mutación y propagación de un virus como este. El exministro de ambiente del Perú, Manuel Pulgar-Vidal3, hoy líder de Clima y Energía para WWF expresó que:  “parte de lo que viene experimentando el mundo en los últimos años con presencia de nuevos virus, mutaciones, enfermedades o nuevos vectores de enfermedades en lugares donde no existían, es el resultado del aumento de la temperatura, de la pérdida de los ecosistemas y del comercio de vida silvestre para fines domésticos”.
 

La industrialización de la ganadería intensiva, desarrollada principal y más recientemente en China, hace parte de la crisis climática causada por actividades acrecentadas en el mundo durante los últimos 40 años de economía neoliberal. Según 11.258 científicos de 143 países que presentaron sus conclusiones en la revista BioScience en noviembre de 2019[4], las actividades que causan mayor impacto son el aumento de las poblaciones de ganado para consumo humano y de rumiantes, producción de carne per cápita, producto interno bruto mundial, pérdida global de la cubierta arbórea, consumo de combustible fósil, cantidad de pasajeros aéreos transportados, emisiones de dióxido de carbono y las emisiones per cápita de CO2 desde el 2000[4]
 

Para otros autores, la crisis no solo sería climática: “la situación a que nos enfrentamos es mucho más que una crisis del funcionamiento de los ecosistemas debida a la lógica del beneficio: es una crisis sistémica de la civilización humana agudizada principalmente por una crisis de las relaciones entre la humanidad y el resto de la naturaleza”. Dicha situación se expresa en la combinación de algunos factores como la sobreexplotación de recursos, la crisis climática, la energética, la existencia de una élite demasiado rígida y la desigualdad extrema.
 

Si esto es así, al momento de encarar la pandemia y sus consecuencias es prioritario tratar las condiciones estructurales que generan este tipo de situaciones y esto requiere una revisión a fondo de nuestra forma de vida actual, del estado de los ecosistemas y de los límites del planeta. No saldremos mejor librados de la pandemia si no aprovechamos los cambios que se están dando para enfrentar de inmediato la crisis climática y energética. El futuro de los seres humanos depende de ello, porque lo que debemos preservar es el hábitat que hace posible nuestra existencia sobre la Tierra.
 

Una buena oportunidad sería aprovechar el Convenio sobre la Diversidad Biológica que debe reunirse en Beijing en 2020 para negociar un Nuevo Acuerdo por la Naturaleza y la firma este año del primer tratado internacional sobre océanos, las cuales no pueden seguir siendo reuniones cerradas de gobiernos que representan los intereses de las grandes corporaciones, sino que deben incorporar la presencia con capacidad de decisión de quienes todos estos años han estado advirtiendo y luchando por cambios trascendentes: expertos independientes, científicos no vinculados a intereses corporativos, representantes de los pueblos más afectados, organizaciones sociales de base y organizaciones ecologistas y ambientalistas. 
 

Pero lo principal se tiene que hacer por parte de cada persona en la vida práctica, interviniendo en procesos sociales y políticos transformadores que involucren, por un lado, un diferente relacionamiento con la naturaleza y por el otro, el desmonte de las desigualdades sociales existentes en cada localidad, región y país, cambiando simultáneamente nuestros estilos de vida, que son cada vez más incompatibles con la vida misma.  Son grandes y difíciles desafíos y el signo de los resultados de estas disputas no está pre-establecido, pero debemos empezar desde ya si queremos mantener la esperanza de construir colectivamente otros modos de habitar la vida y vivir la tierra.
 

Los efectos en la economía: ¿de cuál economía estamos hablando?


La actual pandemia es el reflejo de las atrocidades que el sistema mundo capitalista moderno colonial ha acumulado por siglos, a lo cual se suma que los efectos se intensifican por la aplicación en las cuatro últimas décadas de su modelo neoliberal que destruye la naturaleza, acrecienta las desigualdades sociales y promueve la tendencia a la concentración de la riqueza. Su implementación ha debilitado la inversión en servicios sociales y propicia la progresiva privatización de estos.
 

Mucho se ha escrito sobre la crisis económica que se producirá como resultado de las cuarentenas decretadas por los gobiernos nacionales y locales. En algunos casos se habla de que se detuvo la economía, sin embargo, no deberíamos entenderla como lo más importante de las actividades humanas sino como un subsistema del sistema ecológico global.
 

Y ciertamente, la economía no es una cosa abstracta, pero tampoco es solo una fábrica produciendo en serie: si bien se ha dejado de producir principalmente en el sector secundario, que es el encargado de la producción de bienes, la actividad económica del sector primario, como la ganadería, la agricultura, la pesca, o cualquier labor que haga referencia al trato de las materias primas, ha continuado funcionando en parte y el sector terciario, el  encargado de realizar la distribución y comercialización de los productos y servicios, como las tiendas, supermercados, la educación, la recreación, la salud, los bancos, etc., opera en algunas de sus actividades.
 

El turismo, por ejemplo, se ve afectado pero la educación en alguna medida continúa impartiéndose y los servicios de salud son los más activos en estos momentos. Pero hay más, resulta que la población encerrada en sus casas está haciendo labores materiales como preparar la comida, limpiar las casas, lavar la ropa, organizar los espacios, reparar los electrodomésticos que no funcionan,  y otras de índole afectivo y relacional como el  cuidado de niños, enfermos y ancianos, atender sus necesidades personales, materiales e inmateriales como ayudar a hacer tareas, acompañar a divertirse, apoyar psicológicamente, atender las cuentas de los servicios públicos, la seguridad social, el banco, el celular, entre otros.
 

En este sentido, los hogares se han convertido de nuevo en la unidad principal que garantiza la existencia humana, donde se desarrollan las labores del cuidado para el mantenimiento de la vida.
 

¿Son estas actividades económicas? ¿Son trabajo? Por supuesto que sí.


A esas actividades las podemos denominar trabajo de los cuidados y aunque hay discusiones sobre su valor de uso y no de cambio, que se trata de trabajo reproductivo y no productivo, de que no produce valor, lo cierto es que este trabajo es imprescindible para garantizar la vida.
 

¿Acaso no es la vida el máximo valor para los seres humanos? Estos trabajos han sido históricamente realizados mayoritariamente por mujeres, invisibilizados como tales y no se pagan cuando se hacen en casa.
 

La novedad es que en estos momentos a escala internacional los hogares y este tipo de trabajos se visibilizan como epicentro de la organización social y desplazan a los mercados. Lo que ha hecho la pandemia es visibilizar lo que las feministas hemos pregonado por décadas: la importancia de los trabajos del cuidado para la reproducción de la vida, pero también para la reproducción del capital.

 


1 Este es el nombre oficial dado por el Comité Internacional de Taxonomía de Virus (ICTV) y viene de "coronavirus 2" (CoV-2) y de las siglas en inglés de Síndrome Respiratorio Agudo y Grave (SARS). El ICTV escogió este nombre debido al parecido genético entre este nuevo virus y el SARS-CoV-1, el virus que causó el brote de SARS en 2003.

2 El debate fue presentado en la web Sin Permiso con el nombre de Ecosocialismo versus Marxismo Colapsista (I y II) y participaron Michael Lowy, Antonio Turiel, y Miguel Fuentes como representantes de las corrientes mencionadas. www.sinpermiso.info/textos/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-i-y-ii.

3 https://es.mongabay.com/2020/03/dia-mundial-del-clima-y-la-adaptacion-al-cambio-climatico-las-lecciones-del-coronavirus/

4 Ripple, William J.; Wolf, Christopher; Newsome, Thomas M.; Barnard, Phoebe; Moomaw, William R. World Scientists’ Warning of a Climate Emergency, BioScience, Volume 70, Issue 1, January 2020, Pages 8–12.

5 https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/mas-de-11-mil-cientificos-de-todo-el-mundo-declaran-una-emergencia-climatica-articulo-889787

 

Perfil

Yusmidia Solano Suárez

Profesora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), Sede de La Paz. Investigadora social, magíster en Economía Agraria y doctora en Estudios de Mujeres y Género. Integrante de la Colectiva Feminista Emancipatoria, de la Red de Mujeres del Caribe y de la Red de Profesoras Universitarias.