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Plagio, una controversia que plantea muchos interrogantes

En 2003 se presentó un episodio similar al que tanto se ha difundido recientemente en los medios sobre lo que sería el plagio de tesis de grado por parte de la presidenta de la Cámara de Representantes, Jennifer Arias. En ese entonces la Universidad de los Andes señaló a varios políticos de incurrir en el mismo proceder.

Aparentemente, y al igual que con los cambios en el medio natural, parece que en estas manifestaciones hay cierta ciclicidad. Hoy proliferan las herramientas digitales para detectar el plagio, la copia o el uso indebido de la producción intelectual de otras personas.
 

En el escenario global de revistas y libros, las editoriales usan estos insumos, y se ha llegado a extremos en el celo por “pescar apropiación indebida” de las ideas ajenas inclusive se habla de “autoplagio”, como si el proceso de producción intelectual no fuera continuo en el tiempo y en el espacio.
 

Igual que hace 18 años, la discusión que se ha generado cubre diferentes campos y los matices en los cuales se ha desenvuelto el asunto son variados. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos se concluye recomendando acciones punitivas cuya aplicación “siente un precedente ejemplar” sobre el sindicado, ignorando totalmente a las otras partes implicadas en el proceso (director, evaluadores, Universidad), que culmina con la entrega de un manuscrito para su revisión y posterior sustentación, las cuales ineludiblemente son sujetos activos en el proceso.
 

Con el debido respeto por las opiniones y puntos de vista ajenos, considero que es una situación muy propia de nuestro devenir histórico y así procedemos casi siempre con todo. Por ejemplo, siempre se discute lo que deberíamos hacer para evitar la contaminación de nuestros ríos y sistemas acuáticos y cuál sería la vía apropiada para la recuperación en los casos graves. Invertimos horas y horas de retórica y se nos olvida la estrategia más fácil, ya esbozada de manera sencilla por fundaciones ambientales como en el caso del río Bogotá (Fundación Río Verde), que consiste en “incentivar” o promover prácticas que detengan la generación de los efectos directamente asociados con la contaminación, insistir en el buen funcionamiento de las plantas de tratamiento municipales, controlar los desechos industriales y ejercer una adecuada labor de monitoreo.
 

Lo importante es disminuir la carga de contaminantes y no seguir con los planes de rectificaciones hidráulicas que, aparte de malgastar nuestros menguados recursos económicos, afectan drásticamente la condición natural que durante siglos ha construido el sistema hídrico natural.
 

Algo similar ocurre entonces con el asunto del plagio, la copia o el “fusilamiento” en diferentes obras, incluyendo las tesis de posgrado. En las ciencias naturales (Biología), el profesor, director o tutor tiene un papel fundamental en la concepción de la idea, en el afinamiento de la pregunta de investigación, en el planteamiento de la estrategia metodológica y en el análisis de los resultados, y asesora estrechamente en la presentación final de los textos. 
 

Durante el proceso, el profesor se percata de las capacidades de traducir en medio físico las abstracciones y los análisis del candidato. Conoce la habilidad para analizar y criticar cuando una idea es original. Este ejercicio practicado innumerables veces capacita al profesor para plantear una sana discusión cuando no hay claridad respecto a la propiedad intelectual.
 

En la formación académica son fundamentales la labor y la actitud del profesor.


Uno se forma a la sombra de su profesor, si este comete abusos, no respeta la propiedad intelectual y se apropia de otras ideas y enunciados, es muy probable que su estudiante siga el mismo camino.
 

Recuerdo siempre la sabia recomendación: “La excelencia crea excelencia”. Para alcanzar este estado, considero necesario promover el trabajo en grupo, que los trabajos de grado de nuestros estudiantes pasen primero por el filtro de los integrantes del grupo de investigación, para que luego el profesor-tutor o director realice los ajustes y recomendaciones del caso. Es conveniente estimular en los estudiantes la práctica de la redacción siguiendo las normas éticas y morales que rigen un correcto desempeño profesional. Al respecto, existen guías y textos como la Cartilla de citas de UniAndes (2004).
 

Hoy casi todos los currículos académicos se han cambiado y reorganizado, y en la mayoría de las carreras ya no existe el trabajo de grado como funcionó hace 25 o 30 años.
 

Se redujo drásticamente la posibilidad de practicar la redacción, de hacer un ensayo, de tomar las ideas de otro y escribir autónomamente su percepción, lo cual es una situación muy dramática y los resultados en casi todas las instancias del desarrollo profesional así lo atestiguan.
 

Este craso error de quienes han dirigido nuestras instituciones en un momento dado –sin experiencia en el asunto–, nos ha colocado en el dilema moral de ser nosotros, como profesores, quienes asumamos la promoción del ejercicio de la composición, todo ello bajo los lineamientos éticos y morales indicados.
 

Ahora, la autopista de la información (internet) nos brindó la oportunidad de exponer nuestras ideas y productos intelectuales, y su divulgación masiva ya es lo normal.
 

En esta situación, uno de los rasgos de la condición humana, la proclividad por el camino fácil (el atajo de Antanas Mockus), suele manifestarse ruidosamente con copias, plagios y apropiación indebida de lo ajeno.
 

Aunque es difícil proponer una solución inmediata, la tendencia poco a poco se puede ir corrigiendo, para lo cual es esencial la ponderación equilibrada de la experiencia y trayectoria académica de quien debe fungir, por ejemplo, como director de un trabajo de tesis.
 

Conviene evitar que cada vez se arrincone más al profesor y que la “tutoría” se considere como una actividad más en su plan de trabajo. La figuración –función como tutor– responsable del proceso de formación académico-profesional, verdaderamente demanda experiencia comprobada y dedicación integral, y en el ámbito académico sabemos que forma parte del aprendizaje en nuestras vidas. 
 

Otros aspectos a considerar en el plagio de la tesis de la presidenta de la Cámara –por extensión en situaciones similares– son el rol de la institución y de los revisores de los trabajos cuya función debe ser relevante y reconocida.
 

A propósito de esto caben las preguntas: ¿Quién revisó la versión final que se entregó para el juzgamiento de los pares académicos? ¿No se detectaron anomalías en apartes o en la composición final? ¿Se hizo detalladamente y en profundidad el proceso de revisión? ¿Se consideraron pertinentes y apropiadas las calidades y la trayectoria académica de los revisores de una creación con el carácter de una tesis de posgrado?
 

Por último, ¿cuál debe ser la estrategia de una institución si ya ha pasado por experiencias anteriores de este orden? ¿Se ha respondido con iniciativas como resultado de experiencias negativas anteriores?
 

En conclusión, estimo que no deberíamos caer en los dictámenes típicos de nuestro proceder cotidiano: “quemar el colchón”, buscar el ahogado aguas arriba o presumir que todos somos culpables sin iniciar el debido proceso.
 

Se debe insistir en que lo fundamental es formar de manera idónea a nuestros discípulos, a las personas que acuden en busca de nuestra asesoría y colaboración académica. Es primordial reconocer el papel fundamental de los profesores tutores o de quien funge como guía para formar buenos profesionales y correctos ciudadanos.

Perfil

J. Orlando Rangel-Ch.

Profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) e Investigador Emérito Colciencias 2016

Email
jorangelc@unal.edu.co