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Las consecuencias sociopolíticas de la pandemia

Aunque parezca un poco apresurado hablar de consecuencias de la pandemia, ya que aún estamos en medio de ella, es claro que su impacto no se han hecho esperar, y no es necesario aguardar al fin de la ola epidémica para comprender que sus consecuencias son múltiples y diversas. La situación que vivimos lo evidencia de manera notoria, y así lo reiteran las declaraciones gubernamentales, las noticias en los medios de comunicación y las voces de los expertos.

Existe un tácito acuerdo en considerar que la vida no será la misma después de esta pandemia, aunque los pronósticos enfrentan visiones distintas, muchas de ellas incluso opuestas. Para algunos el mundo será más abierto, más solidario y consciente de los dilemas ambientales; para otros, por el contrario, el mundo será más individualista, más hipertecnológico y más controlado por el poder de las corporaciones y de los Estados.
 

Por lo pronto, y evitando caer en la tentación de formular predicciones sin mayor sustento, me interesa señalar que varios son los impactos que ya estamos viviendo pero algunos serán de más largo aliento. Y para esos también deberemos estar preparados.  Pero como el panorama es complejo y cambiante, describiré algunas de las consecuencias que ya nos afectan de manera directa y esbozaré sólo una reflexión muy general sobre lo que puede ser el escenario futuro.
 

Impactos inmediatos


Desde el momento en que se declaró la pandemia su impacto social ha sido enorme, y se manifiesta de manera directa en la desaceleración de la economía y en las políticas de ajuste que ello induce. Si se piensa que la decisión de implementar medidas de aislamiento social –y sobre todo la cuarentena generalizada– fue muy rápida y sorpresiva, y ya ha durado dos o tres meses en muchas partes del mundo (incluso más en otras), la afectación de la vida económica es extraordinaria. Tanto así que ya se reconoce que la pandemia ha sacudido los cimientos de la estructura económica capitalista que hoy organiza al mundo.
 

Otras esferas de la vida social también han sido estremecidas por ella; como dice el periodista español Ignacio Ramonet, en un estupendo y muy reciente texto, la pandemia se torna en “un hecho social total”1. Y esto es así porque toda la vida social ha sido intervenida para evitar la propagación del contagio.
 

Los eventos masivos se han detenido: los cultos de las iglesias, los conciertos musicales, las competencias deportivas, las visitas a bibliotecas y museos, y hasta las salidas de compras a las plazas y a los centros comerciales. Las escuelas y universidades cerraron sus puertas, el transporte, tanto terrestre como aéreo, se ha restringido enormemente. Hasta los detalles más elementales de la relación entre las personas se han afectado: piénsese en las recomendaciones de dejar atrás los abrazos y los besos.
 

Todo esto ha hecho que el ámbito cultural haya sido completamente trastocado, y no solo por lo que implica el cierre de tantos espacios y las limitaciones para expresarse en los escenarios de la vida cotidiana, sino también porque la conciencia colectiva ha estado bombardeada por las noticias de la epidemia y la comunicación digital se ha convertido en la pauta. El encierro físico experimentado por muchos de nosotros ha conllevado una mayor conexión digital y los canales informáticos están al tope y retan la capacidad instalada de la colosal industria de telecomunicaciones2.
 

Y esa gigantesca red mediática a la que estamos sometidos todo el día no solo transmite información de la epidemia permanentemente, sino que a la par transmite, minuto a minuto, temor entre la gente3. Y es bajo ese temor colectivo que se está desplegando toda una estrategia defensiva que busca atenuar –o detener– el contagio para darle tiempo al desarrollo de una medida preventiva o terapéutica eficaz. Es por ese temor que los Estados buscan restablecer su autoridad, la cual había sido socavada por el impulso corporativo y por las directrices neoliberales.
 

Bajo ese mismo temor, el personal de salud labora infatigablemente en los lugares en que ha irrumpido la epidemia, o se prepara, en aquellos que aún están a la espera de que llegue la tormenta. Mientras los ingenieros acometen la tarea de mejorar tecnológicamente la forma de enfrentar la amenaza, los biólogos y biotecnólogos laboran afanosamente para lograr desarrollar una vacuna y los virólogos intensifican su esfuerzo por descubrir los secretos de un virus que le ha dado una bofetada a la arrogante humanidad, complacida por su despótico ejercicio de dominación de la naturaleza.
 

Sin embargo, el impacto no es igual en todas partes y la manera de afrontar la situación es diferente según los recursos y la capacidad de las personas y los grupos sociales. Por ello, la condición de desventaja social, entre personas, grupos y naciones, se ha hecho más que evidente y la desigualdad campea por doquier y enfrenta a las sociedades a dilemas profundos4. Si la pandemia nos confronta de manera patente con la dramática condición humana, lo hace aún más con la trágica condición societal que privatiza las ganancias y los privilegios y socializa las amenazas, los riesgos, los costos y
 

Impactos mediatos


Pero más allá del remezón instantáneo, la misma situación de incertidumbre y angustia por la que atravesamos ha puesto en evidencia lo inadecuada que resulta la manera como están organizadas nuestras sociedades y lo desequilibrada que resulta la distribución de la riqueza, los recursos, el poder y las oportunidades. Esto, de por sí, exigirá todo un replanteamiento de lo que conocemos como la “situación normal”, y hará que cada vez sea más fuerte el llamado a no regresar a la normalidad, porque esa normalidad ya es, en sí misma, todo un problema5.
 

Por supuesto, la necesidad de repensar la sociedad y el propio Estado se hará más evidente, aunque la demanda para volver a incorporarnos al mundo productivo del capital será muy fuerte. Por un lado, los cambios experimentados en el mundo del trabajo, la recesión económica, la crisis de algunas empresas y sectores como el aeronáutico y del turismo, entre otros, la profunda dependencia tecnológica, la expansión de la biovigilancia, el apetito de los negocios virtuales, la expansión de la industria biotecnológica, el auge del mercado de las comunicaciones y la voracidad del sector financiero serán condiciones que presionarán para reacomodar la dinámica económica y política en un escenario de gran tensión geopolítica6.
 

Por otro, los grupos ambientalistas, los gobiernos alternativos, las agrupaciones anticapitalistas, los movimientos feministas e indígenas, los sectores subalternos y algunos otros más, incluyendo investigadores y pensadores independientes, buscarán la manera de hacer más pronunciada la crisis del capitalismo con el fin de hacer viables propuestas alternativas que rompan con el pensamiento neoliberal imperante, que frenen el consumismo desmedido, que nutran la riqueza de la vida comunitaria, que promuevan el buen vivir y nos reconcilien con la naturaleza7. Esto nos pondrá, sin lugar dudas, en toda una encrucijada.

 


1 https://www.jornada.com.mx/ultimas/mundo/2020/04/25/ante-lo-desconocido-la-pandemia-y-el-sistema-mundo-7878.html

2 Ver https://www.elmundo.es/tecnologia/2020/03/15/5e6e1c3afc6c83894d8b4757.html ; https://retina.elpais.com/retina/2020/03/27/tendencias/1585339494_076458.html y https://www.eltiempo.com/tecnosfera/novedades-tecnologia/coronavirus-como-esta-funcionando-el-internet-en-colombia-por-teletrabajo-475240

3 Ver https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html; https://www.bbc.com/mundo/noticias-52191660; http://www.laizquierdadiario.com/La-politica-del-terror y https://www.infobae.com/america/tendencias-america/2020/03/12/la-psicologia-del-miedo-al-coronavirus-y-las-claves-para-manejarlo/

4 Ver https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2020/03/17/las-consecuencias-del-neoliberalismo-en-la-pandemia-actual/ y https://ctxt.es/es/20200302/Politica/31295/coronavirus-epidemia-crisis-capitalismo-recesion-joan-benach.htm

5 Ver, https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/entrevista-naomi-klein-gente-habla-volver-normalidad-crisis-doctrina-shock y Méndez, L. (2020). No volvamos a la normalidad porque en la normalidad está el problema. La fiebre: Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia (pp.243-252. Buenos Aires: ASPO).

6 Ver, https://www.bbc.com/mundo/noticias-52512680; https://www.dinero.com/pais/articulo/que-cambios-traera-la-economia-postcoronavirus/284256;; https://www.clacso.org/el-mundo-despues-del-coronavirus-y-la-reorganizacion-del-capitalismo-fosil/; https://elpais.com/internacional/2020-03-21/la-pandemia-abre-un-nuevo-campo-de-batalla-entre-estados-unidos-y-china.html y López, MP. (2020). La vida en cuestión. La fiebre: Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia (pp.69-77). Buenos Aires: ASPO.

7 Ver, https://www.cepal.org/es/comunicados/pandemia-covid-19-ofrece-encrucijada-civilizatoria-o-regresamos-la-globalizacion; https://www.eluniversal.com.mx/opinion/margarita-campuzano/la-relacion-del-ser-humano-con-el-planeta-despues-del-covid-19 y Botto, C. (2020). La salida será colectiva o no será: apuntes para una nueva economía. La fiebre: Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia (pp.199-210). Buenos Aires: ASPO.

Perfil

Juan Carlos Eslava C.

Profesor asociado del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL)