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De ministerios, publicaciones y otros demonios

Con un solo nombramiento, y sin proponérselo, el Gobierno colombiano acaba de develar dos males de dos gremios aparentemente desconectados: la academia y la política; el nombrado fue el nuevo ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación.

En cuanto a la política, el primer mal es la total desconexión y aislamiento que ha mostrado el Gobierno con la sociedad en general, y con la comunidad científica en particular. El segundo mal es en la academia, y proviene de la terrible cultura fomentada en el siglo XX de “publicar o perecer”, la cual brinda incentivos económicos a investigadores que tienen una gran cantidad de publicaciones de bajo impacto.


Además promueve evitar a toda costa las asociaciones en colaboraciones científicas internacionales de alto impacto, que en áreas como la física, requieren en grandes proyectos de hasta miles de investigadores de todo el mundo[1]. La ciencia está cambiando a pasos agigantados, pero nuestra política científica se quedó en el siglo XX.
 

Causan indignación y sorpresa los recientes nombramientos en la cartera de Ciencia, Tecnología e Innovación y su cartera anexa en el Viceministerio de Talento y Apropiación Social. Indignación porque no es un secreto la filiación política directa de los designados con la poderosa casa Char de la Costa Caribe colombiana, misma que el ministro designado ha mencionado sin estupor. Y sorpresa, porque la comunidad científica y académica siempre espera un ministro y viceministros mucho más afines con los problemas de las comunidades.


La desgracia de los créditos condonables de doctorado, las “herculianas” dificultades para hacer uso de los recursos de regalías para CTeI, el nulo apoyo a las ciencias básicas que ya va a completar una década, las bajas capacidades de articulación internacional, la imposibilidad de desarrollar proyectos estratégicos de alto impacto para la humanidad, y el problema de los incentivos económicos derivados de las publicaciones científicas de bajo impacto y bajo relacionamiento nacional e internacional.


Es absolutamente claro que la designación del ministro y la viceministra se hizo por estabilidad y conveniencia política, por encima de un genuino interés en el desarrollo de la ciencia en Colombia. Decisiones que agregan un nuevo actor en contra del Gobierno nacional: la comunidad científica, en un momento en el que el presidente de la República, Iván Duque, necesita sumar aliados estratégicos y no ganar contradictores mediáticos.


El nombramiento como ministro de CTeI del administrador Tito Crissien, quien para el momento en el que se escribe esta columna aún es rector de una Universidad en la Costa (CUC), ha puesto al descubierto graves incidentes asociados con el plagio de resultados de investigación[2].


El señor Crissien está en todo el derecho a defenderse, y lo ha hecho diciendo que fue incluido sin su consentimiento como autor de las publicaciones, lo cual, en vez de ayudarlo, termina oscureciendo más su situación, y además exponen posibles malas prácticas académicas y científicas en la institución que lidera.
 

Ningún científico con experiencia acepta que lo incluyan en una publicación sin su consentimiento, y de suceder, las consecuencias penales por el mal uso del buen nombre son muy serias.


Para el designado ministro esto es solo un aparente incidente menor, pero no se percata de lo serio que es ser acusado ante la comunidad científica nacional e internacional de plagio o de haber sido incluido en una publicación sin su consentimiento. Ese es uno de los valores que se aprende cuando se realiza un doctorado de buen nivel.


Por otro lado, la denominada cultura del “publicar o perecer” es uno de los grandes males heredados de la explosión y especialización del conocimiento durante el siglo XX. Estamos produciendo una enorme cantidad de conocimiento diariamente, que debe ser publicado en beneficio de la humanidad, pero una gran parte de ese conocimiento está fragmentado en una serie de publicaciones, que engrosa notoriamente el currículo de los investigadores, pero que al final no contribuye de forma significativa a la humanidad.


Para hacer las cosas peor, en el mundo, y esto incluye a Colombia, existe una serie de incentivos económicos a la publicación masiva y con bajo número de autores, una tendencia mundial que ha llevado prácticas perversas como la creación de las denominadas “revistas depredadoras” que hacen uso de diferentes técnicas para posicionar la publicación, dejando de lado su nivel científico y académico.


Se suman a esta mala práctica la publicación en varios idiomas de un mismo artículo, y el casi nulo incentivo a la internacionalización y a participar en grandes colaboraciones internacionales, todo en detrimento de la calidad científica mundial. El mundo produce una gran cantidad de artículos que nadie lee, debido a su baja calidad, pero que llenan de orgullo a sus autores, aunque ni ellos mismos lean estos artículos. Es tiempo de darle una renovada mirada a esta cultura de “publicar o perecer”, que cada día se convierte más en una cultura de “publicar y perecer”.


Soy pesimista en cuanto a lo que pasará con el ministerio de CTeI. El Gobierno ha mostrado sin avergonzarse la poca importancia que le da a la ciencia, a la comunidad científica y a sus miembros. Esta actitud por parte del Gobierno es realmente sorprendente, porque fue este Gobierno el que lideró la Misión Internacional de Sabios 2019, la cual creó una hoja de ruta para Colombia que definitivamente este y los futuros gobiernos deberían tomarse muy en serio. Así que la única esperanza es que la comunidad científica ponga su mirada en las próximas elecciones y empezar a tener verdaderos representantes de los intereses científicos dentro del Congreso, la Cámara de Representantes y el mismo ejecutivo.


Con una hoja de ruta clara en cuanto a los objetivos científicos de Colombia, que parta de las mismas recomendaciones, los retos y las misiones planteadas en la Misión Internacional de Sabios 2019, y que fije unos requerimientos mínimos científicos y éticos en las cabezas funcionales del ministerio. En materia de CTeI, los futuros Gobiernos deben pensar más en capacidades técnicas que en cálculos políticos, ya que los políticos son olvidados como los miles de artículos de baja calidad que se publican a diario, pero los resultados científicos de alta calidad son el legado eterno de una sociedad para cambiar el mundo.

Perfil

Diego Alejandro Torres Galindo.

Profesor del Departamento de Física. Creador del Equipo de Transferencia de Conocimiento de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá

Email
datorresg@unal.edu.co