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Ciencias para aprender a leer el mundo

La habilidad más importante que tiene un ser humano es la de solucionar problemas. De hecho las personas que en una organización son conocidas por solucionar problemas tienen un lugar privilegiado sobre aquellas reconocidas por crearlos. ¿Cómo podemos potenciar nuestra habilidad para solucionar problemas? La respuesta es simple: debemos aprender matemáticas y ciencias básicas.

El aprendizaje de materias como matemáticas, física, química y biología es probablemente la herramienta más poderosa con la que podemos proveernos a nosotros mismos y a las generaciones por venir. La razón es muy simple: las habilidades de observar, tratar de explicar, experimentar, analizar, crear modelos de los fenómenos estudiados y utilizarlos para predecir y mejorar el mundo que nos rodea, y con ellos nuestra vida diaria, es lo que nos diferencia de los demás habitantes de la Tierra; y esto nos ha permitido hazañas que han cambiado nuestro planeta, hazañas que van desde la creación de la agricultura hasta la exploración espacial y el mismo poder de eliminar nuestra propia existencia.

Es sorprendente que en los últimos años el fomento a la investigación y la enseñanza científica básica hayan recibido serios cuestionamientos y debilitamiento alrededor del mundo por parte de los Gobiernos. Algunos políticos y comentaristas incluso se han atrevido a decir que las ciencias puras se deben dejar a los países desarrollados.

En Colombia se avecina un nuevo Gobierno con muchas expectativas en torno a su política de ciencia y tecnología, la que ha sufrido un declive conocido por todos en el último Gobierno.

Colombia no es el único país en el que los responsables del fomento a la ciencia no tienen una formación básica en ciencias, y es realmente preocupante que en los currículos académicos –desde la primaria hasta la formación universitaria– de todo el mundo se haya venido eliminando sistemáticamente la formación científica por la errónea concepción de que la ciencia es exclusiva para unos pocos genios excéntricos, con bajas capacidades sociales, y por lo tanto con nulas posibilidades de apoyar la formación de una sociedad mejor.

Entre los políticos y las sociedades con formación científica y las que no la tienen existe una brecha abismal que afecta la credibilidad de los países. Como ejemplo podemos citar al primer ministro de Canadá, Justin Pierre James Trudeau, a quien se le preguntó si sabía qué era la computación cuántica, a lo que él dio una brillante y pedagógica respuesta, pues su formación de pregrado es en literatura. Es muy difícil imaginar que nuestros líderes políticos dominen un tema tan importante para el futuro de la humanidad.Colombia no es el único país en el que los responsables del fomento a la ciencia no tienen una formación básica en ciencias, y es realmente preocupante que en los currículos académicos –desde la primaria hasta la formación universitaria– de todo el mundo se haya venido eliminando sistemáticamente la formación científica por la errónea concepción de que la ciencia es exclusiva para unos pocos genios excéntricos, con bajas capacidades sociales, y por lo tanto con nulas posibilidades de apoyar la formación de una sociedad mejor.

Entre los políticos y las sociedades con formación científica y las que no la tienen existe una brecha abismal que afecta la credibilidad de los países. Como ejemplo podemos citar al primer ministro de Canadá, Justin Pierre James Trudeau, a quien se le preguntó si sabía qué era la computación cuántica, a lo que él dio una brillante y pedagógica respuesta, pues su formación de pregrado es en literatura. Es muy difícil imaginar que nuestros líderes políticos dominen un tema tan importante para el futuro de la humanidad.

Una sociedad interesada en su futuro debe prestarles atención a sus procesos de fomento a la investigación básica, no porque le vayan a rendir réditos inmediatos, sino porque, si no lo hace, no existe la más mínima posibilidad de que le pueda sacar provecho alguno.

Algunos políticos y comentaristas incluso se han atrevido a decir que las ciencias puras se deben dejar a los países desarrollados

Los resultados de esa pérdida de interés de los Gobiernos del mundo por la enseñanza de las ciencias básicas a un buen nivel son desastrosos y ya los estamos viviendo, no solo en Colombia sino alrededor del mundo:

  • Obras de infraestructura que reciben premios y que sin embargo terminan en tragedias monumentales.
  • Importación continua y costosa de soluciones que finalmente no sirven a los propósitos iniciales.
  • Profesionales que creen a fe ciega en programas informáticos sin tener criterios básicos para mostrar que los resultados son erróneos.
  • Formulación de planes de gobierno basados en “ensayo y error”, así se sustenten en metodologías que tratan de parecer científicas.
  • Confusión entre los conceptos básicos de ciencia con innovación y de tecnología con ciencia, con resultados ya conocidos a la hora de definir políticas de ciencia, tecnología e innovación, por creer ingenuamente que los tres son sinónimos.

En Colombia se avecina un nuevo Gobierno con muchas expectativas en torno a su política de ciencia y tecnología, la que ha sufrido un declive conocido por todos en el último Gobierno. Las matemáticas y las ciencias nos enseñan a leer el mundo, y por lo tanto dependemos de ellas para poder cambiarlo.

Es importante que el nuevo Gobierno reconozca la importancia de que todos sus ciudadanos tengan una formación en matemáticas y ciencias integral, ya que el aprendizaje de las ciencias es como aprender a leer y escribir: lo hacemos no porque todo el mundo lo haga, sino porque si no lo hacemos nunca podremos ser parte del mundo.

Perfil

Diego Alejandro Torres Galindo.

Profesor del Departamento de Física. Grupo de Física Nuclear de la Universidad Nacional de Colombia. Investigador Invitado al “Laboratory for Nuclear Sciences” en el Massachusett Institute of Technology.

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datorresg@unal.edu.co