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Viabilidad y sostenibilidad, los retos para evitar la crisis del café

Sin embargo, según la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), los costos de producción son de 780.000 pesos. El cálculo del precio interno tiene como variables determinantes el precio en la bolsa de Nueva York y la tasa representativa del mercado.

 

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Frente a esta situación, que está en el límite de la supervivencia del sector, la FNC convocó en julio de este año a un “foro de productores del mundo”, y contrató, junto con otras organizaciones cafeteras, un estudio para entender el estado actual del café. Este trabajo, dirigido por Jeffrey Sachs, construye un modelo de producción y sugiere algunas medidas de política cafetera para promover la conservación del sector.

 

Como se destaca en el artículo Crisis del café y el desarrollo regional”, publicado en la revista Cuadernos de Economía, “el impacto de la situación cafetera mundial sobre la caficultura colombiana es particularmente grave porque los costos de producción son muy altos y los márgenes para reducirlos son escasos”.

 

La oferta y la productividad de Brasil y Vietnam

 

Desde 1990, en los precios del café (gráfico 1) se destacan tres tipos: el del café suave colombiano, el de los brasileños y los robusta (Coffea canephora). Desde finales de 2016 los precios tienen una tendencia a la baja, aunque se podría señalar que no existe recuperación desde 2011. El café colombiano está por encima de los otros tipos de café, debido a que es un tipo arábigo, lo mismo que los naturales brasileños, cuyos precios están por debajo del primero. Los robusta, producidos especialmente por Vietnam (Brasil también lo produce), tienen un diferencial de 60 centavos frente al colombiano.

 

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Los café robusta forman parte de las mezclas de café de menor calidad que se consiguen en el mercado y es la principal materia prima de los solubles.

La selección de los precios desde 1990 muestra el comportamiento después del rompimiento del “Acuerdo de cuotas del café” entre productores y la industria cafetera, que se orientaba a mantener los precios a los productores cuando había sobreoferta y también a la industria cuando había escasez. El mecanismo fundamental era el manejo de los inventarios por parte de los productores, que duró hasta finales de 1989. Desde entonces los niveles promedios de precios se han reducido.

El gráfico 2 muestra el comportamiento de la producción mundial; allí se señala la producción de Brasil y la de Vietnam. La suma de estos dos países representa el 51 % de la producción mundial de 56 países reportados por la Organización Internacional del Café (OIC).

 

El crecimiento constante de la producción brasileña y vietnamita es el resultado de los aumentos de la productividad (volumen de producción por área sembrada), favorecida por la debilidad del real brasileño, en el primer caso, y por la intensa participación gubernamental y privada en el segundo. Entre 1995 y 2017 el crecimiento de la productividad en Brasil fue de 30 %, mientras que en Vietnam fue del 100 %. El resto de países ha mantenido, en promedio, la productividad estable en el periodo señalado. El gráfico muestra que desde 2002 Vietnam había superado a Colombia en el volumen de producción.

Un aporte importante del modelo de Sachs y colaboradores es el peso que le otorgan al cambio climático. Parten de la base de que las temperaturas subirán en 30 años y que esto traerá distorsiones en la calidad del café, en la probable aparición de enfermedades, en la reducción del área útil para la siembra y en la dificultad de contrarrestar los cambios en los regímenes de sol y lluvia.

 

Para la producción mundial, la situación se agrava porque la mayoría de los países productores no tienen los recursos para mantener cosechas estables.

 

La demanda y la concentración industrial

 

La cadena de valor del café parte del productor y llega hasta el consumidor final. La oferta de café se concentra en los países productores y la demanda comprende desde las firmas tostadoras de café y los distribuidores –supermercados, tiendas de café, restaurantes– y los consumidores domésticos. Este sector industrial, en contraposición con los precios al productor, tiene un amplio margen para manejar los precios porque son pocos los compradores, mientras el de las bebidas es uno de los de mayor crecimiento en el campo de los alimentos.

El gráfico 3 muestra el comportamiento del consumo mundial de los países importadores, que entre 1990 y 2017 tiene un crecimiento promedio de 1,5 % anual, con perspectivas de seguir creciendo.

 

En el contexto de una demanda final creciente, Nestlé y JAB Holding Company participan con el 37,5 % en el mercado al detal. Marcas como Nescafé y Nespresso componen el 20 % de las marcas reconocidas en el mercado. Las empresas tostadoras se comportan como oligopsonios (pocos compradores en el mercado), que tienen, por lo demás, la posibilidad de manipular los precios de compra.

 

Posibles soluciones

 

Frente a la disparidad entre las limitaciones de la oferta, acentuada por los crecimientos de la productividad de Brasil y Vietnam –que marcan un nivel de precios frente al resto de productores– y la fortaleza de la industria cafetera que demanda el café, las propuestas de Sachs y colaboradores se orientan en dos sentidos.

 

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El primero es el crecimiento de la productividad de los países productores que supone un respaldo gubernamental importante para favorecer el empleo de las personas dedicadas al sector. En Colombia, por ejemplo, son más de 600.000 productores y el sector es el principal generador de empleo.

 

La atención al cambio climático debe estar en línea con la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible de la ONU, para prevenir variaciones drásticas que disminuyan la calidad del café, de prevenir posibles desastres contra los que no se pueda luchar y evitar la disminución de áreas sembradas con los consecuentes desplazamientos de personas.

 

El segundo sentido es crítico y en cierto modo es una réplica del acabado “Acuerdo de cuotas” que supone un pacto entre la industria del café, que financiaría un fondo global, y los productores para mantener precios que cubran los costos de producción y respalden la sostenibilidad del sector.

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