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    Ventajas de colegios en concesión deben aplicarse en los oficiales

Los colegios por concesión son un modelo que ha generado fuertes críticas, especialmente por parte de los docentes, quienes no están de acuerdo con que el Distrito entregue la prestación de un derecho como la educación a instituciones privadas para que lo administren con recursos públicos, que es lo que entraña la concesión: la contratación. En Bogotá estudian 34.000 alumnos en dicho esquema, es decir el 4 % del total de la ciudad.

Aunque investigaciones anteriores han evidenciado resultados positivos en cuanto a la calidad de ese modelo, un grupo de investigadores del Instituto de Estudios Urbanos (IEU) de la Universidad Nacional de Colombia (UN) –integrado por profesionales de ciencias humanas, pedagogos y economistas– se enfocó en identificar los factores que incidían en dicho resultado.

La principal conclusión es que la jornada única, extendida o complementaria –como se le conoce– ha sido un “factor determinante para los logros académicos”. Esta supone que los estudiantes estén más tiempo en su colegio (de 7 a. m. a 3 p. m.), y fue con la que se inició el modelo de concesión en Bogotá, en 1999.

El estudio del IEU se hizo durante un año y compara los 22 colegios en concesión de la ciudad con igual número de instituciones públicas que no operan según ese modelo. Para ello, trabajó con una población con características similares como condición económica, tamaño del establecimiento educativo y cercanía a los colegios; dicha población estuvo conformada por:

  • 148 directivos docentes.
  • 1.175 docentes.
  • 20.210 estudiantes de los grados 5 a 11 grado.

El objetivo de la investigación era estimar el impacto de los colegios en cuanto a los logros de los estudiantes y el funcionamiento de la institución educativa. Mediante herramientas metodológicas como análisis de resultados de las Pruebas Saber (sobre conocimientos) y Ser (acerca de competencias ciudadanas); aplicación de una prueba propia (preguntas) a la población seleccionada; y grupos focales, los investigadores obtuvieron resultados como que el nivel de aprobación del año en las instituciones concesionadas es del 94 %, mientras que en las oficiales es del 86 %.

La profesora Edna Cristina Bonilla Sebá, codirectora de la investigación, afirma: “encontramos que en el colegio en concesión hay mayor acompañamiento al niño; si va mal, lo apoyan, mientras que en los oficiales no, por eso la tasa de reprobación es más alta”.

En cuanto a la deserción -aspecto estructural de los programas en cualquier colegio- el estudio señala que los establecimientos en concesión tienen una deserción promedio de 0,47 %, y los públicos de 4 %.

Con respecto al acceso a la educación superior se evidenció que es mayor en los estudiantes egresados de colegios en concesión (49 %), comparado con quienes salen de instituciones oficiales (40 %).

Más tiempo en el colegio, mejor formación ciudadana

Permanecer más tiempo en los colegios también ha permitido “mejores resultados en ciudadanía, convivencia y clima escolar” que los alcanzados en los establecimientos oficiales o distritales.

Para medir las competencias ciudadanas se hizo una prueba en la que se les preguntó a los niños –según su grado escolar– si sabían “qué es un veedor, cómo son los mecanismos de participación o si tenían idea de para qué sirve un alcalde”.

De igual manera se indagó sobre el reciclaje o si sabían para qué sirven las señales de tránsito y todas las medidas que, según la investigadora, “permiten saber qué tan buen ciudadano se es”.

El resultado fue de 0,54 en una medición que va de cero a uno. “Es decir, hay un nivel medio de ciudadanía en los niños” en los dos modelos, pero “los de colegios en concesión sacan un puntaje más alto, tienen mejor formación en competencias ciudadanas frente a los colegios oficiales”, puntualiza la economista, quien considera que “si la jornada única se va ampliando irá disminuyendo la brecha entre los colegios en concesión y los colegios públicos”, porque es un factor preponderante en la calidad educativa.

Para ello, se debe mejorar la educación pública porque el profesor pasa más tiempo con los estudiantes y se deben implementar otras actividades; esto se hace invirtiéndole más recursos y programas, dice la profesora Bonilla.

Si bien Bogotá destina el doble de dinero a educación comparada con el resto del país, está rezagada al compararse con otros de América Latina y el mundo. Mientras la capital del país destina unos cuatro millones de pesos por estudiante al año (1.136 dólares), Chile está invirtiendo 3.000 dólares niño-año (uno nueve millones de pesos) y Luxemburgo, 17 mil dólares niño-año” (alrededor de 51 millones de pesos).

Mayor autonomía para los rectores

Otro elemento que favorece la calidad y el logro en los colegios en concesión es la manera en que se administran. “La forma de administración en el colegio público es más burocrática” afirma la investigadora.

Lo anterior se traduce en retrasos para reemplazar a un docente que, por ejemplo, se pensiona. En el colegio público el rector debe esperar a que la Secretaría de Educación lo asigne mientras que en el de concesión lo puede buscar y contratar rápido.

“Algunos rectores de colegios oficiales se quejan de que hasta para quitar un bombillo o tumbar un muro necesitan a la Secretaría”, amplía. Es por esto que el estudio concluye que “la autonomía que tienen los colegios en concesión, la forma de la toma de decisiones, la forma de administración, el manejo del colegio, favorece la calidad y el logro”. Por tanto, la propuesta es que los rectores tengan un mayor margen de decisión.

Convergencia entre colegios concesionados y públicos

La investigadora Bonilla plantea la necesidad de que se reduzca la brecha entre los colegios en concesión y los oficiales, de tal manera que los aciertos de los primeros se puedan aplicar en los segundos. Sin embargo, tiene dudas sobre esa confluencia.

“No hay evidencias claras de que haya convergencia entre los dos tipo de colegio” pese a que “es ideal que la diferencia vaya disminuyendo”, señala el estudio. No obstante, la coincidencia es posible, porque una de las tendencias que los investigadores detectaron es que la brecha entre los dos tipos de colegios es mayor en los primeros años de educación, pero se reduce en los últimos años de bachillerato.

La docente recalca que si se pretende alcanzar una Colombia más educada en 2025, se requiere dinero. “Si no hay inversión en educación eso no va a ser posible. Eso con buena voluntad de los maestros no se logra, o con buena voluntad de los padres no se logra”, afirma.

Desventaja de los colegios en concesión

La situación laboral de los docentes en este modelo de colegios es su principal desventaja, pues en ellos recae la formación de niños y jóvenes en el aula. “Hay una alta rotación de los profesores y salarios más bajos”, precisa la investigadora. “Se les contrata por 10 meses a diferencia de los colegios públicos, donde el contrato es por tiempo indefinido”, precisa.

Es una situación que suele desaparecer en medio de los logros del modelo, “pero las condiciones laborales de los profesores son malas”, confirma la investigadora.

Otros estudios han criticado el carácter religioso de algunas de esas instituciones educativas, que se acentuó este año, debido a que en la última licitación adjudicada en diciembre de 2016 y que comenzó a regir este año, 14 de los 22 colegios en concesión quedaron en manos de comunidades religiosas.

Consejo Editorial