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Una propuesta para el Catatumbo desde la biopolítica

El Catatumbo sigue siendo una región convulsionada. Por eso desde la biopolítica proponemos otra interpretación teórica y conceptual que ayuda a construir nuevas políticas públicas, teniendo presente la máxima de Albert Einstein: “es una locura pretender obtener resultados distintos si siempre se hace lo mismo”.

El trabajo de investigación El Catatumbo: tensiones, territorio y prospectiva –realizado por el grupo de investigación en Seguridad y Defensa, adscrito al Instituto Unidad de Investigaciones Jurídico Sociales Gerardo Molina (UNIJUS) y al Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz, de la Universidad Nacional de Colombia (UN)– se presenta en cuatro acápites: pretexto, contexto, texto y postexto.

Pretexto

La situación de los posacuerdos ha resultado mucho más compleja que su firma, por las condiciones de incertidumbre interna y externas en que se debate el sistema político colombiano.

Además, las potencialidades naturales y culturales del Catatumbo lo convierten en un “atractor” de esperanzas y un “huidor” de desventuras humanas que no terminan. Esto dificulta la convivencia pues existen fuertes tensiones, propias del diálogo entre los saberes y poderes de sus comunidades que buscan una oportunidad de buen vivir para sus descendientes.

Contexto

Existe una doble encrucijada transicional. De una parte la crisis civilizatoria planetaria que desde los años setenta del siglo XX impele el uso de energías limpias, y de otra parte el nuevo giro comunicacional del hipercomplejo sistema humano vía internet, que ponen al centro del protagonismo histórico, político y social a la dimensión local y su descentralización.

Eso sucede en franca crítica al modelo moderno hasta entonces dominante, sustentado en el uso de las energías fósiles y los medios de comunicación fundados en la imprenta de Gutenberg, que propiciaron los monopolios transnacionales, las prácticas organizativas taylorista-fordistas, los poderes estatales centralizados y su forma de representación democrática, delegada en sus versiones liberales y socialistas reales, al igual que sus organizaciones partidistas hoy en franco trance de desaparecer.

De otra parte, asistimos al cierre del régimen político colombiano frentenacionalista monopolizado por los partidos tradicionales, que por su carácter excluyente y clientelar propició el conflicto, y que, a través del actual régimen de la seguridad instaurado en 2002, se resiste a pasar al cuarto de San Alejo, impidiendo la instauración de un nuevo régimen incluyente de la diversidad multicolor y multisabor que constituye nuestra nación, y de la que el Catatumbo es un fractal.

Texto

Al poner su referente conceptual posestructuralista, quedan como protagonistas la vida, los micropoderes y los lugares, sustentados a su vez en sus saberes y discursos. El texto entonces, referenciado históricamente en una periodización ligada a la economía de enclave petrolera, da cuenta de su drama natural y humano.

Destaca, entre otros, el carácter de advenedizos de sus permanentes colonizadores y conquistadores. De hecho se puede hacer un recorrido que empieza con los indígenas motilones, que en el siglo XVI encontraron en la selva refugio ante la invasión de españoles y alemanes.

Luego, en el siglo XX, llegan tanto la petrolera Colpet como los campesinos desplazados de otros conflictos. En los setenta, tras revertirse esa concesión y entregarse a Ecopetrol, llega el ELN; en los ochenta las FARC, y en los noventa el paramilitarismo. Ya en este siglo aparecen los palmeros de aceite y en la actualidad los emigrantes de Venezuela, atraídos por los recursos y potencialidades naturales de los cultivos y negocios ilícitos e lícitos.

A raíz de los acuerdos de paz con las FARC, en 2017 se redujeron los asesinatos y el desplazamiento. Sin embargo esta situación ha cambiado, con lo que aparece una nefasta ecuación, según la cual “a mejores condiciones para propiciar la vida digna se corresponde un perenne reinado de terror”.

En medio de esa situación subyace como una paradoja la condición organizativa humana de resistencia y participación de sus comunidades. Entre estas destacan las de acción comunal. También vale la pena observar la creciente participación electoral que hizo que en 2018 la abstención llegara a niveles nunca antes vistos: 46,2 %. Esta participación empieza a poner en entredicho el dominio del núcleo frentenacionalista o tradicional que, escudándose en el abstencionismo predominante hasta ahora, ha hegemonizado el ejercicio político-administrativo local.

Esos cambios se suceden en un cuerpo generacional joven que comprende al 58 % de la población de la región, y que significa una situación ideal de “bono demográfico”, favorable para la promoción del bienestar social.

Postexto

Existen cuatro posibles escenarios hacia 2030 para la región: el cielo, el infierno, el purgatorio y el limbo.

La propuesta de El Catatumbo: tensiones, territorio y prospectiva apuesta por el cielo; se considera que solo es posible si se pone fin a los desplazamientos de las comunidades, lo que significaría el afianzamiento y sosiego de los asentamientos existentes.

Solo a partir de esa condición es posible que los territorios locales se constituyan como reales, es decir capaces de ejercer el poder que les compete como formas reticulares de micropoder biopolíticas de nuevo tipo. Este es un escenario de diálogo constructivo, alentado por las tensiones producidas por sus mismas diferencias.

En este caso, las veredas y sus autoridades comunitarias deben ser reconocidas como unidades administrativas objeto de partidas presupuestales en los planes de vida municipales. Para alcanzar ese objetivo –que indicaría el éxito de los posacuerdos– se requieren compromisos muy concretos de cada una de las unidades político-administrativas existentes.

Así, el problema de los cultivos y negocios ilícitos internos y fronterizos, y la presencia de actores ilegales serían también competencia especial de los niveles nacional y departamental.

En este caso, en lo que tiene que ver con lo nacional, resultan claves tres asuntos:

  1. La acción de la diplomacia nacional y departamental; la implementación de acuerdos de actividades socioeconómicas intrafronterizas, con base en el desarrollo de las leyes de fronteras (191 de 1995 y 29778 de 2011).
  2. La acción política militar franca, junto con el desarrollo de negociaciones viables en el marco del cumplimiento de los acuerdos.
  3. La legalización de la droga y una aproximación a su tratamiento como un asunto de salud pública.

Por su parte, las agendas departamentales y municipales deben contemplar la consolidación y promoción de las zonas de reserva campesina (ZRC) y los planes de desarrollo con enfoque territorial (PDET).

La educación como eje

La investigación considera igualmente que el medio fundamental para ese propósito lo constituye la educación. Sin embargo señala que se debe orientar hacia la ocupación, no precisamente hacia el empleo, por cuanto propicia el despliegue de las potencialidades intelectuales, físicas y espirituales de cada ser humano, que determinan el quehacer vital.

Además se propone que se impulsen los aprendizajes productivos, que conciben la educación como un proceso pedagógico sistemático que, en ambientes institucionales apropiados, permite la visualización racional y el sentir consciente –la idea de sentipensantes– de nuevas vías de conocimiento y de construcción de proyectos de vida digna. Es una aproximación a la educación fundamentada en el diálogo entre el saber disciplinar y el saber popular, y legitimada en la praxis que transforma realidades tanto del ser como de su entorno.

Se propone una práctica educativa que, en el contexto particular del territorio del Catatumbo, y según lo estipulado en los Acuerdos de Paz, tenga en cuenta tres cuestiones:

  1. El enfoque diferencial para que las víctimas del conflicto armado cuenten con una atención especial que ayude a esclarecer la verdad y construir la memoria histórica.
  2. Estrategias de socialización que fortalezcan el tejido social para que contribuyan a la convivencia, la reconciliación y la reparación colectiva.
  3. Programas y proyectos que garanticen y activen el diálogo de saberes, motiven la participación y fomenten el respeto por los que piensan y son diferentes, que en su condición de relación amorosa de seres humanos propicien el despliegue, la protección y el cuidado de su verdadera riqueza: la diversidad natural y cultural.

Por lo anterior, se trata de un sistema educativo que no solo decreta titularidades sino que hace efectiva la protección del medioambiente y el uso y la conservación de los recursos hídricos y de la biodiversidad natural y cultural, es decir, ¡de la vida!

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