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Un modelo para mejorar programas virtuales de posgrado

En Colombia después del boom de los programas de posgrado virtuales –que comenzó en 2008– el Ministerio de Educación Nacional (MEN) quiso evaluar qué estaba sucediendo con las condiciones de calidad de varios de esos programas, y lo que encontró no fue muy alentador, por lo que convocó a un grupo de investigadores para ver cómo era posible ajustar lo que estaba sucediendo.

Así fue como la profesora Diana Cardona planteó su tesis de doctorado en la Facultad de Ingeniería de Sistemas de la UN, con el fin de analizar cómo estaban funcionando los programas de educación virtual de 67 instituciones que se beneficiaron con recursos económicos de la “Convocatoria de fortalecimiento del uso de las TIC en la educación”, del MEN, en el periodo 2008-2012.

Las fallas que ella encontró en su investigación tuvieron consecuencias importantes para las instituciones: algunos programas diseñados no lograron obtener su registro calificado y otros presentaron debilidades en su modelo pedagógico o en su planteamiento administrativo, lo que llevó a que no tuvieran estudiantes matriculados.

En su trabajo doctoral, la profesora Cardona creó un modelo que permite medir la implementación de los programas virtuales que surgen a partir de los presenciales y que además sirve de guía para planificar adecuadamente los programas virtuales de posgrado en el país.

“Esta investigación nace cuando la Red Nacional Académica de Tecnología Avanzada (Renata), por encargo del MEN, manifiesta la necesidad de saber qué ha pasado con los programas virtuales que se beneficiaron con los recursos de la Convocatoria indicada. Al analizar los casos notamos que algunos programas no estaban reportando los datos, por lo que nos preguntamos ¿qué pasó, si el MEN dejó parte de las capacidades instaladas?”, comenta la investigadora Cardona, candidata a doctora en Ingeniería de la UN y miembro del Grupo de Investigación y Gestión de Organizaciones (Griego) también de la Institución.

Con la dirección de la profesora Jenny Marcela Sánchez Torres, de la UN, y el profesor Josep María Duart Montoliu, de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), la docente Cardona propuso analizar los programas a partir de tres dimensiones: funcional (aspectos estratégicos y de planificación), estructural (disposición organizativa) y operativa (cómo se ejecuta y desarrolla el programa).

Ella y sus asesores siguieron una metodología que tuvo tres momentos: revisión documental, diseño del modelo y validación.

“En la primera fase revisamos la literatura sobre modelos de calidad de educación superior virtual en cerca de 40 países, entre ellos España, Estados Unidos e Inglaterra, que cuentan con amplia trayectoria en este campo. También revisamos iniciativas en Malasia y Turquía, donde apenas están incursionando en la modalidad virtual”, explica.

En la segunda fase se diseñó el modelo propiamente dicho, para lo que debieron ir más allá de las normas hasta entonces vigentes en Colombia sobre la materia, que no contemplaban algunos de los aspectos referidos a la gestión organizacional de los programas de educación virtual.

El modelo se envió varias veces (siguiendo la técnica iterativa) para revisión de expertos. La primera versión fue comentada por cuatro profesores de la UOC, incluido el profesor Josep Duart. La segunda versión fue aprobada por nueve expertos del Centro de Estudios de Posgrados de Administración de Empresas (Cepade) de la Universidad Politécnica de Madrid, que tiene una trayectoria de 45 años ofreciendo programas virtuales y a distancia.

Finalmente la tercera versión del modelo se puso a prueba con 39 expertos de Iberoamérica que completaron el cuestionario diseñado para su evaluación. Estos académicos eran de España, Perú, Ecuador, Chile, México y Costa Rica. También respondieron al cuestionario docentes y administrativos colombianos vinculados a seis instituciones de educación superior de Antioquia, Cundinamarca y Nariño.

La educación virtual no permea todas las instancias de la organización

La investigadora Cardona encontró que, “tal y como lo han evidenciado los mayores expertos en la materia, cuando una organización vive un proceso de cambio, a partir de la innovación tecnológica, no todas las instancias logran ser permeadas. Algunas se resisten a ese cambio”.

A partir de los trabajos sobre el cambio en las organizaciones del argelino nacionalizado canadiense Omar Aktouf y de los mexicanos Enrique Cabrero y David Arellano, la profesora Cardona elaboró su modelo analizando las funciones y las estrategias para lograrlas, además de las posibles reacciones de las personas ante las transformaciones.

Igualmente tuvo en cuenta la manera como el cambio organizacional afecta la construcción de relaciones entre las personas, entre estas y la institución, y en general entre todos los miembros de la comunidad académica.

Al momento de iniciar su análisis, ella esperaba que las instituciones hubieran publicado los documentos que daban cuenta del proceso de virtualización de los programas de posgrado que empezaron a ofrecer, pero ello no fue así.

“De las 49 instituciones educativas de Colombia que aceptaron participar en el estudio solo tres universidades tenían documentos en su sitio web en los que se explicaba cómo eran los planes para ofertar programas de posgrado en la modalidad virtual”, comenta.

En general los documentos publicados no ofrecían una guía que permitiera comprender de qué manera la organización estaba pasando de lo presencial a lo virtual.

Según la doctora Sánchez Torres “no se puede juzgar negativamente a las instituciones por lo que se encontró, en la medida en que apenas estaban incursionando en la oferta de programas en modalidad virtual”.

Conozca el modelo

El modelo planteado por la docente Cardona permite medir la implementación de los programas virtuales de posgrado en una escala de 1 a 5. Esos indicadores de evaluación terminan transformados en recomendaciones para mejorar los programas.

Cada evaluador responde un cuestionario que permite descubrir si el programa cumple o no una serie de condiciones que lo hacen viable. El modelo tiene 15 componentes y un conjunto de 45 factores de calidad. Además es jerárquico: para analizar el funcionamiento del programa evalúa desde los niveles más altos de la organización hasta incorporar a todo el conjunto de la comunidad educativa.

Para hacerlo pertinente a la cultura local, la dimensión operativa se articuló con las normas colombianas sobre programas de educación virtual.

“Al final, dice la profesora Cardona, logramos incluir una serie de recomendaciones para identificar en qué nivel de implementación de la virtualidad se encontraban los programas analizados”.

De esa manera la evaluación quedó convertida en una guía que les puede servir a las instituciones que deseen ofrecer programas de posgrado en la modalidad virtual. Una guía que trascienda la visión instrumentalista que ha predominado y en la cual se considera que basta con comprar equipos, plataformas y servidores sin tener en cuenta los elementos determinantes para la formación virtual que rinda los frutos esperados.

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