Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
Un horizonte más amplio para el presupuesto en educación

En pleno ascenso de la Cuarta Revolución Industrial, el desarrollo de las nuevas tecnologías produce cambios drásticos para las nuevas generaciones, con efectos previsibles en el comercio internacional, el mercado laboral y el sistema educativo.

Mientras en alguna áreas de la actividad productiva los promotores del cambio técnico se preparan y abren puertas a la innovación y el conocimiento, otras áreas, sectores y países han reaccionado con físico temor y terror al cambio, buscando recuperar las sinergias de un pasado que no retornará. El futuro no será de quienes pongan obstáculos y limiten los procesos, sino de aquellos que rompan las barreras y generen nuevas oportunidades, para lo cual es necesario estudiar más y mejor.

Las transformaciones del comercio internacional son contundentes: de un pasado en el que la prioridad estaba en los productos primarios, agrícolas y mineros, se pasó a un comercio de bienes manufacturados de diferente grado de transformación y complejidad técnica, hasta llegar a la sociedad de la informática y las comunicaciones con productos de alto valor agregado.

Actualmente el comercio internacional se concentra en productos electrónicos, mecatrónica, robótica y automatización, equipos de transporte de alta velocidad, cero emisiones y autonomía de conducción, además de servicios inteligentes derivados de los nuevos servicios de información y comunicación. Todo ello es consecuencia de que el mayor valor agregado se origina en la innovación y el desarrollo tecnológico, con vínculos entre entidades de educación superior y desarrolladores de tecnología.

Fortalecer y masificar sistema educativo

Los países no llegan por azar a posiciones de liderazgo sino que lo hacen proyectándose en el tiempo hacia una creciente y mejor competitividad nacional de sus empresas y sus ciudadanos. Los que lo han logrado –hay varios ejemplos en los dos últimos siglos– lo hicieron con una agresiva estrategia de formación masiva de sus ciudadanos, con requisitos exigentes y resultados de calidad.

El común denominador de países como Alemania, Japón, Corea del Sur y China, ejemplos de países que superaron su rezago tecnológico y construyeron un nuevo universo, es haber fortalecido y masificado su sistema educativo, reflejado en metas de escolaridad cada vez más ambiciosas, ajustadas en el tiempo, desde la simple educación básica hasta las recientes de 12 + 2 y 12 + 4, que significan educación media (el 12) más 2 a 4 años de formación técnica, tecnológica o profesional masiva.

La competitividad de hoy no es tener mano de obra abundante y poco calificada sino contar con un recurso humano masivo de alta capacidad. Frente a esto, nuestra meta de 10 años de educación obligatoria es risible y frustrante.

Los cambios en el mercado laboral son drásticos y se van perfilando en el tiempo con la desaparición de múltiples puestos de trabajo y la generación de otras alternativas, sustituyendo trabajos de baja tecnología por otros de mayor capacidad y valor agregado.

El mayor reto para las próximas generaciones es prepararse adecuadamente para ese futuro por construir, con tecnologías que rápidamente se vuelven obsoletas y en las que el ciclo de vida de los productos es muy limitado.

Para ello no basta con aprender un oficio u obtener certificados de competencias, pues esos son “nuevos espejitos” que deslumbran pero no resuelven los problemas; sin embargo las personas sí deben aprender oficios y profesionalizarse en actividades con riesgo de obsolescencia y desaparición, por lo que es más importante comprender los fundamentos de su saber hacer y convertirse en agentes de la innovación, esos son los puestos de trabajo del futuro.

Política estatal antes que gubernamental

Cómo propósito nacional necesitamos consolidar un sistema educativo integral y una formación que responda a los requerimientos de una sociedad educada en ciencia y tecnología, que innove y difunda.

Este propósito tiene que convertirse en política de Estado, no de Gobiernos, en una estrategia de avance progresivo con la perspectiva de lograr un país educado, en el que la educación sea condición de vida, que desarrolle tecnología y construya una oferta exportable de alta complejidad, dejando a un lado la dependencia minero exportadora.

Estamos muy lejos de eso, como país tenemos que resolver tres grandes vacíos que involucran nuestra niñez, adolescencia y juventud, cuyas resultados solo serán visibles en el mediano plazo; sin embargo las soluciones tienen que arrancar en el corto plazo, es decir, ya.

Los esfuerzos nacionales se deben dirigir hacia: (1) la niñez, con garantía de universalidad de una formación preescolar de tres años que desdoble los cerebros infantiles para la lógica matemática y el bilingüismo, (2) la jornada única en la educación primaria y secundaria, lo que significa hacer tránsito a una adolescencia feliz y dedicada a su formación y crecimiento, con política de control de edad, que acabe con la matrícula temprana y reúna las cohortes con su misma edad y en horarios que coincidan con el del trabajo de los padres, y (3) una eficaz transición de la educación media a la superior, creando canales de formación diversa en lo técnico, tecnológico y profesional sin discriminación de género, etnia ni origen socioeconómico, con igualdad de oportunidades y respeto de la diferencia, un programa masivo de acceso a formación con calidad. Si es así, mejoramos la equidad.

Los últimos gobiernos, incluyendo el que acaba de empezar, se presentan como los abanderados de la educación y presentan como gran logro un presupuesto de 41,4 billones de pesos para 2019, equivalente al 4,4 % del PIB, con lo que se espera comenzar a cambiar las prioridades del presupuesto nacional.

Infortunadamente, en la discusión del presupuesto para 2019 no se observa el cambio de prioridades, el Gobierno empezó el debate diciendo que le faltan 25 billones de pesos y no es para mejorar lo asignado a educación, sino para desarrollar su propia propuesta de prioridad del gasto público, dentro de un tope difícil de modificar.

Al final, con diferentes ajustes le termina adicionando más de 3 billones de pesos a Defensa, mientras regatea la posibilidad de asignar 0,5 billones de pesos a la educación superior, con el argumento de que no alcanza la plata. Así no se construye un propósito nacional, con la misma restricción presupuestal; si la prioridad es la educación, los 3 billones de pesos deben ser para ella y los $0,5 billones de pesos para otras alternativas.

Un trabajo de largo aliento

¿Cuál debe ser el presupuesto para educación? No hay un presupuesto óptimo, siempre depende de las limitaciones de los países y sus retos. Sin embargo existen tendencias e índices de comparación; en Colombia tenemos asignado el 4,4 % del PIB, probablemente el más alto de la historia, y es insuficiente, mientras otros países, donde aún hay metas por cumplir, superan el 7 % del PIB.

El reto de construir un país masivamente educado y superar las brechas que hoy existen no se cumple en un año; para ello se requiere más tiempo y una proyección creciente de asignación de recursos. Si el horizonte fuera llegar al 7 % del PIB, nos hace falta adicionar 2,6 % de presupuesto, hacerlo en diez años significa proponerse agregar el 0,26 % del PIB anualmente, es decir, a precios de hoy, el equivalente a 2,35 billones de pesos. Ese es el comienzo, pasar de la retórica a la realidad es asignar recursos. ¿Se comprometerá el Gobierno?

El sistema educativo integral, en todos sus segmentos, requiere asignar recursos para financiar inversiones, construir hoy y luego mantener, dotar laboratorios y talleres con equipos que se deprecian y se vuelven obsoletos, con materiales que hay que reponer con frecuencia, etc., para eso pueden servir los provenientes de regalías, no incluidos en el Presupuesto General de la Nación y poco estables en el tiempo.

El sistema educativo requiere garantizar recursos permanentes para financiar gastos recurrentes, profesores, administración, gratuidad, alimentación escolar, etc., de modo que se resuelvan las necesidades de nuestra infancia y adolescencia, y el objetivo de la jornada única. La educación superior ha sido la cenicienta y, en la medida en que más población termina la educación media, se convirtió en la barrera por superar, ese es el reto de los próximos diez años y allí deberán llegar recursos adicionales.

La educación superior pública recibe hoy el 0,5 % del PIB y tiene un déficit histórico acumulado de 18 billones de pesos, mientras se le han negado recursos aprobados en la Ley 1819 de 2016, IVA social, modificación del CREE, excedentes de cooperativas.

Las modificaciones a la Ley 30 requieren establecer un sano equilibrio entre dotación de insumos y obtención de resultados, en el corto plazo garantizar el funcionamiento y recuperar las fuentes de recursos asignadas y desviadas por el Gobierno a otros propósitos.

Hacia delante, entrar en una nueva regla de reparto, incremento proporcional en el PIB, hasta llegar al 1,2 % en los próximos diez años, proveniente de impuestos y no de donaciones, y distribuirse en función de resultados y metas preconcebidas, construyendo una red por la formación técnica, tecnológica y profesional de calidad con cobertura nacional.

Relacionados

28,33,582,624,625,626,892,1695

Reproduce e incrementa la inequidad, no plantea reformas estructurales al sistema de educación superior, y, además, todavía representa un riesgo ...

A los ciudadanos que carezcan de recursos para pagar sus matrículas en la educación superior pública o privada, el Estado se las sufragará a cambio de...

La crisis actual revela que, antes que recursos, falta voluntad política para atacar los tres más graves problemas del sistema de educación superior...

Un informe plantea hacia dónde deberían dirigirse las políticas públicas en la zona para fortalecer la participación política y administrativa a...

Un impuesto sobre el patrimonio más progresivo sería una verdadera muestra de la voluntad política del Gobierno nacional para resolver el problema...

Consejo Editorial