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Un esquema para la financiación de la educación superior

En los últimos meses el país ha estado inmerso en un debate sobre la financiación de la educación superior, desafío que comparten todos los países, desde los más pobres hasta los de mayores ingresos, pero que en Colombia es un reto mayúsculo que debería ser prioritario en la agenda política y económica del futuro inmediato.

Los recursos para tener universidades fortalecidas son fundamentales en aspectos como:

  • Competitividad
  • Desarrollo
  • Cultura
  • Movilidad social
  • Y sobre todo equidad

Siempre he creído que la universidad de calidad –principalmente la pública– es la mejor herramienta con que cuenta el Estado para generar equidad y desarrollo social.

Cuando se habla de educación gratuita, es importante recordar que no significa carente de gasto. Que los estudiantes beneficiados estén subsidiados por el Estado quiere decir que se deben conseguir los recursos para hacerlo posible.

Creo que dadas las condiciones –y limitaciones– macroeconómicas que nos caracterizarán durante las próximas décadas, suponiendo un crecimiento positivo del orden del que hemos tenido en el pasado, sería muy valioso implantar un sistema de financiación por medio de un crédito al estudiante que pueda pagar cuando comience a trabajar. Este esquema se vuelve una herramienta fundamental que se desarrolla de forma paralela y complementaria al fortalecimiento de la financiación de la universidad pública.

El modelo de Financiación Contingente al Ingreso (FCI) fue creado y se ha desarrollado de forma exitosa en Australia. Allí privilegió el recaudo de recursos para fortalecer las finanzas de la educación pública y despertó la conciencia por valorar los recursos públicos y el capital social que representa acceder a la educación superior.

Sería muy valioso implantar un sistema de financiación por medio de un crédito al estudiante que pueda pagar cuando comience a trabajar.

El ranking ARWU evidencia que siete universidades australianas están entre las cien mejores del mundo, una clara relación entre inversión y calidad.

Todo se centra en repensar los impuestos para financiar la educación, reemplazar el modelo regresivo en el que aumentan los impuestos para la población afectando su bolsillo –sin saber hacia dónde se destinan los recursos– por un modelo progresivo, en el cual los beneficiarios directos van aportando al sistema de acuerdo con los ingresos que reciban y, ante todo, después de ver los resultados de la formación adquirida.

El financiamiento debe provenir del Estado

Crear un fondo estatal para financiar la educación superior es una estrategia para poder ofrecer acceso a la educación superior. Los créditos bancarios no tienen un interés social ni pretenden aportar a mejorar la calidad de vida de las personas.

Las tasas de usura y los intereses exponen a cualquier persona que no pueda cumplir con los pagos a un sufrimiento que afecta el desempeño laboral, las relaciones familiares y la autoestima.

Por eso, el financiamiento debe provenir del Estado, y con los logros salariales que reciban los beneficiaros se podrá seguir facilitando a otros la posibilidad de acceder a la educación superior.

El modelo de la FCI está siendo replicado en países desarrollados como Nueva Zelanda, Inglaterra y Corea del Sur, en economías emergentes como Hungría, Sudáfrica, Indonesia, Tailandia y Malasia, o en economías pobres como Etiopía, Namibia y Ruanda.

El modelo de la FCI está siendo replicado en países desarrollados como Nueva Zelanda, Inglaterra y Corea del Sur, en economías emergentes como Hungría, Sudáfrica, Indonesia, Tailandia y Malasia, o en economías pobres como Etiopía, Namibia y Ruanda.

En todos los casos, busca facilitar el acceso a la educación superior de calidad, más recursos para la financiación y un retorno de la inversión que se compensa con la empleabilidad. El  modelo fue presentado recientemente en Colombia por el profesor Bruce Chapman, y tiene los siguientes supuestos:

  • Considera que la educación superior de calidad es una excelente inversión que tiene una alta rentabilidad social e individual, la cual se demuestra con estudios de retorno.
  • Los beneficiarios solo pagan cuando están empleados, de modo que quien se encuentre desempleado no tiene que padecer la angustia de una deuda contraída.
  • Se busca romper las barreras tradicionales de los créditos educativos: estudios de crédito, codeudor, intereses, mora, capitalización de intereses y otros que hacen que muchas personas teman acceder a los créditos.
  • Es un sistema de financiación que retribuye los pagos al Estado; así se puede invertir en las universidades públicas.
  • Es una clara apuesta de inversión en el capital humano. Que quienes tienen el talento y no los recursos, puedan acceder a la educación superior.
  • Evidencia una clara relación entre inversión y calidad.

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