Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
Tres lecciones internacionales para la Comisión de la Verdad en su investigación sobre la infancia

En Colombia, uno de los grandes logros que dejó la firma del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera fue el de apoyar la indagación y escritura de una memoria histórica plural, diferenciada y capaz de hablar de lo oculto y ausente en las narraciones sobre la guerra en el país. Por eso, el trabajo de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, mejor conocida como Comisión de la Verdad, representa una oportunidad para saldar las deudas que los estudios sociológicos, históricos y políticos sobre el conflicto armado tienen con la infancia.

Además de la proliferación de una bibliografía casi idéntica y con los mismos abordajes referentes al reclutamiento de niños desde finales de los noventa, lo que existe en la producción nacional es limitado en torno a la niñez y su cruce con la violencia política.

Por la obra del Centro Nacional de Memoria Histórica se conoce que 405 niños y adolescentes fueron asesinados en las 1.982 masacres que se cometieron entre 1980 y 2012; que de 1970 a 2015 desaparecieron de manera forzada 3.217 niños y adolescentes, incluyendo 234 bebés de 0 a 5 años; y que la violencia sexual infligida a esta población alcanzó a darse por efectos de prebendas económicas y por el ofrecimiento de forjar lazos de parentesco con los victimarios.

De este modo, la misión que el Acuerdo de La Habana le encomendó a la Comisión de la Verdad, y que refrendó el Decreto 588 de 2017, es inmensa, importante e inédita. Recuérdese que su mandato en este caso se refiere textualmente a la “explicación amplia de la complejidad del conflicto” en “especial de los aspectos menos conocidos del conflicto” como su impacto “en los niños, niñas y adolescentes”. ¿Pero cómo hacerlo, por dónde empezar, qué ruta metodológica seguir? Sin duda la experiencia comparada puede ser útil para clarificar algunos de estos interrogantes.

Indagar los graves hechos de violencia

Lo que evidencian los informes de las comisiones de la verdad en el mundo es que a los niños difícilmente se les ha concebido como territorios de paz. De hecho su instrumentalización como medios para asestar golpes emocionales a la población civil y para comunicar la falta de límites a las organizaciones enemigas ha sido una constante. La masacre de El Mozote –en la que un millar de hombres, mujeres y niños fueron asesinados por agentes del Estado–, en 1981, analizada en la Comisión de la Verdad de El Salvador, es una prueba fehaciente de lo planteado. En esta masacre casi herodiana, a 131 menores de 12 años de edad se les ejecutó de las más diversas maneras: a tiros, culatazos, con piedras y empalamiento (método en el que la víctima es atravesada por una estaca). En Perú, por su parte, a cualquier menor de edad sindicado de pertenecer a Sendero Luminoso, como lo deja saber el texto de la Comisión de la Verdad peruana, se le ejecutaba o desaparecía por la mera sospecha.

Así, en Colombia uno de los componentes prioritarios de la tarea adjudicada a la Comisión de la Verdad frente a la infancia es hallar esas graves situaciones de violencia que priorizaron a los niños como objetivos de eliminación. Basta recordar lo ocurrido el 21 de febrero de 2005 en la masacre de San José de Apartado, donde paramilitares asesinaron a tres niños y cinco adultos, para tener un ejemplo latente a la mano.

Por otra parte, también resulta fundamental encontrar asesinatos, masacres y ejecuciones que carecen de existencia en los reportes oficiales y de prensa. Recientemente un informe del Centro de Memoria Histórica sobre el Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), dejó ver que en los relatos de los victimarios anidan hechos de este tipo, que tal vez por falta de confirmaciones, o por amenazas y miedos de represalias no fueron denunciados por los familiares de las víctimas.

Pasar de los hechos a las comprensiones de sentido

Enunciar las violencias ejercidas contra los niños de la manera más desagregada posible es fundamental. Pero más allá de eso, la función primordial de la Comisión de la Verdad frente a la infancia debe ser aclarar las estructuras de sentido y los actores tras bambalinas que direccionaron y permitieron que se les inmiscuyera en la guerra y que se les violentara de manera premeditada.

En efecto, urge consolidar estadísticas y testimonios, además de superarlos con interpretaciones que den respuestas claras acerca de la explotación simbólica del concepto moderno de la infancia en el conflicto armado. Para ello se pueden tomar como referentes lo que descubrieron la Comisión de la Verdad paraguaya o la guatemalteca: que a los niños se les torturaba frente a sus padres para doblegarlos emocionalmente o que, a 40 niñas entre los 0 y 5 años se les violó y despedazó en Guatemala, por los efectos mediáticos de terror y sumisión que tales actos generaban entre las comunidades. Falta saber entonces, trayendo a colación el contexto colombiano, quién ha instruido a los ejecutantes de la infancia y con qué lógicas interpretativas se ordenaron estas acciones.

Retos metodológicos y participativos

La renovación metodológica es otro de los grandes desafíos que tiene la Comisión de la Verdad ante su proyecto de memoria y niñez. En esencia, porque en muchas de sus antecesoras la infancia fue reducida a una serie de datos o a una experiencia narrada por los adultos que atestiguaron o vivieron en carne propia violaciones a sus derechos cuando eran menores de edad. Así ocurrió en la de Guatemala, Chile, El Salvador, Perú, Sudáfrica y Paraguay, entre otras.

Por el contrario, las comisiones de la verdad de Timor del Este y la de Sierra Leona optaron por escuchar a los niños directamente afectados por las hostilidades. Esta última en particular puede ser un ejemplo a seguir para la Comisión colombiana por la redacción de un informe paralelo y en versión amigable que se escribió con los propios niños para que la infancia en su país pudiera leer, conocer y estudiar lo que aconteció durante los años de la guerra desde su propia perspectiva.

En Colombia semejante proyecto podría ser tanto el inicio como un estímulo, quizás, para que estos temas se trabajen en la escuela y para que la memoria histórica se construya a partir de una relación horizontal y amistosa entre niños que les hablan a otros niños sobre los padecimientos, sensaciones e injusticias que vivieron a lo largo del conflicto armado.

Lea el artículoEl protagonismo de la infancia en las Comisiones de la Verdad: desafíos y retos para el posconflicto en Colombia”, publicado en la revista Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia.

Relacionados

114,1143,329,2238,234,1382,115

La depresión en los adultos, y el bullying y el abuso sexual en los niños, se encuentran entre las principales causas que han incrementado las cifras...

Este kit para niños de entre tres y cinco años incluye un cuento, un tapete, fichas y personajes que evocan la felicidad, la tristeza y el enojo.

Dicha bacteria, que está presente en los alimentos a base de féculas de maíz, plátano y mezclas de otras harinas, causa enfermedades intestinales en...

La reducción de asesinatos selectivos, masacres y hechos victimizantes entre 2011 y 2018 evidencia las bondades de la paz; sin embargo el discurso de...

El sacerdote jesuita Francisco de Roux, director de la Comisión de la Verdad, afirma que la paralización de la negociación con esta guerrilla...

Consejo Editorial