Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
Tras el rastro molecular de las tortugas traficadas

Una a una, las más de 100 tortugas que permanecen en la Unidad de Rescate y Rehabilitación de Animales Silvestres (Urras), en el campus de la Universidad Nacional de Colombia (UN) Sede Bogotá, fueron pasando por las manos –debidamente preparadas– de los estudiantes de Biología y de Medicina Veterinaria y de Zootecnia que participaron en el primer análisis molecular que se hace en el país de esta especie, para conocer su procedencia original.

El profesor Mario Vargas Ramírez –doctor en Biología Evolutiva–, del Instituto de Genética de la UN, señala que “liberar especies silvestres sin un estudio previo de su procedencia implica ciertos riesgos para su supervivencia y para el bienestar de la población a la que llegan, cuando esta no comparte su mismo origen”.

Un estudio liderado por él y por la profesora Claudia Brieva Rico, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia, vinculada a la Urras, profundizó en el análisis de la procedencia de los quelonios, como se conoce científicamente a las tortugas.

Los especímenes de las cuatro especies identificadas se llevarán a sus respectivos lugares de origen, con el permiso y salvoconducto correspondientes, expedidos por la Secretaría Distrital de Ambiente, y con el aval de las autoridades ambientales de los lugares a donde serán remitidos.

Al respecto, la doctora Lina Puentes, médica veterinaria de la Urras, explica que a los ejemplares se les introdujo un chip y se les tomaron fotografías para reconocer sus características físicas; luego, mediante un pinchazo en el cuello o en la cola, se les extrajo una pequeña muestra de sangre, no mayor a 1,5 ml, suficiente para estudiar su ADN o información genética.

Por su parte el estudiante Carlos Andrés Páramo, cuyo trabajo de grado en Medicina Veterinaria forma parte de este estudio, agrega que “también las observamos en detalle y determinamos todas sus características físicas y fenotípicas”. Los rasgos registrados son ojos color aceituna, escamas en la cabeza, colores del cuerpo y caparazón ovalado con manchas grandes cafés, entre otros. En esta fase de caracterización, que duró alrededor de dos semanas, trabajaron con él Andrés Camilo Plazas Vargas, Sara Alejandra Rivera Rubio y Laura Camila Uribe Arango.

Adaptaciones locales

Para poder sobrevivir, las especies crean ciertas adaptaciones locales relacionadas con factores tanto bióticos (flora y fauna de un ambiente determinado) como abióticos (elementos que rodean a las especies para que puedan vivir, como por ejemplo sol, luz, agua, etc.), además de competencia y depredadores, entre otros. Sin embargo cuando llega un individuo nuevo, que no tiene el mismo material genético, y se mezcla con los locales, se reduce ese bienestar creado haciendo que tales adaptaciones se diluyan y se llegue a afectar la eficacia reproductiva y la supervivencia de la población (fitness). Entonces se produce lo que los expertos denominan “depresión exogámica”, que consiste en la pérdida de la herencia evolutiva de las poblaciones de una especie por mezcla con individuos de otras poblaciones o subespecies.

En tales condiciones se pueden propiciar afectaciones en la salud y en el potencial evolutivo, lo que podría llevar a una extinción local, de ahí que el profesor Vargas considere muy importante hacer el análisis previo de los individuos que se van a liberar en determinada zona.

Un método indirecto para hacer esta identificación consiste en realizar estudios genéticos con marcadores moleculares neutrales como genes del ADN mitocondrial. En estos casos, una vez realizado el análisis, se evalúan los resultados de los animales que se van a liberar y se comparan con los marcadores de individuos de los cuales se conoce su procedencia.

Al realizar análisis moleculares que permitan relacionar las secuencias de animales decomisados con grupos genéticos definidos a lo largo del rango de distribución de las especies, se podría asumir una región de procedencia determinada. Para hacer esta comparación, los investigadores recorrieron algunas regiones del Pacífico, de la costa Atlántica, los Llanos Orientales, la Amazonia y el Magdalena Medio, donde obtuvieron muestras de las tortugas que habitan estas zonas.

Con el material genético extraído de la muestra de sangre, más un procedimiento llamado reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), se amplifican los marcadores moleculares que se quieren comparar y se llevan a un secuenciador, el cual determina la cadena de nucleótidos exacta y se sacan conclusiones.

Esta labor se adelantó como parte del trabajo de grado de una nueva generación de biólogos comprometidos con la conservación de quelonios colombianos: los estudiantes de Biología Sebastián Briceño, Andrés Jiménez y Hernán Mariño.

Seis especies estudiadas

La investigación en la Urras incluyó seis especies de tortugas: Chelonoidis carbonaria (morrocoy), Chelus fimbriata (matamata), Kinosternon leucostomum postinguinale (tapaculo), Podocnemis unifilis (terecay), Rhinoclemmys melanosterna (palmera) y Trachemys venusta callirostris (hicotea). Además se analizaron individuos de los cuales se conocía su procedencia, lo cual permitió comparar e inferir el origen más probable de los primeros.

Con este análisis se determinó que las tortugas morrocoy, matamata, palmera e hicotea contaban con algunos datos moleculares de referencia útiles para inferir su región de origen más probable. En cambio sobre las otras dos especies no se tenían datos moleculares, o los que se tenían eran deficientes.

La información obtenida les permite a los investigadores asegurar que los marcadores moleculares utilizados aportan información valiosa acerca de la región de procedencia de los individuos analizados, siempre y cuando existan datos de referencia vinculados a la distribución genética natural de las especies.

De hecho, los especímenes de las cuatro especies identificadas se llevarán a sus respectivos lugares de origen, con el permiso y salvoconducto correspondientes, expedidos por la Secretaría Distrital de Ambiente, y con el aval de las autoridades ambientales de los lugares a los que serán remitidos. En tal condición, los expertos consideran que el análisis molecular debería formar parte de la rutina de liberación de especies traficadas.

Así mismo creen que es necesario adelantar estudios detallados –tanto filogeográficos (distribución geográfica de los individuos) como de genética de poblaciones para las especies de quelonios continentales más traficadas– que permitan tener información de referencia acerca de los grupos genéticos y las poblaciones en su rango de distribución, un trabajo dispendioso pero necesario si se tiene en cuenta que en el mundo se registran 356 especies de tortugas, de las cuales 28 habitan en el área continental de Colombia y cinco en la marítima.

Tortugas, entre las más traficadas

La médica Lina Puentes, quien participó en la fase de muestreo, comenta que las tortugas, junto con las aves, siguen siendo las especies que más se trafican en Colombia. La mayoría de las que llegan a la Urras, donde son rehabilitadas y después enviadas a las autoridades ambientales para su liberación, son producto del tráfico ilegal. En el transcurso de los últimos años se han remitido para liberación alrededor de 80 tortugas, especialmente terecays, morrocoyes y hasta una matamata, enviada al Casanare.

Según la profesora Claudia Brieva, los reptiles figuran entre las especies más amenazadas en Colombia por cuenta del tráfico ilegal. Cerca del 37 % de estos corresponde a tortugas que habitan el territorio continental y que se hallan en distintas categorías de amenaza.

Al respecto, datos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia ubican a las tortugas morrocoy y terecay entre los animales de mayor ingreso a los centros de rescate de fauna silvestre.

Los reptiles figuran entre las especies más amenazadas en Colombia por cuenta del tráfico ilegal. De estos, cerca del 37 % son tortugas que habitan el territorio continental y que se hallan en distintas categorías de amenaza.

Aunque en el pasado en Colombia había tantas tortugas que –según cronistas del siglo XVIII– en la Orinoquia y Amazonia se podían hacer senderos de caparazones de charapas y terecay para atravesar los ríos, el país muestra hoy unas diezmadas poblaciones de estos reptiles que, a pesar de las campañas educativas, todavía son apetecidos como alimento, para comercializar como mascotas o para obtener productos medicinales.

Según el Ministerio, algunos autores han estimado que en 1800, solo en el río Orinoco existían cerca de 330.000 hembras adultas, cifra que llegó a tan solo 804 para 2010.

Los resultados obtenidos llevan a los investigadores a pensar en que es posible disminuir el riesgo de contaminación genética y sus efectos, pues la liberación de animales se podrá hacer en las regiones donde se encuentren las poblaciones genéticamente más similares.

Para los expertos de la UN, su estudio evidencia que aún falta investigar mucho más sobre las especies de tortugas objeto de tráfico ilegal, por lo cual formulan un llamado a seguir fomentando estudios en sistemática molecular que permitan tener bases sólidas de referencia para determinar los sitios de procedencia más probables de individuos incautados y ofrecer información objetiva para la conservación y el manejo de las especies.

De esta manera se llevarían a cabo procesos de liberación más responsables, por medio de una herramienta eficaz como la probada por ellos, para evitar la contaminación genética de poblaciones silvestres y el riesgo de perder las adaptaciones que se han venido dando durante millones de años de evolución.

Relacionados

73,1483,1871,1872

Después de realizar una microdisección con láser en una parte muy específica del cerebro de personas con y sin Alzheimer, se encontraron nuevos genes...

Tras analizar el adn mitocondrial de 46 restos óseos precolombinos en Boyacá, investigadores de la UNal encontraron que uno de ellos, proveniente del...

Es la representante de la ola migratoria más antigua que habita el norte de Suramérica desde hace ocho millones de años. Su nombre científico es...

Consejo Editorial