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Tortugas chipiro, las otras migrantes en la frontera con Venezuela

Una especie de tortugas –inmortalizadas en las fábulas por ser lentas pero sabias– transita entre Colombia y Venezuela. Se trata de las chipiro, del género Podocnemis, que han sido muy afectadas por la minería y debido a su explotación y consumo por parte de los nuevos pobladores que han llegado a esa región.

Esta especie, que puede alcanzar los 32 cm de longitud, posee en sus genes la historia que ya entre 1799 y 1804 había rastreado el famoso explorador alemán Alexander von Humboldt en su viaje a Suramérica. El científico siguió entonces la ruta por la que se han movido desde tiempo atrás las tortugas chipiro, desde la cuenca del Orinoco en Colombia, bajando por el río Atabapo y pasando a cuerpos de aguas negras del río Guainía, en la Amazonia, hasta el río Negro y brazo Casiquiare, en Venezuela.

Con técnicas de análisis genéticos, los investigadores Mario Vargas Ramírez, de la Universidad Nacional de Colombia, y Jan Michels, de la Universidad de Kiel en Alemania, han recogido los pasos de Von Humboldt para identificar con detalle la estructura genética y la conexión poblacional de la tortuga Podocnemis erythrocephala en el territorio fronterizo entre Venezuela y Colombia.

Por tratarse de “relictos ancestrales”, es decir organismos que fueron abundantes en el pasado, estos seres de cabecitas rojas, amarillas o naranja se remontan al Cretáceo y Paleógeno, periodos geológicos de este planeta que habitamos. Desde entonces estaban en permanente evolución y adaptación a los diversos cuerpos de agua en áreas tropicales suramericanas.

En este caso la genética sirvió para mostrar la separación y conexión de las tortugas chipiro, identificando las diferencias demográficas de la especie. Además se determinó el flujo genético entre las poblaciones a las dos cuencas hidrográficas y se trazaron líneas para buscar la conservación de la especie, pues ahora es común el consumo de huevos e individuos en la zona, debido a la llegada de nuevos habitantes.

Según el doctor Vargas, “el hecho de que las poblaciones colombianas de la tortuga chipiro han estado aisladas del resto de las poblaciones amazónicas desde hace tanto tiempo indica que deben ser protegidas por ser parte importante del potencial evolutivo de la especie. Además evidencia que los cuerpos de aguas negras colombianos son un refugio con biota único, que debe ser protegido”.

De los otros miembros de la familia, Podocnemididae, que son ocho especies, una está en Madagascar y las otras siete en Colombia y en el norte de Suramérica.

La teoría del reloj molecular

En los genes se esconde una historia: “por métodos moleculares estamos empezando a leer la historia de la vida sobre la Tierra; en este caso, de lo que pasó con los cuerpos de agua donde el Amazonas se comunica con el Orinoco. En el genoma neutral de las tortugas hay unas mutaciones que ofrecen pistas para “entender” esta historia. En el caso de las chipiro, las poblaciones del Orinoco y del Amazonas tienen 10 mutaciones de distancia, lo que quiere decir que mucho tiempo atrás se dio un proceso que las separó. Nuestra hipótesis es que esto sucedió en el Plioceno, hace unos tres millones de años”, detalla el profesor Vargas.

“La teoría del reloj molecular muestra una relación entre el número de mutaciones o la tasa de mutación y el tiempo: si uno utiliza un algoritmo que le permite tener en cuenta la tasa de mutación del fragmento de genes que está viendo, puede saber aproximadamente cuánto tiempo hace que eran una sola población. En otras palabras, el tiempo podría medirse en mutaciones”.

Con cabeza de distintos colores

En 2003, la profesora Olga Castaño Mora y su grupo desarrollaron una investigación que confirmó la presencia de la especie en Colombia. Ellos se dieron cuenta de que las tortugas de la Orinoquia tienen la cabeza amarilla y anaranjada, a diferencia de las amazónicas, que la tienen roja. “Eso nos puso a pensar en algunas diferencias temporales; puede ser que hace mucho tiempo las tortugas del Orinoco se quedaron aisladas de las del Amazonas”.

Los expertos Vargas y Michels identificaron las tortugas de esta especie que probablemente se originó en el Mioceno medio, hace cerca de trece millones de años.

“Lo interesante es que las especies que comparten aguas negras del Amazonas y del Orinoco pueden contarnos la historia por medio de sus genes. Leyéndolos también podemos obtener información acerca del lugar donde se conectan esas cuencas en Suramérica”, afirma el investigador Vargas.

Varias especies de chipiro están adaptadas a las aguas blancas, como por ejemplo Podocnemis unifilis, expansa y sextuberculata, pero otras están adaptadas a las aguas negras –como Podocnemis erythrocephala–, en las que se desarrollan y siguen viviendo a pesar de la pobreza de nutrientes.

“En otra investigación nos dimos cuenta de que Podocnemis erythrocephala se separó de su hermana P. lewyana del Magdalena, hace unos trece millones de años, cuando se empezó a levantar la cordillera Oriental de Colombia”, explica el doctor Vargas.

Aguas blancas, barrera natural

En las cuencas del río Amazonas y del Orinoco existen tres tipos de fuentes de agua: blancas, negras y claras. Podocnemis erythrocephala están exclusivamente adaptadas a las aguas claras y negras, que son pobres en conductividad y sedimentos. Esto quiere decir que las aguas blancas, como las del río Guaviare y Amazonas, son barreras fisiológicas naturales para estas tortugas.

Las fuentes de aguas blancas se diferencian por sus características físico-químicas: ricas en sedimentos y con alta conductividad, por lo cual permiten gran diversidad y riqueza biológica; por ejemplo el río Magdalena es de aguas blancas y tiene muchos bocachicos. Allí la gente puede pescar por los sedimentos que provienen de las cordilleras y aportan minerales y nutrientes al agua.

Las fuentes de aguas negras, por su parte, no son de cañerías sino que toman el color de los taninos, porque las hojas que se descomponen en el bosque son de color pardo oscuro. Estas aguas no tienen ninguna influencia de los Andes, sino que nacen en el Escudo guayanés. Se encuentran en una parte de la Orinoquia del Escudo de Guyana, la zona de Guainía, Chiribiquete y parte de la Amazonia. Se caracterizan por tener bajas conductividades, ser ácidas y pobres en sedimentos, lo cual genera una biota muy especial adaptada a estas condiciones, como es el caso de la tortuga chipiro.

Por último, las fuentes deaguas claras –presentes en la Amazonia y la Orinoquia– se parecen a las negras por sus características de baja conductividad y escasez de sedimentos, solo que no tienen taninos, por lo cual se ven transparentes. Estas son ecorregiones diferentes conectadas por el brazo Casiquiare, un corredor biogeográfico, es decir un canal de comunicación por el cual pueden transitar algunas de las especies, aunque para la chipiro se constituye en una barrera fisiológica.

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