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Siete años después, Colombia sigue en desventaja en el TLC con Estados Unidos

Desde la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos la balanza comercial del país pasó de positiva a negativa. Según las estadísticas del DANE, en 2012 Colombia tenía un superávit de 8.244 millones de dólares y a partir de 2014 se generó un déficit sostenido, situación que no se presentaba desde finales del siglo XX. Además, 2018 cerró con un déficit de 1702,6 millones de dólares, lo cual representa una pérdida de 11.192 millones de dólares (31.2 billones de pesos), desde la implementación del acuerdo.

El comercio con los Estados Unidos (Exportaciones + Importaciones) se ha reducido entre 2012 y 2019, pues pasó de ser de más de 36.011 millones de dólares a 23.627 millones de dólares, lo que significa una reducción de 34,4 %. De igual manera, Colombia ha venido perdiendo peso en el monto de exportaciones hacia Estados Unidos en más de 11.280 millones de dólares (unos 37 billones de pesos), lo que representa una reducción de 51,7 %.

Los resultados que se muestran, se explican en buena medida por el precio internacional del petróleo, debido a su importante participación en las exportaciones colombianas. Sin embargo, es de resaltar que adicionalmente, las exportaciones de bienes no tradicionales (por ejemplo, químicos, metalúrgicos y agropecuarios) han tenido un pobre desempeño durante este periodo, con una contracción de 27.4 %. Ello refleja que las exportaciones siguen presentando poca diversificación y se concentran en el sector minero-energético.

Los antecedentes

En 2011, luego de la firma del TLC entre Colombia y Estados Unidos, se enarbolaban una serie de beneficios para nuestro país. Uno de ellos:

  • la posibilidad de acceder al mercado más grande del mundo en bienes y servicios, con más de 308 millones de habitantes y
  • un ingreso per cápita anual de 47.400 dólares.

Con esto se esperaba garantizar un aumento y aceleración del crecimiento económico derivado del mayor flujo de capital (cantidad de dinero invertido en un país por individuos o empresas extranjeras); el incremento de las exportaciones, especialmente las de productos y servicios no “tradicionales”; el aumento de la competitividad de la industria nacional derivado del acceso a nuevas tecnologías, materias primas y conocimientos; la estabilidad del mercado laboral en el sector industrial, en la medida que las empresas requerirán su planta de personal para producir los bienes a exportar.

Así mismo, se argumentaba la posibilidad de generar más empleo en la medida que se ampliaran las ventas en el mercado extranjero y el favorecimiento de los consumidores debido a las mayores opciones en términos de calidad y precio, con lo cual se incrementaría el poder adquisitivo de los colombianos. Sin embargo, tales previsiones olvidaron las dificultades y riesgos que deben afrontar estos procesos:

  • la desprotección de sectores productivos poco beneficiados con la negociación del Tratado;
  • el desajuste en materia de ingresos tributarios, ya que al eliminar los aranceles de entrada de productos extranjeros se podría ahondar el déficit fiscal nacional, aunque en contraprestación se esperaba que este dinero se recuperara por concepto de IVA, derivados del mayor movimiento de la economía; y
  • la poca capacidad de adaptación de las empresas nacionales frente a los estándares internacionales de producción, generando concentración y captación del mercado por parte de las empresas extranjeras.

En efecto, el país tiene un crecimiento que muestra las peores tasas desde 2009, no se han diversificado las exportaciones al mercado estadounidense y los consumidores colombianos no han aumentado su capacidad adquisitiva. Ello es resultado de las difíciles condiciones económicas, con niveles cercanos al 58 % de informalidad, en el cual no hay trabajos dignos ni bien remunerados: el 70,3 % de los ocupados colombianos gana entre 0 y 1,5 salarios mínimos.

La evolución de la Balanza Comercial

Hay que resaltar que durante el período 1999-2013 Colombia obtuvo superávit de balanza comercial con los Estados Unidos y a partir de este último año, el déficit ha sido la constante. Justo en 2011 previo al inicio del TLC, según los registros del DANE, Colombia presentó el mayor superávit histórico de balanza comercial (8.991 millones de dólares). En contraste, al comparar esta última cifra con el resultado de 2018, -1.702,6 millones de dólares, se puede afirmar que se generó una caída de 10.693,6 millones en la balanza comercial. El mayor déficit de ésta se presentó en 2015 con -4.773,6 millones de dólares.

Colombia ha perdido en exportaciones hacia Estados Unidos 11.192 millones de dólares (alrededor de 37 billones de pesos), lo que significa una reducción en las ventas colombianas de 51,3 % comparando 2018 con 2012. Además, siguen siendo poco diversificadas.

Productividad y eficacia, las tareas pendientes del sector empresarial colombiano

Por lo visto anteriormente, el TLC con los Estados Unidos no le ha brindado a Colombia los beneficios económicos que se esperaban, al contrario, ha significado un retroceso en materia comercial, lo que permite inferir que, si las empresas en Colombia no mejoran en productividad y eficacia, no estarán en condiciones para competir en los mercados internacionales.

La premisa anterior subordina los TLC, es decir, si no se logra competitividad en los mercados internacionales, no se lograrán buenos resultados en el comercio exterior. Basta señalar que un país como China, con el que no se tiene Tratado, ha presentado una sorprendente variación en las importaciones, pasando de representar el 1 % de las importaciones totales en 1995, al 4 % en 2001, 8 % en 2006, 15 % en 2011, 19 % en 2016 y 21 % en 2018. De persistir esta tendencia, superará a los Estados Unidos como el principal proveedor de las importaciones colombianas.

Aquí surge una nueva incertidumbre, los dos mercados con los que Colombia tiene mayor relación en materia de comercio exterior son China y Estados Unidos. En 2018, las importaciones provenientes de estos países, que se vieron inmersos en el centro de una guerra comercial, representaron en conjunto 46 % (23.531 millones de dólares), de las compras al exterior. Precisamente, el DANE reportó que fueron las importaciones de China las que más crecieron el último año, 17 %, mientras que la de los Estados Unidos se incrementó apenas un 8,1 %.

Claramente, el libre comercio no es un tema prioritario en la agenda de Estados Unidos, un país que lideró durante décadas la premisa de la integración comercial y la reducción de barreras; la guerra arancelaria que mantiene con China evidencia que la idea del proteccionismo permanece arraigada en la principal potencia comercial del mundo.

 

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