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“Ser Pilo Paga fue un fracaso, pero tenemos que trabajar en conjunto por una amplia política pública de educación superior”

 

UN Periódico (UNP): ¿El programa Ser Pilo Paga (SPP) no tuvo nada bueno?

Leopoldo Múnera (LM):Tiene una inspiración igualitaria muy importante, en cuanto a que eso es precisamente lo que debe guiar a las políticas públicas.

Pero SPP está inspirado en una igualdad de oportunidades individuales, en un sentido tan restringido que terminó alimentando otras inequidades, sobre todo porque concibió la educación superior como un bien meritorio al que solo tienen derecho las personas que el sistema considere las más capaces o las más competentes, a partir de criterios que relativizan o ignoran las otras diferencias sociales.

UNP: Pero el programa logró que 40.000 estudiantes de escasos recursos económicos destacados académicamente estudien hoy en las universidades que ellos escogieron. ¿Eso no es algo destacable?

Leopoldo Múnera (LM):No, teniendo en cuenta que con los mismos recursos se hubiesen podido matricular unos 200.000 estudiantes en universidades públicas. Tampoco es para destacar el hecho de que SPP empleó recursos públicos pero se apartó de los principios de universalidad, incondicionalidad e individualidad que deben caracterizar un sistema de educación superior público. Además perjudicó a la clase media, en la medida en que distorsionó el mercado de las matrículas de las universidades, que no tuvieron inconveniente en seguir elevando su precio porque tenían un mercado cautivo, proveniente precisamente de los estudiantes de SPP.

UNP: Si los estudiantes se podían matricular en universidades públicas, ¿por qué la mayoría escogía las privadas?

LM: Existen pocas investigaciones sobre este asunto, pero las que se han hecho indican que escogen las universidades privadas porque tienen más capital social, es decir que ofrecen mayores conexiones, mayores posibilidades de trabajo y de movilidad social.

En segundo lugar estas se estaban prefiriendo porque hay una idea distorsionada de las públicas, en parte por culpa de las acciones de algunos de sus miembros, y en parte por la imagen negativa que prevalentemente han proyectado los medios, que hace que muchos padres de familia desconfíen a la hora de enviar a sus hijos –y sobre todo a sus hijas– a las universidades públicas.

Un tercer elemento que se ha encontrado es que la información es precaria y las decisiones se toman por cuestiones emocionales antes que por elementos racionales.

Sistemas regionales universitarios

UNP: En todo caso SPP atendió a una población vulnerable importante…

LM: Ahí hay un sofisma: las instituciones que están atendiendo a la población de regiones vulnerables son las públicas, y los pilos no llegaban de las regiones en las que hay mayor vulnerabilidad por pobreza y por violencia.

El programa SPP está concentrado donde hay menos pobres y existe mayor oferta académica. Por eso nosotros preguntamos: ¿por qué más bien el Estado no apoya a las universidades públicas que llegan a zonas en las que una amplia población es vulnerable?

UNP: Según su investigación con el profesor Mora, ¿qué programas debe impulsar el Estado para responder a la necesidad de ampliar la cobertura, considerando los escasos recursos?

LM: Primero se debe dejar de considerar a las instituciones públicas de forma aislada y que compiten por los recursos.

Es necesario impulsar programas que impliquen sinergias, que potencien e impulsen las universidades regionales.

Por ejemplo se pueden ofrecer programas conjuntos entre la Universidad Nacional y las universidades públicas de las regiones con financiaciones mucho más bajas que las de SPP, incluso sin plantas de personal propias, sino más bien con plantas manejadas en términos de sistemas regionales.

UNP:  ¿Por qué no se han hecho esas propuestas desde las instituciones correspondientes?

LM: Porque uno de los mercados más importantes en el mundo actual es el de los servicios educativos y detrás de ellos hay mucha gente. Y la orientación de la política pública de las entidades estatales en los últimos años se ha orientado a alimentar y a desarrollar esos mercados.

No se quiere fortalecer a las universidades públicas; eso se puede ver incluso en Visión 2034.


Se refiere al documento del Consejo Nacional de Educación Superior (CESU) titulado “Acuerdo por lo Superior 2034: Propuesta de Política Pública de la Educación Superior en Colombia en el Escenario de la Paz”.

La educación técnica y tecnológica

UNP: El problema de la escasez de recursos también golpea a la educación técnica y tecnológica, que está considerada precisamente en ese documento que acaba de mencionar.

LM: En efecto, de nuevo hay un problema presupuestal. La inversión por estudiante en la educación técnica superior es de 520 dólares, mientras que para la universitaria es de 2.300 dólares por estudiante. Es decir que hay cuatro veces más inversión en la universidad que en los programas tecnológicos, y esa menor inversión hace inviable la idea de acoplar la educación superior técnica y tecnológica con la universitaria, que es lo deseable.

Lo que tenemos va en contravía de lo que ocurre en otros países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en los que se invierte más en los estudiantes que cursan programas tecnológicos que en los que cursan programas universitarios.

Por eso se hace demagogia cuando se plantea que se va en esa dirección de integrar todo el sistema de educación terciaria (técnica, tecnológica y universitaria) pero en los actos no se apoya la educación técnica de calidad.

Entre las economías mayores de la región, Colombia es el país de América Latina que tiene menos institutos técnicos.

Lo que vemos es que en la transformación de educación superior a educación terciaria se busca ampliar la cobertura con educación técnica y tecnológica de baja calidad, en la medida en que se invierte poco en esta. Y agreguemos a eso que se distorsionó la educación para el trabajo, en las recientes reformas que se le hicieron al SENA, lo que es grave si se considera que no todos los jóvenes quieren ser universitarios.

Necesitamos entonces aumentar la oferta pública y también la oferta privada que cumpla criterios públicos. La cobertura universal de calidad se debe volver un horizonte del sistema público.

UNP: ¿Qué otras cosas se deben ajustar en el sistema público de educación superior?

LM: El gran problema que tenemos es la forma como se gobierna y como se orientan las universidades públicas, que en buena medida es resultado de la ausencia de autonomía real de las comunidades académicas.

Por un temor retardatario a la democracia universitaria se castra de entrada la iniciativa de esas comunidades. Así, Colombia está perdiendo una capacidad de innovación institucional pues las formas de gobierno que predominan están permeadas por el clientelismo regional y nacional.

Existe eso que la literatura en ciencia política llama simulacra, que son espacios más para legitimar los proyectos o para hacer ajustes pequeños, que para debatir y reformar de verdad las políticas públicas.

UNP: ¿Qué sigue después de la suspensión de SPP?

LM: No lo sabemos bien. Lo cierto es que en este momento existe una necesidad de disminuir el presupuesto, y ese no es un escenario futuro bueno porque sencillamente nos podemos quedar con menos inversión aún para la educación superior.

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