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Resultados electorales en regiones de conflicto: El Catatumbo

Al igual que los datos estadísticos y econométricos, los mapas electorales esconden la realidad monda lironda que pasa desapercibida para el lector desprevenido. Por ejemplo, cuando se dice que el ingreso diario per cápita colombiano (ingreso promedio de cada habitante) es de 16 dólares, se esconde el hecho de que hay un buen número de colombianos que no recibe uno solo de esos dólares y que hay otros, a los que les llega en cuestión de segundos.

En este sentido y a raíz de las recientes elecciones presidenciales, los medios masivos de comunicación colombianos publicaron un mapa electoral donde aparece una gran mancha azul celeste que comprende 23 departamentos del país como “duquistas” (72 %) y nueve departamentos, sumado Bogotá, en color morado, como “petristas” (28 %). Es un mapa que resulta no solo sospechoso sino peligroso porque alimenta la consideración de un país polarizado y mapeado al borde de una guerra civil.

Desde el punto de vista académico ni los 23 son tan “duquistas”, ni los nueve más Bogotá son tan “petristas” lo que resulta más cercano a la realidad, razón del país político y permite comprender la democracia posfrentenacionalista en construcción, como se puede ver a continuación, con base en una reflexión sobre la región del Catatumbo.

El Catatumbo (Norte de Santander) es una de las regiones paradigmáticas del conflicto del país, pues en allí han hecho presencia todos los actores armados. En la actualidad es la menos proclive al proceso de paz porque sus diversas violencias se re-alimentan con los problemas fronterizos, los cultivos y negocios ilícitos, la guerra entre grupos al margen de la ley, su raquítica industria e infraestructura y las tasas más altas de desempleo del país (por encima de un dígito).

Esta región comprende los 11 municipios de:

  • Ocaña
  • Tibú
  • Abrego
  • Sardinata
  • Convención
  • La Playa
  • El Tarra
  • El Carmen
  • Teorama
  • San Calixto
  • Hacarí.

En los seis primeros -que son los más antiguos y que concentran el 65 %del censo electoral de la región (192.000 en 2014)-, ganó las elecciones el candidato Iván Duque (63 %) y en los cinco restantes -que son más recientes-, Gustavo Petro (33 %).

Una mirada histórica de su comportamiento electoral presidencial desde 1994 –primera elección después de la Constitución de 1991- hasta 2018 –la última elección-, da luces para pensar las características de ese tipo de participación política e inferir identidades y diferencias con las otras regiones de conflicto del país y en proceso de acuerdos.

Disminución de la abstención

La primera característica es la abstención, que en el período analizado representa un promedio del 65 %, un porcentaje mayor al promedio nacional de 55,4 %. Sin embargo esta disminuye de forma constante a partir de 2002 (68 %) hasta 2018 (46,2 %), una cifra incluso más baja que la abstención nacional (46,62 %). Dicho comportamiento resulta alentador por cuanto indica que ha aumentado su participación (53,8%), muy seguramente de la mano de los posacuerdos.

En relación con las elecciones para alcaldes, la participación aumentó del 46 %, en 1994, al 61 %, en 2015, y para concejos municipales, del 47,9 %, en 1997, al 68,2 % en 2015, lo que reafirma lo anterior.

Esta tendencia indica lo estimulante que resultan las elecciones locales para la participación ciudadana y constituye, además, una invitación a su fortalecimiento -para la profundización de la democracia- y una de las claves en los alcances de los posacuerdos.

Participación variada

La segunda característica se relaciona con el hecho de que no existe un solo municipio donde el ganador cope el 100 % de las preferencias porque en todos se presenta la participación de la contraparte. En general entre los ganadores, Juan Manuel Santos alcanzó el máximo guarismo en 2010 con el 78 % y Álvaro Uribe Vélez, el menor, en 2002, con el 51 %.

Los resultados de la reciente elección presidencial muestran el 62 % para Iván Duque y 39 %, para Gustavo Petro. Por municipios la distribución fue así:

  • Abrego muestra su preferencia por Iván Duque con el 88 % a su favor y 12 % por Gustavo Petro
  • San Calixto, 93 % por Petro y 7 % por Duque
  • Tibú tiende a equipararse con 55 % para Duque y 45 % para Petro.

Los resultados de todos los municipios de la región fue el siguiente:

Vale indicar que no se han reportado enfrentamientos entre los electores como en otros tiempos bipartidistas, lo que no significa que grupos al margen de la ley no se quieran aprovechar de la situación para erigirse como sus representantes y, no solo desconocer los derechos de las minorías, sino eliminar a sus líderes. Es una situación que tiene su antídoto en la participación ciudadana y la presencia del estado social de derecho, un reto para los ejecutivos y legislativos que están por venir y una realidad fundamental a tener en cuenta en los planes de desarrollo nacional y locales.

El papel de los partidos

La tercera característica gira alrededor de las creencias, valores y metas básicas de los idearios partidistas. En su mayor parte, la región es de raigambre y tradición conservadora afín a los rezagos del bipartidismo del Frente Nacional, representado aún en 2002 por el Partido Conservador (Andrés Pastrana ganó las elecciones de 1994 y 1998 en 10 de sus 11 municipios) y entre 2006 y 2018, por los partidos Primero Colombia, la Unidad Nacional y el Centro Democrático, de talante uribista y santista neoconservador. En este contexto cabe destacar:

  • Primero, el dominio de esas creencias y valores en los municipios con mayor censo electoral y más antiguos: Ocaña, Abrego, Sardinata, Convención y La Playa
  • Segundo, la disonancia histórica del municipio de El Carmen como el único de tradición partidista liberal durante su historia pero que se inclina a favor del régimen neoconservador de la Seguridad Democrática a partir de 2006.
  • Tercero, el comportamiento disonante de los municipios de El Tarra, Hacarí y San Calixto -los de más reciente data- que en las elecciones de 2002 y 2006 optan por los partidos Liberal, Visionarios y Polo Democrático, pero que a partir de 2004 entran a formar parte de los partidos del régimen de la seguridad para dar un giro en 2018 hacia la propuesta de Colombia Humana.

Lo anterior permite considerar que en el Catatumbo se encuentra un núcleo de valores y creencias conservadurista tradicional sólido, que al amparo de la presencia de grupos armados y su ejercicio violento, ejerce de marras la acción gubernamental político-administrativo afín con el régimen frentenacionalista, objeto de su defunción final a partir de los posacuerdos.

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