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Repensar la política energética, una prioridad

Colombia es un país con petróleo, mas no petrolero; este recurso representa entre el 5 y el 7 % del producto interno bruto (PIB) y aporta cada año al presupuesto nacional entre 8 y 12 % según sea su precio. Desde principios de 2000, Ecopetrol se ha consolidado como una empresa industrial y comercial de carácter mixto con un 12 % de participación privada y 88 % del Estado; esto ha permitido que el país pueda tener una empresa más eficiente y competitiva, aunque todavía tiene mucho por mejorar.
 

La discusión actual sobre cuál es el papel que deben jugar los recursos minero-energéticos es muy pertinente y se debe afrontar ante una realidad mundial en la cual existen dos asuntos de interés estratégico: el cambio climático y el agotamiento de los recursos.
 

Puedes ver: ¿Qué es la huella de carbono y para qué sirve?


En el caso colombiano es necesario tener en cuenta varios elementos:
 

  • el carácter de país megadiverso,
  • la necesidad de avanzar hacia un modelo de país más incluyente y democrático, y,
  • combatir la pobreza y lograr un futuro viable para toda la población.

Partiendo de ahí: ¿cuál es el papel que pueden jugar los hidrocarburos en ese contexto?
 

Hoy el reto es desarrollar una política energética en la cual los hidrocarburos impulsen la estrategia energética nacional para lograr un modelo económico más justo, democrático y sustentable. En ese sentido se debe hacer de la energía –y específicamente de los hidrocarburos– un recurso que permita impulsar la economía nacional y la sociedad colombiana en general.


Es necesario recordar que Colombia es de los pocos países del mundo con una canasta energética diversa, una combinación de hidroelectricidad y combustibles fósiles que ha sido estructurada con base en señales de mercado, pero con una visión estatal que ha permitido incorporar recursos que antes no se tenían. En realidad, en el país, más que hablar de transición energética, se debería hablar de lo que se podría llamar como una “segunda transición”, dado que entre 1960 y 2000 el país ya hizo una primera transición en la cual se cambió el uso de leña y keroseno (cocinol) por electricidad y gas natural.

Según la gráfica, el 51 % de la energía que usaba el país era leña; la energía hidráulica representaba solo el 1,9 %, y no se usaba gas natural.
 

El panorama hoy es el siguiente:

En el caso de Colombia, la leña desapareció, el carbón perdió participación, y en su reemplazo entraron a tener un peso importante la energía hidráulica y el gas natural; el petróleo también ganó participación. En el caso del mundo se puede observar que los combustibles fósiles, gas natural incluido, representan el 85 %, en tanto que la hidráulica y las energías renovables representan solo el 11 % y la nuclear el 4 %. Esto, a pesar de todos los esfuerzos que vienen haciendo diversos países para disminuir la participación de los combustibles fósiles.
 

Además: ¿Qué es y cómo funciona un panel solar?.


El país enfrenta hoy decisiones de política energética que deben considerar varios elementos:
 

  1. Estrategia de descarbonización y avance en los acuerdos de París, que propone reducir en al menos 20 % las emisiones de gases de efecto invernadero.
  2. Tener en cuenta el carácter megadiverso del país, por lo cual se deben priorizar políticas de protección ambiental que preserven la biodiversidad.
  3. Pasar de una economía con un fuerte componente extractivo a una economía más enfocada en procesos de transformación y creación de valor.
  4. Fortalecer al Estado, para consolidar los valores democráticos en la sociedad y una economía más equitativa.
     

Es necesario pensar que el papel de los hidrocarburos no es solo aportar recursos económicos para los gobiernos locales y nacionales, sino que estos también deben ser un respaldo energético que impulse procesos de desarrollo local y de fortalecimiento científico tecnológico, con miras a lograr niveles de consumo energético eficientes que permitan disminuir la pobreza con impactos ambientales y sociales mínimos.
 

La relación entre energía y sociedad va más allá del cambio de hábitos de vida, de consumo, y de mejorar los procesos tecnológicos y la innovación en todos los ámbitos sociales.
 

Un escenario deseable para 2050 es el siguiente:

Se propone que las energías solar y eólica, y la biomasa ganen espacio importante y aporten alrededor del 26 %, reemplazando fundamentalmente al petróleo, el cual baja del 39 % al 15 %. En el caso del carbón y el gas natural, aunque se mantienen, la idea es que se usen de forma más limpia y eficiente.
 

Lo interesante de este escenario propuesto, es que el país podría bajar su dependencia energética de combustibles fósiles de 69 a 40 % en un horizonte de 30 años.


Este sería un escenario bastante factible desde la perspectiva práctica; en la última subasta de energía que propuso el Ministerio de Minas y Energía se presentaron ofertas para energía solar y eólica del orden de los 2.000 megawatts, lo que representaría un salto de menos del 1 % al 12,5 % de la capacidad instalada, una meta que en Europa tardaría 20 años o más, y que muestra el potencial del país en dichas fuentes.
 

Que esta crisis sea entonces la oportunidad para pensar un futuro más sustentable con una sociedad más democrática. Fortalecer un modelo económico y político acorde con las necesidades y posibilidades, en el cual se aprenda de los errores propios y de otros y se haga un camino propio.

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