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Reforma policial: urgente y estructural, pero poco probable

Esto es importante para entender parte de la controversia que se ha generado a raíz de los hechos ocurridos en Bogotá el pasado 9 de septiembre, con la muerte violenta de un ciudadano a manos de agentes de la Policía, el cual desató una serie de protestas sociales que probablemente mezclaban muchos factores como indignación con el tratamiento policial, pero también los acumulados de las movilizaciones de finales de 2019 y las respuestas policiales a estas, insatisfacciones por la situación económica derivada de la pandemia con las altas tasas de desempleo especialmente para jóvenes, y otra serie de motivaciones.
 

Dichas manifestaciones ciudadanas de protesta estuvieron cargadas igualmente de mucha violencia, generando como resultado más de una decena de muertos, decenas de heridos en los ciudadanos y en agentes policiales, y violentos daños de bienes públicos.
 

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Bajo este contexto, es importante considerar que seguramente va a continuar el malestar y descontento social, porque es en medio del mismo que se va a adelantar o no la eventual reforma policial.
 

A raíz de este hecho se volvió a plantear como prioridad una reforma a la Policía Nacional, una institución que es muy importante para la sociedad y que ha cumplido un rol fundamental en el pasado enfrentando una gran cantidad de amenazas y desafíos a la seguridad pública y ciudadana. Eso justamente llevó a distorsionar el rol clásico de la Policía, ya que ella terminó en tareas contrainsurgentes y en la lucha contra el narcotráfico al tener que enfrentar los “carteles” y sus sucesores delincuenciales, con alta capacidad militar; igualmente se imbuyó de una concepción doctrinal más cercana a aquella de la seguridad militar. Por eso algunos analistas han dicho que en realidad en Colombia la Policía Nacional, ha sido un segundo Ejército, por su tamaño en número de hombres, su dotación en equipos y armamentos y su concepción doctrinal.
 

De nuevo ahora –y ojalá esta vez sí sea en serio– la sociedad exige una profunda reforma policial. Sin embargo, la historia reciente nos muestra que este es un discurso reiterado cuando hay crisis que involucran a la institución policial; además, cuando se habla de una reforma de este tipo, inicialmente se piensa en “comisiones” como las que se han tenido en el pasado y que, a excepción de las creadas durante la administración del expresidente César Gaviria en 1993, se han quedado en simples recomendaciones.
 

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Desde las reflexiones adelantadas en el grupo de Investigación en Seguridad y Defensa desde hace varios años, consideramos que una reforma seria de la Policía, no una de tipo cosmético que son las que hemos visto en el pasado, debe abocar aspectos urgentes que podrían darse en el corto plazo y otras de tipo más estructural, en la cual debería intervenir el Congreso de la República por cuanto representaría cambios constitucionales, además de los legales.
 

Dentro de las reformas urgentes a la institución que se deberían abocar, es necesario estudiar y sugerir soluciones prácticas frente a por lo menos cinco aspectos, a saber:

  1. revisar el actual proceso de selección de los miembros de la institución;
  2. analizar el proceso de formación de los agentes y la centralidad que en este deben tener los Derechos Humanos –que no es simplemente darles cursos relacionados, sino que este sea una orientación que atraviese todo el proceso de formación;
  3. revisar con especialistas policiales y civiles la doctrina operacional1 que debe tener como referente la seguridad ciudadana y cuyo objeto central de protección es el ciudadano y su énfasis se debe situar en la prevención de los delitos a partir de una estrecha relación con esa ciudadanía;
  4. implementar una cultura de rendición de cuentas a la sociedad, además de sus superiores, a todos los niveles de la institución;
  5. revisar la remuneración salarial policial y los sistemas de incentivos.

Un problema complejo es que la institución ha sido muy militarizada desde hace muchos decenios, porque ha tenido que cumplir tareas de contrainsurgencia y de lucha contra los grupos de crimen organizado ligados al narcotráfico; lo cual los llevó a asumir la doctrina de seguridad nacional –propia de los militares en un período-, que ve ‘enemigos internos’ por todas partes y en esa medida la institución y sus miembros está marcada por esa ambivalencia doctrinal interna. Y por supuesto se presentan casos en que un policía que lleva un tiempo en tareas contrainsurgentes es trasladado a tareas de seguridad ciudadana y es inevitable que allí haya choques en cuanto hace a sus prácticas de relacionamiento con los ciudadanos.
 

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Por otra parte, hay un conjunto de reformas más estructurales, que requieren cambios legales y constitucionales; para ello sería necesario que el Congreso defina un grupo de análisis y propuestas que se ocupe de temas como:

  • la pertinencia de trasladar la Policía del Ministerio de Defensa al Ministerio del Interior o al Ministerio de Justicia y Seguridad Ciudadana –introduciendo este cambio en ese Ministerio-;
  • modificar el fuero militar para los miembros de la Policía;
  • clarificar esa ambigua relación que estableció la Constitución de 1991 –considera a la Policía como parte de la Fuerza Pública– y establece una no clara dependencia entre la línea jerárquica –propia del rezago militar en la institución– y la disposición constitucional que establece que el alcalde es el jefe de Policía de su municipio; 
  • definir claramente la relación interna entre cuerpos con vocación contrainsurgente o contra los carteles del narcotráfico –que tienen otra orientación doctrinaria- y los cuerpos dedicados a la seguridad ciudadana, o a cumplir funciones de policía judicial, razón de ser de la institución policial.
     

Para concluir, considero que no hay muchas probabilidades de una reforma policial medianamente relevante porque no existe esa voluntad reformista en el actual Gobierno y porque no hay un claro liderazgo civil capaz de promover y sacar adelante la misma. Más distantes están las reformas estructurales, a no ser que surgiera un grupo de congresistas con capacidad e interés de liderar esto. Así que, habrá algunas decisiones “cosméticas” y lo demás se dejará para la próxima crisis que se presente. No es una actitud pesimista, más bien corresponde a un realismo que desafortunadamente será lo que predominará. Ojalá esté equivocado.

 


1 La propia Policía la entiende como “el conjunto de ideas u opiniones, preceptos éticos, legales y conceptos oficialmente aceptados, en los cuales se fundamenta todo el quehacer policial, de manera que la Institución tenga bien claro su destino a la luz de los principios filosóficos y dogmáticos que le señalen su razón de ser en el ámbito de las instituciones del Estado”.

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