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Reciclaje y termovalorización, parte del modelo de gestión sostenible de residuos sólidos urbanos

Con los años se ha impuesto una licitación para recolección, barrido y limpieza (RBL); otra para la disposición final (DF) y otra más para residuos hospitalarios, y consciente o inconscientemente se ha ignorado la gestión del material potencialmente reciclable (MPR), o se ha dejado a la libre competencia, pura y simple. Respecto al aprovechamiento, hasta la legislación transgrede la concepción técnica y ha dividido en dos supuestos grupos al residuo sólido urbano (RSU) domiciliario en aprovechable y no aprovechable1 como si técnicamente no fuera posible aprovechar todo tipo de RSU, además de considerar erróneamente que solo es aprovechable el MPR.

Según dicho Decreto, los residuos aprovechables son MPR, los cuales son recolectados y comercializados por los recicladores de oficio, y lleva a un rechazo que termina en el Relleno Sanitario Doña Juana (RSDJ). Técnicamente, los residuos llamados “no aprovechables” son todo lo contrario: residuos aprovechables mediante técnicas o procesos biológicos –como compostaje y biodigestión anaerobia– y mediante procesos térmicos como gasificación, pirólisis, plasma o termovalorización.
 

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Dentro de los residuos ordinarios está incluido el resultante del corte de césped y la poda de árboles, que tiene una flota de recolección separada y que no debería ir al RSDJ sino someterse a tratamiento biológico –compostaje, por sus costos– junto con otros residuos vegetales –que se podrían recolectar con esa misma flota optimizada– como los de las plazas de mercado y los domésticos de cocina, previamente seleccionados, que no deben contener residuos de cocción, pero que, para obtener un producto –abono orgánico o suelo mejorado– estable y de calidad, requiere de una estricta separación en la fuente para evitar su contaminación.
 

El residuo “no aprovechable”, según el Decreto 1077, junto con parte del residuo voluminoso y del rechazo del proceso de reciclaje, es una fracción ideal para el aprovechamiento térmico por termovalorización para generar energía.
 

Los tres componentes: reciclaje del MPR; compostaje del residuo vegetal correctamente separado, y termovalorización para el resto de residuo ordinario, constituyen la tecnología alterna que solucionaría el problema del RSDJ y que representa un verdadero cambio en el modelo de aseo.
 

Se pasaría de un modelo de enterramiento a un modelo integral de aprovechamiento de todos los residuos, para enterrar solo el rechazo inerte –cenizas– de las plantas de termovalorización.


El mundo desarrollado ha avanzado en esta dirección con los programas de Basura Cero, tal como se muestra para Europa en la siguiente figura.

Como se observa, en la medida en que un país ha logrado un mayor desarrollo, se minimiza el uso de la tecnología de los rellenos sanitarios –porcentaje en rojo–, y se maximizan tanto el reciclaje de MPR y compostaje –porcentaje en verde– como la termovalorización del resto de residuos ordinarios domésticos, en amarillo.


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Para países como Alemania, Bélgica, Suiza, Dinamarca y Países Bajos, el enterramiento de residuos se ha reducido al 1 % de lo que generan. Se debe aclarar que esos rellenos sanitarios son mucho menos impactantes ambientalmente que el RSDJ, ya que allí solo disponen residuos de las plantas de tratamiento, que son residuos inertes que no generan lixiviados ni gas metano (CH4), que es el gas de mayor efecto invernadero: alrededor de 21 veces el del CO2.
 

Para el caso de Dinamarca, se logró tratar el 54 % de los residuos por medio de termovalorización, el 44 % mediante reciclaje y compostaje, y –como ya se anotó– alrededor del 1 % mediante relleno sanitario. Como se puede apreciar al lado izquierdo de la figura 2, la media de Europa para 2014 es del 44 % para reciclaje y compostaje, 27 % para termovalorización, y aún un 28 % para rellenos sanitarios, lo que demuestra que el proceso es gradual, y que además las tecnologías mencionadas no son excluyentes sino complementarias.
 

Por último, en la parte derecha de la figura se muestra la situación de Bogotá para 2018, con valores que aún hoy se mantienen: 15 % de reciclaje y 85 % dispuesto en el RSDJ, y el cambio que se produciría al implementar una planta de termovalorización en 2024: el residuo en el RSDJ se reduciría al 11 %, se utilizaría el 61 % de los residuos ordinarios generados como combustible para la planta, y con un propósito en la línea de reciclaje y compostaje y este se incrementaría hasta un 27 % del residuo generado.
 

Si así fuera, se pasaría de un aprovechamiento similar al de Croacia (83 y 17%), a una posición por delante de Finlandia (17, 50 y 33%), y solo superados por los ocho países de Europa que han logrado una mayor minimización de los rellenos sanitarios.
 

Vale la pena destacar que en 2015 el mundo contaba con 1.914 plantas de termovalorización instaladas y en operación, así: 1.350 en Japón, 480 en Europa y 84 en Estados Unidos, y con un crecimiento significativo (16 plantas construidas en los últimos diez años).
 

La termovalorización


En el país existen dudas sobre la viabilidad de la termovalorización, y algunos ciudadanos critican que genera emisiones de gases como el CO2. Aunque debe aceptarse que todas las tecnologías tienen una huella de carbono, es sustancial centrarse en el análisis de la termovalorización. Dicha tecnología consiste esencialmente en una planta termoeléctrica que, en vez de consumir combustibles fósiles como el carbón, el gas, el fueloil –caso de las termoeléctricas de nuestro país–, utiliza RSU, un combustible de menor costo, que ahora es desechable y está ocasionando un grave impacto ambiental y de salud en nuestros rellenos sanitarios y su entorno, particularmente en el RSDJ.
 

Este cambio de combustible evitaría la necesidad de la minería extractiva de los combustibles fósiles, razón suficiente para justificar su implementación.

La planta diseñada y propuesta por Veolia para la ciudad de México en 2017 estableció una capacidad instalada de 110 MW, con 4.500 ton/día de residuos, valores similares a los arrojados en estudios de factibilidad para Bogotá. En efecto, la investigación“Estudio de la central térmica para Bogotá empleando las basuras que se recogen en la ciudad”, realizada por etapas entre 1982 y 1984 en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, dio como resultado una planta con una capacidad instalada de 150 MW, para una recepción de 6.000 ton/día de RSU.

El NOM-098 es la reglamentación vigente para 2015 en Ciudad de México. Como se aprecia, las emisiones cumplen con la legislación europea, que es mucho más estricta que la reglamentación mexicana.
 

Además: Reactor para tratamiento de lixiviados, solución a la contaminación en rellenos sanitarios.

 

En resumen, existen varios factores que hacen inaplazable la implementación de la termovalorización como opción viable para un nuevo modelo de aseo para Bogotá, entre estos:

  • la carencia de predios apropiados –no de vocación agrícola, como el RSDJ–, para implementar nuevos rellenos sanitarios,
  • la oportunidad que presenta este modelo de ser ubicado en zonas urbanas, como se puede constatar en ciudades como Tokio, Londres, Helsinki y Barcelona, entre otras,
  • la capacidad de esta tecnología de no generar residuos líquidos –lixiviados–, ni gases tan nocivos como el CH4,
  • el tiempo de tratamiento, horas, comparado con los cientos de años que dura la descomposición de los residuos en el relleno sanitario,
  • la fácil y conveniente comercialización de su producto principal, que es energía limpia, y
  • la posibilidad de establecer varias unidades en diferentes zonas de la ciudad, que reducirían los largos trayectos de la flota de recolección, y por ende su contaminación.
     

Como conclusión: un modelo de gestión sostenible de RSU, que se separe del actual modelo de enterramiento, incluiría simultáneamente:

  1. reciclaje del MPR,
  2. compostaje del residuo de origen vegetal, correctamente separado en la fuente,
  3. termovalorización para el resto de residuo ordinario y para el rechazo de las plantas de reciclaje y de las plantas de compostaje, y
  4. disposición final o relleno sanitario, para enterrar solo el rechazo inerte–cenizas–de las plantas de termovalorización.


Todo esto requiere de inversiones en infraestructura que incluyan, además de las plantas respectivas, predios; estaciones de clasificación y aprovechamiento (ECA) que cumplan con la normatividad de seguridad ambiental y sanitaria; flotas de recolección propias para cada tipo de material: MPR, ordinario vegetal, y los compactadores de residuo ordinario doméstico, todas ellas con su frecuencia de recolección independiente.


Sin duda, es imprescindible contar con la decisión política para realmente poner en marcha un nuevo modelo de aseo basado en el reciclaje, el aprovechamiento de los residuos y la voluntad de minimizar el residuo que se lleva a los rellenos sanitarios. Por esto se hace extraño que no haya quedado expresado explícitamente como prioritario en el Plan de Desarrollo, que se aprobó en el Concejo de Bogotá el 31 de mayo de 2020.

 


1 Decreto 1077 de mayo de 2015 del Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, “Por medio del cual se expide el Decreto Único Reglamentario del Sector Vivienda, Ciudad y Territorio” http://www.minvivienda.gov.co/NormativaInstitucional/1077%20-%202015.pdf

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