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    Reafirmación del capitalismo: herencia de una década de gobiernos progresistas

La llegada de los llamados gobiernos progresistas a América Latina, después de dos décadas de la arremetida neoliberal en la región, abrió inmensas expectativas de cambio social no solo dentro del subcontinente sino también en el contexto mundial.

La resistencia y la lucha social latinoamericana que enfrentó y, en algunos casos, frenó la violencia económica y social del ajuste estructural emanado del Consenso de Washington, permitió dos hechos de enorme importancia política para la historia de la región:

1. Deslegitimar la institucionalidad estatal dominada por el neoliberalismo y golpear la hegemonía del capitalismo neoliberal y su política de privatizaciones; deuda externa; destrucción de la política social y del Estado nacional; y pérdida de soberanía económica y política por el sometimiento a los organismos financieros internacionales y al Estado norteamericano.
Gran parte de la sociedad latinoamericana se movilizó en contra de la devastación social y económica que las políticas del ajuste neoliberal provocaron en la mayoría de los países latinoamericanos. La lucha de los diversos movimientos sociales logró en los siguientes países:

  • Ecuador, destronar tres gobiernos neoliberales de forma consecutiva.
  • Venezuela, retirar a un presidente de su cargo, acusado de corrupción.
  • Argentina, la renuncia del presidente responsable de la crisis financiera.
  • Bolivia, adelantar la movilización social conocida como la Guerra del Agua en contra de la privatización del servicio.

Suramérica se encontró envuelta en una profunda crisis política por la pérdida de legitimidad de la institución estatal neoliberal. La consigna que compartían los movimientos sociales de ¡Que se vayan todos!, mostró el desgarramiento casi total de la fantasía ideológica neoliberal, pues no se trataba simplemente de cambiar un gobierno por otro, un apoderado del capital por otro, sino de cambiar el orden político.

2. Ligado y producto del primer hecho se operó el vaciamiento institucional del poder político que anunciaba un eventual nuevo acto político. Aunque con riesgo, se podría hablar de un escenario prerrevolucionario en algunos países de la región. Gran parte de la sociedad latinoamericana dirigida por los movimientos sociales en resistencia había logrado niveles importantes de conciencia antineoliberal.

En países como Ecuador y Bolivia se llegó incluso a discutir temas que abordaban transformaciones de orden civilizatorio, gracias al papel fundamental que tuvieron los pueblos ancestrales en las luchas antineoliberales. En su ensayo neoliberal, el vaciamiento de la institucionalidad política del poder capitalista era producido y al mismo tiempo producía el ensanchamiento de la esperanza de otro mundo posible. América Latina se encontraba tejiendo su propia utopía después de la caída del Muro de Berlín.

 

En el escenario abierto por estos dos hechos, que difícilmente se volverá a dar, es que emergen los proyectos de los denominados gobiernos progresistas de izquierda. En su inicio estos gobiernos se formaron y nutrieron de la lucha de los movimientos sociales latinoamericanos; recogieron sus demandas –incluso aquellas más radicales como la del Estado plurinacional–; los derechos de la naturaleza; la moratoria del pago de la ilegítima deuda externa y la realización de una auditoría soberana sobre esta; la salida de bases militares norteamericanas; el pago de la deuda social y la recuperación del Estado nacional, entre otros.

Hubo propuestas interesantes de una articulación soberana de Suramérica para enfrentar los poderes del imperio norteamericano, entre ellas el Banco del Sur, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Desde el eje Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua se lanzó la idea del socialismo del siglo XXI, lo que hacía pensar que estos gobiernos podrían las bases para una real transformación social, no solo antineoliberal sino también anticapitalista.

No pasó mucho tiempo para que la cualidad progresista de los gobiernos superara y liquidara su cualidad de izquierda. Se entiende que el progresismo es una característica que proviene del marco ideológico del progreso capitalista y que la cualidad de izquierda proviene del marco ideológico antagónico al capitalismo.

El mandato político proveniente del significante progresismo determinó, por ejemplo, que estos gobiernos ampliaran la frontera extractiva en todo el continente que la lucha antineoliberal había frenado, de alguna manera. Requerían todas las divisas que les proveían la venta de commodities, para montar una inmensa infraestructura regional que supuestamente serviría para salir de la economía primario exportadora.

Sin embargo, en esta empresa modernizadora cambiaron el sometimiento al capital del eje norteamericano al eje asiático. Un cambio de amo capitalista que profundizó la destrucción de la naturaleza y de los territorios de los pueblos que la habitan. Así, a nombre del crecimiento económico, el desarrollo capitalista y el progreso moderno terminaron abandonando el proyecto de trasformación que emergió como la utopía latinoamericana en el seno de los movimientos sociales que lucharon y resistieron el neoliberalismo.

Después de más de una década de gobiernos progresistas hemos llegado a su fin de ciclo; la herencia que le dejan a Latinoamérica es la afirmación del capitalismo en la materialización conservadora de su ideología del progreso moderno, lo cual es visible en:

  • El avance del extractivismo, que significa un daño mayor y, en muchos casos, irreversible a la naturaleza, y en esa medida una destrucción de los territorios de los pueblos ancestrales y de los pueblos campesinos, que son expulsados y condenados a la exclusión social.
  • La implementación de una infraestructura para mover capital, en varios casos innecesaria, y que además expresa la acumulación de capital por medio de la corrupción estructural entre Estado y empresa privada.
  • Un ensanchamiento temporal de la clase media consumista que sirve de cordón de trasmisión de la ideología consumista hacia los sectores populares, con la cual se establecen una despolitización y un conformismo político.
  • En el caso particular de Ecuador, y quizá de Bolivia, una regresión de la conciencia anticolonial de la sociedad por efecto de la expansión de la ideología del progreso moderno y su pedagogía colonial en contra de la vida de los pueblos ancestrales.

Más allá de esto, la peor herencia del progresismo es la derrota ideológica de la utopía de izquierda. La modernización conservadora del capitalismo con sus nefastas consecuencias se hizo a nombre de la izquierda, lo cual provocó que gran parte –por no decir la mayoría, de la sociedad latinoamericana vuelva su mirada a la vieja derecha reencauchada.

Ahora pocos quieren hablar de izquierda y de derecha; el discurso de la posideología ha llegado para quedarse en América Latina.

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