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Primera cartografía de la nación gunadule

La del pueblo gunadule (antes kuna) es una historia de división que inició con la secesión de Panamá de Colombia, en 1903. Desde entonces, aunque han permanecido separados geográficamente por la frontera, la fuerza de sus tradiciones y su lengua los mantiene asidos.

En 2009, las comunidades binacionales acordaron unir sus nombres. Antes, la población de las comarcas Madungandí, Wargandí y Guna Yala (Panamá) se autodenominaban “guna”, y las colombianas “dule”; gunadule significa “las personas que viven en la superficie de la tierra”, y es uno de los 108 pueblos transfronterizos que existen en América Latina.

Los “dule” habitan las comarcas Maggilagundiwala en Arquía (Chocó) e Ibggigundiwala en Caimán Nuevo, entre los municipios de Necoclí y Turbo (Antioquia), su población, conformada en la actualidad por unas 2.400 personas, ha tenido que enfrentar el asedio de su territorio.

En la reducción del espacio vital gunadule han tenido que ver tres eventos:

  • El establecimiento en 1940 del Ingenio Sautata para la explotación de oro, el cual motivó la huida de la antigua comunidad guna Onguitiwala, de Unguía (Chocó)
  • La ocupación violenta de colonos y comunidades embera, que desplazó a 160 personas de la antigua comunidad Cutty, de Cutí, también en Chocó
  • La usurpación en los años sesenta de 7.500 de sus 10.000 hectáreas por parte de terratenientes antioqueños y cordobeses.

Abadio Green Stócel, el primer indígena en obtener un título de doctorado en Colombia, quien es miembro de la comunidad, recuerda que hacia 1985 la comunidad inició la defensa de su territorio: “hace 32 años en Antioquia la gente no creía que existieran pueblos originarios”, afirma.

Para comprender mejor el ejercicio de cohesión territorial realizada por este pueblo transfronterizo, Andrés David Álvarez Castrillón, magíster en Estudios Urbano-Regionales de la Universidad Nacional de Colombia (un) Sede Medellín, elaboró dos mapas: uno geográfico y otro poblacional.

Más allá del espacio geográfico

Para diseñar la cartografía, el investigador Álvarez estuvo durante 15 días en el territorio gunadule de Armila (primera comunidad gunadule en Panamá), Anachucuna, Ciudad de Panamá, Nueva Caledonia, Mulatupu y otras islas pequeñas del archipiélago.

También visitó Arquía (en Unguía, Chocó) y Caimán Nuevo (Necoclí, Antioquia), donde –mediante observación participante– entrevistó, escuchó relatos, atendió las orientaciones y tomó datos que quedaron condensados en un diario de campo.

Con ese insumo produjo el primer mapa, en el que ubica las comarcas, los resguardos y los territorios no conocidos; también se encuentran tanto los poblados indígenas y urbanos. Por ejemplo muestra que la población de Ibggigundiwala asciende a 1.700 personas y la de Maggilagundiwala a unas 700. “Se trata de una población menor en contraste con Guna Yala (en Panamá), con 30.000 habitantes, más 1.500 que residen en otras comarcas de ese país”, amplía.

El otro mapa establece los vínculos, es decir las relaciones entre las comunidades de los territorios gunadule de Panamá y Colombia, expresadas –por ejemplo– en caminos sagrados. En ese sentido, la comunidad dule de Arquía se relaciona con Paya y Pucurú, comunidades guna de Panamá no reconocidas por el Estado pero que mantienen un lazo cultural con este. En 1998, después de una incursión paramilitar, cuando hubo una matanza de cuatro líderes espirituales, dicho lazo se truncó afectando la seguridad de la comunidad. Una década después el contacto se retomó.

El otro mapa establece los vínculos, es decir las relaciones entre las comunidades de los territorios gunadule de Panamá y Colombia, expresadas –por ejemplo– en caminos sagrados.

Aunque en los mapas se observan las fronteras entre ambos países, al pueblo gunadule lo unen las tradiciones y la lengua. Sin embargo esta riqueza ancestral no los ha hecho inmunes a la violencia y el asedio: durante cerca de los últimos 25 años ellos han tenido que exigirles tanto al Estado como a los grupos armados ilegales el respeto por su territorio, y desde febrero de este año se concentran en impedir el desarrollo de la explotación de carbón y de proyectos hidroeléctricos.

Según el magíster Álvarez, la visión occidental sobre los mapas y sobre el territorio es “cosificada”, es decir que se le asignan utilidades específicas. Sin embargo, Green Stócel indica que en la cosmovisión gunadule “cuando nos referimos al territorio todo está conectado al cosmos y a la Tierra, porque son microcosmos; el Sol, los árboles, las montañas o las lagunas son los seres más grandes de la Madre Tierra que consideramos como el vientre, porque de allí salimos todos”.

En ese sentido, aunque para los gunadule el territorio no es sinónimo de mapa, la propuesta del magíster Castrillón es establecer un diálogo entre su territorialidad ancestral y la visión cartográfica occidental.

Para el investigador de la un, acercarse a la manera como los dule entienden (simbolizan) su territorio, cómo interactúan las dos partes fragmentadas, y cómo han llevado a cabo sus luchas por este en el marco político de ambos estados, es un ejercicio de reconocer el valor de la vigencia de las culturas originarias de América, para entender otras posibilidades que tiene el territorio indígena.

Recuadro: Identidad gunadule

  • La nación gunadule tiene su propia estructura organizativa, en la que el cacicazgo es el eje.
  • Cuentan con un sistema educativo y un plan de salvaguarda étnica, y además cada seis meses realizan congresos generales en Colombia y Panamá para analizar aspectos políticos, como la relación de la nación gunadule con los países; en estos también hay danzas y rituales.
  • La consolidación del actual territorio del pueblo guna empezó con la Revolución de 1925, cuando los guna de Panamá se opusieron a la presencia de guardias de ese país que pretendían despojarlos de sus trajes tradicionales, prohibirles hablar su lengua e impedirles actividades como la caza, tratando de suplantar la autoridad tradicional de los saglas (líderes espirituales de las comunidades).
  • En 1936 el Gobierno panameño aprobó la Ley 16 para ratificar el Acuerdo de Paz con el Congreso General dule que reconoció el territorio y su autonomía en la comarca de Guna Yala. Estados Unidos es garante de dicho Acuerdo.

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