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Primer registro de escarabajo acuático que mide calidad del agua

Durante ocho meses la bióloga Denis Mairú Hincapié Montoya recorrió las quebradas de 17 municipios de Antioquia con un solo objetivo: hallar escarabajos acuáticos. Sin embargo no le servía cualquiera, ella buscaba los coleópteros del género macrelmis, pertenecientes a los élmidos, una de las familias más prolíficas existentes en la región tropical de América, de la que se estima que está dividida en 147 géneros y 1.497 especies.

Si se tiene en cuenta que hay especies de escarabajos diminutos que miden desde una fracción de milímetro hasta algunas que alcanzan más de 7,5 cm de largo, no parecía fácil la tarea de la estudiante de la Maestría en Entomología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UN) Sede Medellín.

Cada semana, enfundada en unas botas pantaneras negras que le llegaban hasta las rodillas, y “armada” con una red triangular que introducía varias veces en las quebradas que visitaba, capturó moscas de piedra, libélulas, moscas de mayo y chinches, entre otros insectos, hasta que por fin cayeron ejemplares de Macrelmis tarsalis, los cuales se convertirían en el primer registro de este insecto en Colombia. En las cristalinas aguas de las quebradas de los municipios de San Carlos, San Rafael, Cisneros, Sonsón y San Roque, comprobó que el entusiasmo, acompañado de la paciencia, da frutos.

“El escarabajo fue hallado en riachuelos de pocos metros de amplitud que no son caudalosos pero que tienen buena cobertura vegetal”, afirma la bióloga. 

La estudiante relata que Macrelmis tarsalis fue reportada por primera vez en Ecuador, en 1936, y después se hallaron ejemplares en Costa Rica y Panamá, pero 82 años después se encontró en el territorio colombiano, un descubrimiento importante si se tiene en cuenta que estos insectos solo habitan en ríos y quebradas muy limpios, por eso son considerados como bioindicadores de la calidad del agua. Además es el primer registro con localidad precisa de una especie de Macrelmis en Colombia.

“El escarabajo fue hallado en riachuelos de pocos metros de amplitud que no son caudalosos pero que tienen buena cobertura vegetal”, afirma la bióloga cuyo trabajo forma parte del proyecto de investigación “Diversidad del género Macrelmis Motschulsky en Antioquia”, adelantado por el Grupo de Investigación en Sistemática Molecular de la un Sede Medellín, cuyo objetivo es hallar especies de élmidos en Antioquia.

La profesora Sandra Inés Uribe, de la Facultad de Ciencias de la un Sede Medellín y directora del trabajo de maestría de la bióloga Hincapié, explica que “la especie forma parte de la comunidad bentónica, es decir de los organismos que viven en el fondo de ríos, quebradas y lagos, y también de la cadena trófica, pues se alimentan de algas y además sirven como alimento para peces, por ejemplo”.

El más pequeño del género

Para observar en el microscopio la estructura interna y externa de los escarabajos obtenidos durante las capturas –21 machos y 16 hembras–, primero se preservaron en alcohol etílico al 96 %. Después se ablandó y aclaró el duro cuerpo con ácido láctico, y solo así fue posible detallar características como el pronoto o dorsal, los extremos de las alas o ápices de los élitros y el abdomen, entre otros.

Así mismo, se realizó una disección para extraer la genitalia –o aparato reproductivo animal– e identificar el tipo de especie. Finalmente se acudió a la bibliografía científica y la revisión de las colecciones del Museo Entomológico Francisco Luis Gallego de la un Sede Medellín, donde en este momento se hallan los especímenes. Macrelmis tarsalis se destaca por ser uno de los más pequeños dentro del género macrelmis. Tanto el macho como la hembra miden entre 2,8 y 3,0 mm de longitud.

Los machos poseen una espina en el extremo interno del primer segmento del mesotarso y una espina interna transversal en el extremo de la tibia posterior, partes que los hacen diferentes a los encontrados antes. Además posee una parte de las piezas bucales, conocidas científicamente como labro, está rodeada por pelos dorados, al igual que el abdomen y una parte del segmento torácico.

Los escarabajos tienen cuatro fases de desarrollo: huevo, larva, pupa y adulto. La larva puede durar entre siete meses y tres años, según las condiciones ecológicas, mientras que en su etapa de adulto, en condiciones de laboratorio, puede sobrevivir hasta 10 años.

Los machos poseen una espina en el extremo interno del primer segmento del mesotarso y una espina interna transversal en el extremo de la tibia posterior, partes que los hacen diferentes a los encontrados antes.

Con respecto a la alimentación, las larvas comen algas que hallan en el fondo del agua, además de hojas y musgos sumer­gidos, esporas de hongos, hifas y ocasionalmente briozoos. Los adultos se nutren con los detritos, partículas provenientes de la descomposición de la materia orgánica que raspan del sustrato.

Bioindicadores de la calidad del agua

Por lo general la larva y el adulto habitan en quebradas con buena cobertura vegetal y buen sustrato, y no sobrevivirían en ecosistemas acuáticos contaminados, ya que necesitan gran cantidad de oxígeno, por esos su presencia en las fuentes hídricas es un indicador de la óptima calidad del agua.

La profesora Uribe menciona que una de las razones para que Colombia se haya tardado tanto tiempo en el registro de Macrelmis tarsalis es porque el país no cuenta con suficientes especialistas de la familia Emildae que estudien la presencia de estos insectos en los ecosistemas acuáticos.

Otro factor es que no existen colecciones científicas de referencia que permitan verificar la identidad de las especies y de claves taxonómicas adecuadas con énfasis en las especies colombianas, que posiblemente podrían encontrarse en otras quebradas de la Región Andina.

Una de las razones para que Colombia se haya tardado tanto tiempo en el registro de Macrelmis tarsalis es porque el país no cuenta con suficientes especialistas de la familia Emildae que estudien la presencia de estos insectos en los ecosistemas acuáticos.

En ese sentido, las investigadoras consideran que el hallazgo realizado en las quebradas de los municipios de San Carlos, San Rafael, Cisneros, Sonsón y San Roque es esencial para fortalecer las estrategias de biomonitoreo de ecosistemas acuáticos, el cual está siendo ampliamente usado en el país.

De hecho, profundizar en el conocimiento sobre la riqueza de los élmidos en Colombia serviría para, por ejemplo, ajustar para el país el índice de calidad biológica del agua Biological Monitoring Working Party Score (bmwp) utilizado en el monitoreo ambiental, pues así sería posible evaluar, plantear y desarrollar programas de conservación y manejo sostenible de los recursos hidrobiológicos.

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