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Pastos marinos, aliados contra el cambio climático

El carbono forma parte de la composición de todos los seres vivos, pero cuando es liberado a la atmósfera, en forma de CO2, se transforma en un gas de efecto invernadero (GEI) que contribuye al calentamiento global. Por eso, para mantener dicho compuesto en los niveles adecuados, lo ideal es que sea atrapado por los organismos que más lo cargan en su composición (biomasa), como por ejemplo los árboles y bosques, precisamente los reservorios de carbono por excelencia.

Las praderas de pastos marinos de todos los mares del mundo también realizan esta función. Se trata de un conjunto de organismos con capacidad de hacer fotosíntesis, captar la luz del Sol para crecer y atrapar, por medio de sus hojas, el CO2, el cual es transformado en biomasa. Por ese proceso natural, las praderas acuáticas también son consideradas como importantes reservorios de carbono.

En Colombia los pastos marinos son uno de los cinco ecosistemas marino-costeros estratégicos, junto con los arrecifes de coral, los manglares, los litorales rocosos y los fondos sedimentarios (playas o ambientes de fondos blandos).

En el Caribe dichas praderas constituyen uno de los ecosistemas más característicos e importantes de las zonas costeras, en las que suelen encontrarse a profundidades de entre uno y 22 metros. Tal promedio varía en San Andrés isla, donde se hallan hasta los 10 metros de profundidad.

Después de realizar una serie de pesquisas en el sedimento, es decir el suelo submarino, el biólogo Luis Alberto Guerra Vargas, doctorando en Ciencias del Mar de la un Sede Medellín e investigador del Grupo de Modelación de Ecosistemas Costeros de la un Sede Caribe, constató el alto potencial de los pastos marinos sanandresanos para capturar CO2 y convertirlo en carbono.

Alta retención

Para el estudio se seleccionaron cuatro sitios de muestreo en el Lagoon, zona entre el litoral y la barrera arrecifal de la isla de San Andrés; luego se establecieron estaciones a tres diferentes profundidades dentro de cada sitio, en cada una de las cuales se extrajo una columna de sedimentos de un metro, y cuatro columnas de hasta 30 cm de profundidad.

Los sedimentos se deshidrataron en horno para calcular su peso seco y densidad. Luego se tomó una fracción de ellos para determinar el porcentaje de materia orgánica mediante la técnica conocida como “sustracción por ignición en mufla u horno”, a 450 o C por seis horas.

En seguida, a la materia orgánica obtenida se le aplicó la fórmula propuesta por el profesor James Fourqurean –de la Universidad Internacional de Florida (Estados Unidos)– para determinar el porcentaje de carbono en sedimentos. Así se comprobó que el promedio de captura de co2 es de 151,2 megagramos (Mg) de carbono por hectárea, lo que significa que la retención es bastante grande, explica el investigador.

Para medir la biomasa se recogieron muestras (por triplicado) de las hojas de los pastos marinos en cuadrantes de 50 x 50 cm en las estaciones determinadas, las cuales fueron clasificadas por especie, tipo de hoja, tamaño y estado (vivo o muerto); después se lavaron y se les retiraron las epifitas o algas; se deshidrataron en horno a 60 o C por 72 horas, y se determinó su biomasa seca.

Luego en la mufla se determinó su porcentaje de materia orgánica por sustracción posignición. De esta manera determinó que las praderas marinas capturan cerca de 23,2 Mg de materia orgánica por hectárea, es decir unos 7,8 Mg de carbono por hectárea, incluida materia viva y muerta, lo cual muestra que efectivamente estos ecosistemas sí contribuyen a reducir las emisiones de GEI.

Los hallazgos obtenidos hasta el momento son importantes si se tiene en cuenta que investigaciones adelantadas por el profesor Fourqurean en 2012 confirmaron la capacidad que tienen las plantas marinas de esta región del Caribe para absorber CO2 tanto en la planta como en el suelo, en comparación con otras zonas del mundo: “por ejemplo la función ecológica de los pastos marinos en el Atlántico occidental tropical es de 0,84 de biomasa retenida en carbono, frente al Atlántico norte con 0,85 Mg de carbono ”.

Menos hectáreas

A pesar de que los prados marinos son excelentes “socios” contra el cambio climático, e incluso forman parte del hábitat de especies de peces e invertebrados, estos ecosistemas no están siendo preservados como se debería, y de hecho se consideran amenazados.

“Así como se ha ido deforestando y poniendo en riesgo el bosque amazónico, las praderas marinas son vulnerables, en parte porque cada vez se construyen más edificaciones muy cerca de las costas y los químicos que se utilizan se vierten en el agua; o porque el tránsito frecuente de embarcaciones a ras de suelo las arranca de raíz”.

Una investigación adelantada por Invemar en 2000 censó 400 hectáreas de pastos marinos en el Archipiélago; sin embargo 17 años después han desaparecido 60 hectáreas, y hoy se contabilizan apenas 340, según comprobó el doctorante en su estudio.

Así mismo asegura que en los últimos años se han disparado las emisiones de co2 por el aumento del uso de combustibles como el diésel y la gasolina, que generan gases como monóxido y dióxido de carbono, los cuales suben a la atmósfera, contaminan y crean las condiciones de invernadero que afectan por igual a la Tierra y los mares. El calentamiento de las masas de agua de los océanos daña los organismos que habitan en los ecosistemas marinos y contribuye al incremento del nivel del mar.

Al respecto menciona que “se suele asociar el calentamiento global con el aumento de la temperatura y que esto provoca los deshielos en los casquetes polares y glaciares, pero mucho de este problema se extiende a la salud de los mares”.

Por eso entre sus preocupaciones está el hecho de que cuando el dióxido de carbono se disuelve en el agua esta se vuelve ácida, afectando a ciertos organismos que forman sus esqueletos con un material similar a la de una roca, como los corales y caracoles, entre otros. Hasta ahí, para varios organismos marinos las cosas van mal; sin embargo a otros, como a los pastos marinos, les favorece el ingreso de partículas de CO2 al mar porque las absorben, y al hacerlo reducen la acidez. Dicho proceso ayuda, por ejemplo, a los arrecifes, mayores beneficiados con la función de los pastos.

Según el investigador de la UN Sede Caribe, dejar perder el ecosistema que conforman los pastos marinos transformaría una dinámica esencial del mar, ya que lo que guardan bajo el suelo dejaría de estar protegido y saldría a la atmósfera afectado seriamente la supervivencia de los seres vivos, entre ellos el hombre.

En ese sentido los resultados de la investigación llaman la atención sobre la urgencia de emprender acciones para preservar este importante ecosistema marino-costero.

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