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Partería tradicional, la ancestralidad en torno al cuidado de la mujer

“En Colombia la partería tradicional es una herencia cultural. Según la Unesco y el Ministerio de Cultura, esta práctica juega un rol crítico en la salud pública de nuestro país, por ser un saber ancestral relacionado con el cuidado de los niños, la gestación, el nacimiento, el puerperio y las comunidades”, expone el enfermero Daniel Suárez Baquero, magíster en Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y doctor en Enfermería de la Universidad de Texas.

 

Por este y otros hechos, en mayo de este año la Cámara de Representantes aprobó la modificación del artículo 9 del proyecto de Ley 350 de 2020, “por medio del cual se define la partería tradicional afro del Pacífico colombiano, se exalta y reconoce como oficio ancestral y se adoptan las medidas para su salvaguarda, transmisión y protección”.

 

Así, más de 1.600 parteras y parteros tradicionales del Pacífico están más cerca de ejercer su oficio como profesionales, pues solo está pendiente la aprobación total en plenaria del Congreso de la República. Sin embargo este hecho, más que triunfo es una necesidad, ya que históricamente la partería tradicional ha estado en una cuerda floja constante entre su existencia o su extinción. 

 

“La disminución de nacimientos atendidos por parteras tradicionales ocurre pese a su importante rol en el área rural del país, especialmente en la región Pacífica, donde ellas asisten la mayoría de los partos cuando no hay médicos, y de hecho duplican el número de pacientes frente a las enfermeras y las auxiliares de enfermería juntas en las ciudades rurales”, señala el magíster.

 

Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), para las mujeres rurales es más difícil acceder a servicios de salud durante su embarazo y el nacimiento de sus bebés. Por ejemplo, solo el 71,5 % de las mujeres rurales obtuvieron una visita de cuidado prenatal. 

 

“Para tener una atención formal las mujeres tienen que salir de sus regiones y eso es más riesgoso que tener un parto con una partera en sus casas. El sistema formal de salud no llega a las regiones rurales ni alcanza a atender a todas las mujeres que lo necesitan en la Colombia profunda”, señala el investigador.

 

Según el último Boletín Técnico sobre las Estadísticas Vitales del DANE (2018) entre 2017 y 2018 hubo entre 725 a 731 partos en domicilio en Colombia (sin contar los ocurridos en zonas rurales), en los que habría participación de la partería tradicional y confirman su vigencia. Y de los 512.185 niños que nacieron en el país en 2020, el DANE confirmó que 2.979 fueron recibidos por parteras.

 

Es por esta realidad que la partería tradicional persiste, para priorizar el cuidado de la mujer y el neonato al salvaguardarlos a través de prácticas que poco se ven en la “medicina occidental”.

 

Puedes leer: El cuidado también es un proyecto de vida.

 

Los saberes que cuidan los partos

 

“Las parteras y los parteros asocian el cuidado con la capacidad de ser guardianes o cuidadores de la vida al prestarles atención a la concepción, anticoncepción, aborto, los sobos e incluso curar a los niños y a las niñas del ‘mal de ojo’ y otras enfermedades vinculadas a sus creencias culturales”, cuenta María Silenia Villalobos Quevedo, magíster en Estudios de Género de la UNAL Sede Bogotá.

 

Agrega que “se involucran desde lo más pequeño hasta lo más grande. Ellas y ellos están en todo el desarrollo de la gestación, el crecimiento adecuado de la criatura; leen e identifican los signos de alarma que se puedan presentar; orientan a las mujeres en su cuidado durante esos días por medio de remedios, plantas y alimentos que la hagan sentir aliviadas y a gusto en el proceso; reciben el parto procurando no intervenir de manera excesiva, y favorecen entornos cálidos y de compensación de la madre luego del parto”.

 

También lo corroboró mediante relatos de vida de las parteras “Raquel” (78 años), “Linda” (35) y “Emma” (54), quienes ejercen el oficio dentro y fuera de Cundinamarca, la primera desde más de 60 años, la segunda desde hace más de 8 años, y la tercera desde hace más de 10.

No obstante, estos saberes ancestrales no se podrían realizar si no se tienen las herramientas adecuadas y el conocimiento para ellos. De ahí que durante su investigación, el enfermero Suárez explique que las parteras adquieren este aprendizaje a través de las experiencias de vida.
 

“Para ser partera o partero es necesario vivir como uno, sostener la supervivencia de la población y de la comunidad”.


A través de cartografías, entrevistas fenológicas y cualitativas a la Red Interétnica de Parteras y Parteros del Departamento de Chocó y con el apoyo de la Asociación de Parteras de las Unidades del Pacífico (Asoparupa), el investigador descubrió que la partería se encarna y se realiza a través de la cabeza (saber), las manos (hacer) y el corazón (querer), y dentro de cada parte del cuerpo hay diversas unidades de significado que definen sus funciones.

Aunque la presencia masculina en estos oficios es muy baja, existe, y no es una labor exclusiva para las mujeres. La investigadora Villalobos señala que al igual que las parteras, “los parteros cumplen a cabalidad todas las dinámicas de la partería y no desconocen la sensibilidad requerida en estos espacios para la comprensión de los momentos, en especial, la lectura acertada de las parturientas”.

 

“En el caso de la partera Linda, ella tuvo un mentor partero muisca. Él solía indicarle que el hombre partero debe conocer muy bien el lugar donde se encuentra y estar muy bien sentado en su feminidad, de tal manera que generen confianza y no alteren la armonía de todo el proceso de acompañamiento. Si no, deben irse, ya que el protagonismo no reposa en ellos sino en las parturientas”, cuenta la magíster.

 

Puedes escuchar: Podcast “Por una maternidad deseada, detrás del embarazo adolescente”.

 

Partería, un conocimiento para todas y todos

 

La partería tradicional se podría considerar como una práctica histórica que cimentó las bases de la cultura y la medicina en Colombia, por lo que no debería sufrir riesgo de desaparición y se busca difundirla en la academia y en el sistema de salud.

 

Rosminda Quiñones (o ‘Mama Minda’), partera tradicional miembro de la Asoparupa y participante de la investigación del enfermero Suárez, afirmó que “aunque al inicio del trabajo colaborativo con las universidades éramos consideradas como locas, brujas, mujeres viejas, negras o pobres que practicaban la partería solo en el Pacífico, ahora es distinto, las personas conocieron más nuestra profesión y empezamos a desarrollar congresos, conversatorios y salir a otros países a promover la partería”. 

 

Para ella fue importante la unión con universidades como la UNAL, pues los estudiantes ingresaron a colectivos como Asoparupa para investigar, realizar trabajos de grado y fortalecerse como profesionales. 

 

‘Mama Minda’ nos cuenta que las asociaciones de parteras del Pacífico están llevando a cabo diversos planes a corto, mediano y largo plazo, los cuales consisten en mostrar, enseñar la ancestralidad y el conocimiento de la partería a través de la música, los museos, un censo nacional para registrar cuántas parteras y parteros hay en Colombia, un congreso internacional y rutas de atención en cada uno de los departamentos de la región.

“Con la partería tradicional habría una deuda de reconocimiento histórica por parte de la academia, pues existe una responsabilidad de reparación frente a lo que ha sucedido con los saberes tradicionales. Más que una cooperación, lo que debemos hacer desde la academia es una reparación por la extracción de saberes, la invisibilización de las parteras y la promoción de la desaparición de su conocimiento. La misma academia generó en un principio esa resistencia hacia las prácticas ancestrales, sin tomar en cuenta una evidencia sobre lo que ellas hacen”, concluye el magíster Suárez.

 

Si bien el concepto de cuidado desde la partería, y el oficio como tal, es ampliamente aprobado socialmente y está a punto desde lo político; la magíster Villalobos resaltó que parteras de la región Pacífica, de Cundinamarca, del Cauca y la Amazonia consideran necesario trabajar en un sistema intercultural de salud de manera más comprometida.

 

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Agrega que “pese a los esfuerzos que se han venido realizando, en ocasiones las mujeres se sienten castigadas o persuadidas para acceder a los servicios tanto de salud como de salud ancestral… Emma dijo en entrevista que en algunas clínicas regañan a las mujeres diciéndoles que es negligente asociarse con la partería tradicional y es descuidado no seguir con los procedimientos médicos y que las van a reportar al ICBF”. 

 

Para ‘Mama Minda’ las asociaciones de parteras del Pacífico están llevando a cabo diversos planes a corto, mediano y largo plazo, los cuales consisten en mostrar, enseñar la ancestralidad y el conocimiento de la partería a través de la música, museos, un censo nacional para registrar cuántas parteras y parteros hay en Colombia, un congreso internacional y rutas de atención en cada uno de los departamentos de la región:

“La partería es una práctica viva llena de conocimiento, que viene de herencia afro, indígena y campesina dando respuesta a esas necesidades de las comunidades que han sido históricamente olvidadas por el Estado. La medicalización de la partería tradicional es un genocidio cultural que se debe evitar”, finaliza el investigador Suárez.

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